@Rfilighera

"¿Qué hacemos con Walter?” es el regreso de Juan José Campanella al ruedo escénico, en esta oportunidad como director y autor, en sociedad con Emanuel Diez. Luego de su puesta en escena de “Parque Lezama”, Campanella vuelve a trabajar en el teatro con aquella temática que le gusta transitar y que tiene que ver con personajes comunes, con ese devenir de situaciones de la vida cotidiana en clave de humor y poniendo el acento en la crítica social.

La obra en cuestión narra una reunión de consorcio para definir, de alguna manera, la “vida” laboral de Walter, el portero, a quien, algunos habitantes de ese edificio atacan para que deje sus tareas lo más pronto posible, en contraposición de otros que se solidarizan con este muchacho, por otra parte, cercano a su jubilación.

Karina K, Campi y Miguel Ángel Rodríguez 

A favor de Walter (Fabio Aste) se alinean Miguel Angel Rodriguez como el presidente del consorcio, un estudiante de abogacía con supuestas convicciones por los que menos tienen, Federico Ottone, y una joven mujer, que acaba de divorciarse, Victoria Almeida.

En el otro bando (los que quieren ver a Walter muy alejado de ese edificio) son los siguientes personajes: una periodista de medios comunales (Karina K) y una jubilada en sillas de ruedas (Araceli Dovskin). Luego se incorporará a la escena, el administrador, personaje que asume el inefable Campi. Como en su logrado filme “Luna de Avellaneda”, Campanella aborda esos mundos de gente de barrio y problemáticas individuales que las podemos identificar en cualquier hijo de vecino.

Las broncas, las frustraciones, las envidias, las presiones forman parte de esa especial galería de componentes humanos y, el acento, como dijimos antes, está en lo social desde los caminos del humor.

El realizador de “El secreto de sus ojos” abreva, a nuestro humilde entender, en una pluma fundamental del histórico género del costumbrismo: Oscar Viale. Transita los conflictos sociales y humanos y los pinta como sociedad y los expresa a través de la autocrítica y del humor.

 

La obra se puede apreciar en el Multiteatro

Sin embargo, en Campanella y Emanuel Diez la búsqueda de la crítica se disuelve y se hace por momentos muy endeble ante la reiteración de determinadas situaciones que buscan la carcajada, la risa con el mismo detonante (en cuanto a situación y clima) que podría encontrar en otro género, como la revista y que no tiene, precisamente, como objetivo la reflexión y el apunte social. Se quiere abordar muchos tópicos (el clasismo, la pareja, el racismo, la lealtad, la traición) y por momentos algunas acciones terminan en un verdadero griterío de toma y daca que no pueden resolver a la eficaz manera de plumas como Jacobo Langsner y Alejandro Doria.

En cuanto a las actuaciones, el registro es impecable en todos los niveles, sobre todo en Miguel Angel Rodríguez, Karina K y Campi, que están a la altura de una gran tradición interpretativa de la época de oro de los escenarios argentinos.

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