@Rfilighera

Raffy Shart, el autor de la obra “Mi mujer se llama Mauricio”, es un ascendente artista francés que cubre diferentes roles en el campo de la actuación, la dirección, el guión televisivo y también la dramaturgia, como en el presente caso.

Justamente, la pieza de marras tuvo un versión cinematográfica que data de 2005 dirigida por Jean Marie Poire e interpretada por Philippe Chevalier, Alice Evans y Martín Lamothe. El productor Aldo Funes compró sus derechos para nuestras playas y, en esta, su nueva temporada, se puede apreciar ahora en la calle Corrientes.

"Mi mujer se llama Mauricio"

La historia, adaptada para nuestro medio por Pablo Rey, es un mosaico de situaciones insospechadas, malos entendidos y personajes que, generalmente, suelen estar caminando al borde del abismo aunque manejados por la veta de un humor que va increscendo, a medida que transcurren los minutos del espectáculo. Por otra parte, el dibujo de esas criaturas toma perfiles de gran riqueza expresiva y nos hacen sentir empatía porque son sumamente reconocibles en cualquier ámbito y lugar.

Puntualmente, los hechos nos presentan a George (Germán Kraus) atribulado y envuelto en el estrés de tener dos mujeres. Una de ellas es su esposa, Marión ( Adriana Brodsky) y la otra en cuestión es su amante: Emmanuelle (Kitty Locane). Por otra parte, el celoso marido de Emmanuelle, Johnny (Matías Santoianni) se convertirá en la sombra maldita de George, quien deberá recurrir a su inventiva para salir airoso de tal circunstancia.

"Mi mujer se llama Mauricio"

Pero, no todas son malas para George, ya que irrumpirá en su especial mundo el inefable Mauricio ( Alejandro Muller), un vendedor, también supuestamente filántropo, que se erigirá, en definitiva, en una suerte salvoconducto esencial para que George pueda afrontar el devenir de una serie de apremiantes (y altamente cómicos) episodios.

Por otra parte, también tienen incidencia en ese atractivo manejo de imprevistos la aparición de los personajes encarnados por Matías Alé y Micaela Mancini, interesados en comprar el inmueble donde se desarrollan los acontecimientos en cuestión y, víctimas, por otra parte, también, del insospechado (para ellos) devenir caótico de sus ocupantes.

Las actuaciones son, también, otro de los ejes puntuales del balance de este entretenido espectáculo que encuentra en las interpretaciones de Muller y Kraus, el pivot fundamental de varios de los momentos más creativos y entretenidos de la pieza, a lo que se suma la máscara trágica-cómica del despechado Johnny, un impecable Matías Santoianni. También, para destacar, el aporte de Matias Alé, en una suerte de personaje de apoyo de los protagonistas de la historia y que pone en evidencia un sensible progreso interpretativo, en esta, su vuelta a los escenarios.

"Mi mujer se llama Mauricio"

La experiencia, en tanto, de Adriana Brodsky y los aportes correctos de kitty Locane y Micaela Mancini le ponen rúbrica a un espectáculo que busca, con buenas armas y sin golpes bajos, la noble tarea de hacerle pasar un muy divertido rato al espectador. La dirección de Ernesto Medela modeló con mano de hábil artesano cada una de las piezas de esta simpática historia.

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