Basada en el emblématico filme "El departamento" (1960) dirigido por Billy Wilder e interpretado por Jack Lemmon, Shirley MacLaine y Fred MacMurray, la versión teatral "Departamento de soltero", que puede verse en el teatro Lola Membrives conserva el espíritu y la firmeza de la producción original. Estamos, en consecuencia, ante la presencia de una comedia ágil, entretenida y con una singular puesta, tecnología mediante,

La versión que nos ocupa en estas líneas ha tenido, precisamente, una readaptación en cuanto a lugar físico como a nombres y determinadas características de personajes. Desde Nueva York nos trasladamos, entonces, a Buenos Aires y la soledad adquiere, aquí también, categoría existencial. La historia está centrada en un tipo común y gris: Beto Fernández ( Nicolás Cabré). Su vida cotidiana, en lo personal, no ostenta mayores sobresaltos. Todo es rutinario y transcurre, como aquel popular apotegma de los años 50, "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Es más, Beto encuentra su principal salvoconducto en las cuestiones referidas al trabajo. Así dadas las cosas, no cuenta con otros territorios que lo eleven espiritualmente. Para colmo de males, es introvertido y accede dócilmente a todas las necesidades de sus jefes.

Sin embargo, cuenta en su haber con algo que se erigirá en primera necesidad para ese personal. En efecto, se trata del departamento que alquila en el barrio de Montserrat, un inmueble ya adentrado en años, pero sumamente útil para consumar las salidas clandestinas sexuales de sus superiores.

En efecto, Beto empieza a cederles la llave de ese espacio a sus jefes y tanto llega el cántaro a la fuente que la usina de información en un ámbito laboral empieza a tener rango de jerarquía y el citado tema llega a los oídos del gerente de la oficina de personal ( Martín Seefeld) quien, ni corto ni perezoso, comenzará, luego de una jugosa charla mantenida con Beto, a hacer uso de ese tan popular y generoso lugar. A todo esto, la señorita López ( Laurita Fernández), la telefonista de la compañía aseguradora, también se verá involucrada con uno de los integrantes del staff de jefatura y, en consecuencia, también se vinculará con el inefable Beto.

En cuanto a las actuaciones, el elenco de personajes secundarios aporta efectividad y muy parejas labores, circunstancia que se expone, a su vez, en los intérpretes protagónicos: Laurita Fernández desgrana simpatía, frescura y verosimilitud; en tanto, Nicolás Cabré es el rey de la historia: su Beto nos regala una galería humana de bonhomía y sentimientos, circunstancia que vuelve a ratificar el gran momento profesional que acompaña a Cabré, sobre todo, arriba de un escenario.

" Laurita Fernández desgrana simpatía, frescura y verosimilitud"

Se puede ver en el teatro Lola Membrives, avenida Corrientes 1280, Capital, los miércoles y jueves, a las 20.30; los viernes, a las 21; los sábados a las 20 y 22.30 y los domingos, a partir de las 20.