@Rfilighera

El alejamiento de Griselda Siciliani de la obra “Sugar” generó un espacio de incertidumbre y misterio sobre la continuidad de un espectáculo que había producido, hasta ese entonces, una excelente venta de localidades.

Fue entonces que Laura Inés Fernández (Laurita para todo el mundo) fue convocada para llevar adelante el personaje que en cine había corporizado la mítica Marilyn Monroe en el legendario filme “Una Eva y dos Adanes”, y en 1985, en la misma sala (Lola Membrives) la diva Susana Giménez (hoy productora) acompañada por su pareja de entonces, Ricardo Darín y por el gran Arturo Puig, en esta oportunidad, responsable de la dirección integral del espectáculo.

Laurita Fernandez en la previa de "Sugar"

La ultramediática (“Bailando”, “Combate”, entre otros), recién llegada de Estados Unidos, fue convocada ni bien piso suelo argentino para tamaña empresa. En poco tiempo se puso en la piel del personaje que antes había llevado a cabo la ex de Adrián Suar y lo hizo sin que le temblara el pulso y menos las piernas, por supuesto.

La historia, como se recordará, narra las andanzas de dos músicos que, perseguidos por la mafia al haber presenciado asesinatos por vendetta, se introducen, obligados por las circunstancias, en una orquesta de señoritas, en plena gira, travestidos de impecables damas y jugando una serie de contrapuntos de mucho humor con la despampanante Sugar Kane.

La agrupación de Gerardo Gardelin, las coreografías de Gustavo Wons y el cuerpo de baile: Florencia Viterbo, Evangelina Bourbon, Marien Caballero Galve, Julia Montiliengo, Pablo Junin, Nicolás Villalba, Ezequiel Garrone, Ariel Junin, Rodolfo Santamarina, Nicolás Tadioli y Ezequiel Carrone ponen una rúbrica muy especial de talento sin fisuras. De la misma manera que los roles de reparto a cargo Gipsy Bonafina, Gustavo Monje y Leo Trento.

Por su parte, Federico D'Elía cumple con creces uno de los roles de los inefables músicos con su acostumbrado histrionismo.

La ya citada Laurita Fernández plasmó, con su Sugar Kane, una composición interpretativa-musical de valiosa magnitud en poco tiempo de ensayo, y el balance es por demás notorio desde todo punto de vista. Está a la altura de las circunstancias y no desentona en ningún momento.

"Sugar"

Finalmente, el héroe de cada jornada, quien nos regala una composición inolvidable de repentismo, risa, humor y permanente cambio de situaciones en el escenario es Nicolás Cabré. Como queriendo emular a los grandes intérpretes de la revista porteña (el Negro Olmedo, Castrito, Julio De Grazia), transita el humor con la misma eficacia que el drama y la introspección.