@Rfilighera

Una delicia por lo emotivo, lo sentimental y, para mucho público, un fino redescubrimiento de aquellos momentos tan creativos, complejos y marcados a fuego en la cultura popular de los años ’60 y ’70.

Nacha Guevara volvió a los escenarios, puntualmente a La Trastienda. La artista realiza el espectáculo “Las canciones que nunca volví a cantar”, un recorrido por sus comienzos, su paso por el legendario ámbito del Di Tella y por todas aquellas queribles personalidades que fueron sus compañeros de ruta, y que marcaron, en definitiva, los sueños y las expectativas de aquellas generaciones que iban en la búsqueda de un mundo mejor.

En definitiva, personalidades como Alberto Ginastera, Jorge Romero Brest, Roberto Villanueva fueron poniendo sellos marcados a fuego en el devenir de un país álgido y gobernado por los intolerantes.

Pero yendo al tema en cuestión, puntualmente, Nacha retoma una generosa cantidad de canciones que habían quedado no olvidadas, pero sí superadas por el constante devenir de una actividad que fue incluyendo nuevos desafíos y otros emprendimientos.

Y un día, las volvió a cantar. Como diría Carlitos, “volvió una noche” y con su encanto otoñal, único e intransferible en el dibujo de una mujer que se renueva y apuesta al mañana, recreó temas y momentos, brindó detalles, información, una clase magistral, en definitiva, no solamente de todo aquello que significó el Di Tella sino también como proyección social y política de un tiempo histórico signado por las dictaduras militares.

Y solamente Nacha puede generar, como pocos artistas en un escenario, ese encanto, ese glamour, ese paso de escenario, el movimiento de su cadera, la entonación y el decir de una intérprete que ha dado muestra, desde hace tiempo, de pertenecer a esa galería de artistas emblemáticos, no solamente en nuestras playas, sino a nivel internacional.

Acompañada en piano por José Tambutti, el segmento del espectáculo en que la artista recuerda y recrea su etapa musical junto a su ex esposo Alberto Favero y el escritor y poeta Mario Benedetti logró ribetes de particular brillo artístico y singulares momentos de emoción y bella trascendencia en la conjura por las convicciones sociales, por todo aquello que tenía que ver con la trascendencia, con el partir, con el regresar y con la vida misma.

En tanto, esas canciones pícaras, ingenuas y también punzantes como “La doble cero”, de Ernesto Schoo, y “No se casen chicas”, de Boris Vian, se constituyeron en el marco ideal para ofrecer encanto y testimonio social de varias generaciones de argentinos.

Así las cosas, “Canciones que nunca volví a cantar” se erige en una propuesta musical que nos devuelve a una gran artista y que a las jóvenes generaciones les permite introducirse en aquellos universos de creación festiva, búsqueda poética y represión desde la sinrazón de las mentes pequeñas que gobernaban por aquellos tiempos.

Por sobre todas las cosas, gozar y disfrutar del arte de Nacha, una mujer que supo lo que es el exilio y entiende como pocas la lucha de los artistas por la libre expresión. Referente indiscutido de la resistencia femenista desde mucho antes que el tema se vuelva debate cotidiano, Nacha sigue vigente. 

Para los que aún no la vieron, podrán hacerlo el jueves 19 y 26 de abril en La Trastienda.