@Rfilighera

La firma de Neil Simon siempre aporta al género de la comedia un estilo inconfundible que lo ha convertido en uno de los dramaturgos más reconocidos a nivel internacional.

En Mar del Plata se sigue presentando “Plaza Suite”, obra que transmite ese sabor tan especial en cuanto a situaciones cambiantes y momentos emotivos de la mano del humor y estudio de personalidades. La historia en cuestión transita tres historias de parejas unidas por un mismo hilo conductor: la habitación 719 del hotel Plaza, en Nueva York.

Protagonista de " Plaza Suite"

La primera de ellas ( Osvaldo Laport- Viviana Sáez, matrimonio en la vida real) compone a Karen y Sam, una pareja que lleva más de 20 años de casados con dos hijos. Transita 1968 y ellos deciden festejar el mencionado acontecimiento en la habitación donde pasaron su luna de miel. Sin embargo, él seguirá obsesionado con su trabajo, su maletín, su agenda y su clientela.

Fuego cruzado, entonces, con humor y situaciones absurdas que presentan un combo de planteos que se realza desde la interpretación. Laport, impecable, aunque Viviana Sáez nos sorprende con una fibra tan contundente que les saca brillo a todos los matices creativos del arte de la composición.

En el acto siguiente, María Rojí se pone en la piel de una vibrante Muriel que se reencuentra, luego de 25 años, con Jesse (Raúl Taibo), ex compañero de la escuela secundaria, devenido ahora en mediático productor de Hollywood.

Muriel se debate entre la inhibición, el pudor y el deseo para poder instalar una relación que tuvo momentos de fuerte ebullición. La Rojí nos regala una creación notable en el perfil de una mujer acuciada por dudas, fragilidad e intensidad que encuentra en el personaje de Taibo el correspondiente diálogo de búsqueda y objetivos íntimos compartidos.

En el último acto se da cita el matrimonio compuesto por Norma Hubley y Roy, interpretados por Ana María Picchio y Arnaldo André, responsable también de la dirección del espectáculo. El matrimonio en cuestión intentará, denodadamente, convencer a su hija (refugiada en el baño de la habitación) a que cambie su actitud y no deje plantado a su novio y la familia ante el altar, circunstancia que Norma y Roy van transitando en una procesión emocional que, en forma patética, pinta humor, locura y estrés que no se agota nunca.

Aquí también, actuaciones sólidas; no obstante, Ana María Picchio dibuja con su perfil histriónico una mujer que nos hace sonreír y que con sensibilidad nos invita a reflexionar sobre los diferentes contrapuntos de la convivencia.

También, para destacar, Kitty Locane en sus dos roles, amante del personaje de Laport y la novia indecisa, en tanto Rodrigo Esmella se desdoblará como el botones y Borden, el novio que intentará casarse a toda costa.

En definitiva, una interesante propuesta de fino entretenimiento, en donde, en esta oportunidad, las actrices ganan el duelo actoral con grandes honores a su favor.