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Moria Casán siempre nos sorprende. Cada intervención suya, en el ámbito que sea, es la puerta de ingreso a un universo fantástico en donde la creatividad, la mirada escrutadora de conductas y perfiles humanos, las redes sociales, los capocómicos, los prejuicios, la intolerancia, el amor y el sexo se erigen en caminos siempre dispuestos para el debate.

Y elige la Casán, precisamente, diferentes matices y colores para desarrollar este tipo de tópicos. El contexto, en un primer paso, va a tener un matiz siempre hurgador, con perfil dramático, en la esencia de los citados tópicos.

En tanto, el desarrollo, la exposición, será a través de la nave madre de la artista: el humor, el sarcasmo, la ironía, la filosa crítica que no ahorra impactantes "cross a la mandíbula" para, de esta manera, operar sin anestesia.

Moria Casán volvió al teatro Astros con el espectáculo "Astros de la risa", que viene realizando desde la temporada pasada, pero con nuevos integrantes y material de guión también distinto en relación con las versiones anteriores. En efecto, en esta oportunidad la estrella está acompañada por dos valiosos soportes en el universo del humor, la imitación y el canto.

De esta manera, Miguel Ángel Cherutti y Carlos Sánchez despliegan su amplia galería de creatividad e histrionismo al servicio de un show que mantiene la fibra y la energía que la señora Casanova (Moria) le imprime en todo momento.

Cherutti, con su pasión por el canto y la música, hace desfilar a una generosa galería de intérpretes marcados por la emoción y el talento. Camilo Sesto, Raphael, José Luis Perales, Christian Castro y los homenajes a María Martha Serra Lima, Cacho Castaña y el siempre presente e inolvidable Sandro de América.

Por su parte, Sánchez transita el camino de la comicidad desde el complejo rol de contador con instalación de esas propias criaturas en el escenario. Y lo hace con ese grado de versatilidad que la profesión le ha dado en tantos años de recorrido profesional.

Y el gran capo lavoro le corresponde ni más ni menos que a Moria, impecable en la resolución de sus personajes, queribles y patéticos, de una realidad que nos circunda, espejos de ese devenir cotidiano que nos absorbe y nos introduce en una suerte de coctelera de angustias, miedos, prejuicios y egos altisonantes.

El vínculo con la platea es, sin lugar a dudas, otro de los platos fuertes del espectáculo. La gente se aviene a esta circunstancia y la estrella saca partido, con sonrisa y emotividad, de situaciones insospechadas.

La actitud transgresora de la Casán se convierte también en un hecho único y potente pero no de carácter novedoso. Repárese que una entonces impactante chica, en 1974, bajaba del escenario y se sentaba en las rodillas de los potenciales caballeros e improvisaba, con el protagonista elegido, un monólogo bien picantito y al estilo de ella, Moria.

Precisamente, esa chica era el soporte, el acompañamiento, en ese verano marplatense, en el teatro La Campana, de un verdadero as de la revista porteña: don Adolfo Stray. Otro detalle para apuntar: el monólogo que la estrella plasmó en aquel inolvidable espectáculo que fue "The hole", en el teatro Maipo, vuelve a ejecutarse ahora en el Astros.

Y se trata de una verdadera gema por el significado, por la pasión, el desencanto, el dolor, la culpa y la angustia existencial que la Casán le imprime. Para atesorar en nuestra memoria pero, por sobre todo, en el interior de nuestros corazones. Nos hace reflexionar pero mucho más emocionar. Para resaltar, el aporte técnico de Maxi Cardacci, prensa, difusión y operador multimedia en cada uno de los detalles técnicos del show.