@Rfilighera

La vigencia de una mística. La fuerza de un texto que no ha perdido un ápice de su interés y que continúa siendo una página impecable de testimonio histórico, relaciones humanas, conflictos generacionales, tradiciones y legado familiar. La nueva versión de “El violinista en el tejado” es una bandera muy alta en emotividad, calidad interpretativa - músical y emprendimiento artístico.

Ganadora de 9 premios Tony en 1965, la obra que cuenta con libros de Joseph Stein, composiciones musicales de Jerry Bock y letras de canciones de Sheldon Harnick nos envuelve en un mundo de batallas por la libertad y la identidad cultural de una comunidad judía. Ahora, con la dirección musical de Mateo Rodó a cargo de una agrupación de nueve músicos en vivo, el espectáculo transita en la emoción permanente y encuentra el marco ideal para la recreación de un texto que, como dijimos antes, nos instala en escenarios marcados por la sensibilidad y el apunte social de época.

Con Julia Calvo, Lavié forma una dupla actoral de excelencia.

La historia está centrada en 1905, en la aldea rusa de Anatevka, donde se encuentra asentada una fuerte comunidad judía. Allí está instalado Tevye, un lechero que se rige por las normas ancestrales de sus tradiciones y que bajo su fuerte patriarcado, junto a su esposa, desea casar a sus hijas dentro de los mejores “arreglos”. Sin embargo, ellas van a oponerse a estos mandatos y se elevarán en una voz de protesta y rebeldía.

Pero, por otra parte, la Rusia zarista ejercerá una presión de intolerancia y opresión hacia los pueblos hebreos. Todo un encuadre de poder y violencia que se verá reflejado, posteriormente, en diversas etapas del desarrollo de la humanidad. Y es que la obra, desde el testimonio, trasluce situaciones que tienen particular vínculo con la actualidad.

Puntualmente, en la relación entre padre e hijas: la posibilidad de elegir cada uno su propio camino, de expresar sus sentimientos e ideas, ese grito de libertad individual que ahora encontramos en la sociedad de nuestros días con tópicos como la identidad sexual, en el matrimonio igualitario, la potencial ley del aborto. Un grito imponente de circunstancias que tienen que ver con el ser humano y con su libertad.

Paradoja mediante, este parece el emblema, la diatriba, el discurso de muchos pasajes de esta atractiva obra que encuentra en su protagonista principal, el veterano cantante y actor Raúl Lavié uno de los soportes fundamentes de la estructura del espectáculo. A sus 80 años, el artista despliega una generosidad de atributos físicos y capacidad vocal que realmente deslumbra por la calidad interpretativa, la respuesta de interacción con sus compañeros, por su planta actoral y movimiento escénico durante las dos horas y media que dura la función. Un ejemplo de vitalidad, experiencia, conocimiento profesional y talento , un paradigma de resistencia contra las mentalidades de sociedades ultra conservadoras capitalistas que ubican a la gente mayor como materiales descartables para todo tipo de ocupación laboral.

La dura cotidaneidad de la rusa zarista es el eje de esta obra.

El resto del elenco no le va en zaga. Los aportes de Julia Calvo, Sabrina Garciarena, Adriana Aizemberg, Dan Breitman, Omar Calicchio, Miguel Habud, Patricio Arellano, Manuela del Campo y Diego Campo, entre otros, le ponen singular brillo a un terreno artístico de creatividad y buen gusto. Párrafo aparte, cada uno en sus respectivos personajes, para el matrimonio constituido por Germán Tripel y Florencia Otero. El elogio siguiente es para Gustavo Zajac, mano maestra en la dirección, coreografía, traducción y adaptación del libro original.