Flor de la V pasó unos días en la playa y disfrutó del verano marplatense, mientras descansa de las funciones de "Tres empanadas". Y entre la arena y las olas, aprovechó para hacer un descargo y llevar un mensaje de concientización sobre la libertad de los cuerpos.

En varias publicaciones en su cuenta de Instagram, la actriz escribió, junto a varias postales veraniegas, algunas frases de la columna que escribe en el diario Página 12.

"Cada verano que llega veo la misma postal en las playas argentinas: mujeres aferradas a sus pareos como si fueran el último salvavidas del Titanic. ¿Por qué? ¿Por qué le damos ese poder a les demás? Seguimos siendo víctimas de los prejuicios ajenos", comienza diciendo en uno de ellos. 

"Yo pensaba que con estos últimos años de lucha, liberación, feminismo, marea verde y la manija de fin de año, la situación iría cambiando, pero cada verano se repite ese patrón. Primero, lo que debemos tener claro: ¡no es nuestra culpa! Los medios de comunicación, la publicidad, las redes sociales y las revistas ejercen una constante violencia simbólica sobre nuestros cuerpos", continuó.

Luego habló de su experiencia personal: "Como mujer de los medios y trans sé de lo que estoy hablando. Durante años me sometí a duros entrenamientos, dietas estrictas y tratamientos que casi rozan la tortura para poder encajar en el modelo de mujer cis y no sentir esa mirada constante sobre mí. Todo en vano, porque si hay algo que abunda en Argentina son les jueces del cuerpo".

Luciendo diferentes looks de playa, usando buzos, mayas enterizas o bikinis, continuó con su mensaje en varias publicaciones.

"Hoy elijo mirar hacia el futuro. Debemos luchar contra los estereotipos, ese tiene que ser nuestro nuevo objetivo y revolución: luchar contra los prejuicios que nos sembraron en la cabeza hasta borrarlos para siempre y aprender a amarnos como somos. El cuerpo perfecto no existe", aseguró en otra foto.

Aunque se la ve muy sexy y segura de sí misma, las imágenes funcionan en contraposición a su texto, en el que habla de tiempos pasados muy duros. 

“Para mí, el pasillo de la carpa fue durante muchos años mi peor pesadilla. Para muchas mujeres sé que lo sigue siendo. Muchas chicas se preocupan por algunas estrías o un poco de celulitis, imagínense cómo se sentirían ustedes si todas las miradas fueran constantemente a sus genitales", indicó sin tapujos.

Y continuó: “Muches tienen una obsesión con la entrepierna de las mujeres trans. ¡Sí! La idea fija… si se nota algo, si estamos operadas. ¿Cómo hacen? ¿Por qué preocupa tanto eso?”.

Además, dio detalles de cómo las identidades trans lidian con esa mirada juzgadora: “Para todes les interesades, les cuento que se llama truquín o trucar. Y sí, puede ser doloroso. Las mujeres trans lo hacemos por legítima defensa. Si no cumplimos con los estándares cis-normativos de la femineidad, somos castigadas".

Finalizó contando cómo cambió en los últimos años: "Hoy vivo y disfruto de mi cuerpo con plenitud, ya no soy esclava de la mirada de otres. El mejor cuerpo no es aquel que vemos en revistas, sino el que portan quienes viven su existencia gozando, sintiendo y tomando decisiones que no dependan (tanto) de la mirada ajena”.

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