@TomasDV55

"Nosotros somos como el caballito de botellero, el que va juntando cartones acá, en el conurbano, que le ponen como un tapaojos y va siempre para adelante. Puro huevo y corazón”. Esa es la imagen que tiene Walter “Mosca” Velázquez de su propia banda, 2 Minutos, que lo acompaña desde aquel invierno de 1987 en Valentín Alsina, donde comenzó la historia del grupo, y grafica claramente la fuerza que los llevó a sobrevivir de los cientos de shows que todavía tienen por todo el país y el exterior. Lejos de los falsos valores, los objetivos impuestos y la solemnidad, 2 Minutos festeja esta noche sus 30 años de trayectoria en el teatro Flores con un show cargado del espíritu punk distintivo de los defensores más fieles del género dentro de la música nacional.

“Somos ATP. Tenemos fans menores de edad y después chicos de 20 y 30. Hay algunos que se han conocido en shows de 2 Minutos, están casados, tienen hijos y vienen con ellos a vernos, o está el tío rockero que trae a sus sobrinos”, explica Mosca sobre el vínculo que llevan con sus fans, sobre el cual destaca la espontaneidad con la que se dio el cruce generacional.

La falta de pretensiones resulta ser una constante en el grupo, que se erige como uno de los pocos estandartes sobrevivientes del punk en tiempos del gobierno del reggaetón, a fuerza de trabajo incansable: “Para nosotros todo se fue dando naturalmente. Cada banda es un mundo aparte y hemos pasado todo tipo de tempestades y modas. Por suerte, llevamos el paso del tiempo y el éxito muy elegantemente, con fuerza y rabia. No creo que nos hayamos aburguesado, pero estamos más grandes y el cuerpo te pasa factura. Igualmente pasa algo mágico, que apenas ponés un pie en el escenario te viene un espíritu increíble y salís a patear cabezas en el buen sentido. Terminamos nosotros pidiendo ‘una más’, somos masoquistas en ese sentido”.

Walter se adentra en sus 50 años, ya es padre de un hijo de 13 y sigue viviendo en su amado Valentín Alsina, casi un mito fundacional de la banda y título de su cd más reconocido. “Somos casi todos padres en la banda y somos una mezcla hermosa de papás locos rockeros, un 50% responsables y un 50% irresponsables”, asegura el cantante. Los nuevos compromisos que vienen con los cambios contrastan con una vertiginosa vida de giras y excesos que no encuentra un freno, porque ni siquiera lo busca: “Tenemos buena relación con los excesos. Somos grandes bebedores. Pero parece que tenemos un cuerpo resistente, estamos bien entrenados, casi como para un mundial. El cuerpo te pasa factura, pero la llevamos bien, como surfeando el tsunami. Es una buena frase esa: ‘surfeando el tsunami’”.