@marceloperaltam

El andaluz más porteño tiene previstas once fechas en el Luna Park y el pasado domingo brindó el segundo show de esta serie en Capital Federal. Exactamente a las 21.10 las luces se apagaron por completo y desde hacía cinco minutos sonaba “Y nos dieron las 10” en versión orquesta.

Mientras tanto salieron los siete músicos que acompañan al artista español en su gira por nuestro país. Los reconocidos Pancho Varona y Antonio García de Diego; la vocalista Mara Barros Fernándes, la bajista argentina Laura Gómez Palma, Pedro Barceló en batería, el guitarrista Jaime Asúa Abasolo y Josemi Sagaste, en vientos. En tanto, cuando estas tomaban sus posiciones, en la gran pantalla de fondo se podían ver imágenes en blanco y negro de portadas de diarios alusivas a Sabina y dos minutos después él, con bombín (obvio), traje violeta, guitarra en mano y con la remera estampada del último disco de David Bowie, pisó el escenario.

Potente aplauso seguido por una ensordecedora ovación y a emprender el viaje con “Cuando era más joven” y  “Lo niego todo” corte homónimo de su más reciente álbum (el cual obtuvo el disco de Platino) que lo tiene girando por Argentina (San Juan, Córdoba, Mendoza y Rosario) y luego girará por otras partes de Latinoamérica.

Y ahora sí, las primeras palabras con su típica y exquisita voz ronca: “Buenas noches Luna, Buenos Aires, Argentina… América. No de casualidad, las luces del escenario se dividían entre azul y amarillo, y tras expresar las sensaciones en sus inicios, con lo que soñaban y por donde pasó, nombrando hasta la Bombonera, dejó ver una emoción en su cara. Más tarde, fiel a su estilo desafió al público, “ya sé que temas quieren escuchar, primero hacemos los nuevos y después los clásicos. ¿Entendieron? Ahora ustedes se joden con los nuevos y las oyen piadosamente”, y el público (que coreo varios de los recientes temas) estalló en aplausos y risas.

El artista, ovacionado en el final del segundo concierto. (Foto: Guadalupe .Faraj)

Y siguió con “Quien más quien menos”, “No tan deprisa”, al tiempo que recordó que: "Si me dicen 'Vos sos porteño' es el mejor piropo que me pueden decir en la vida", y que una vez “en Madrid, se me acercó un hombre y me dijo: “¿Vos sos Sabina?”, sí le dije, “yo soy el embajador argentino” y le respondí “más que yo no” lo que fue seguido por aplausos y el clásico “Joaquín, Joaquín”. “Lágrimas de mármol” y “Sin pena ni gloria”,  se pudieron apreciar luego de la flamante placa. Tras varias dedicaciones, homenajear a grandes artistas fallecidos contó una anécdota en Argentina, precisamente “en Recoleta y por eso este tema”…“Con la frente marchita”.

Al finalizar la canción el público le brindó una nueva ovación, aún más grande y Sabina dijo “gracias”, se saco el bombín y  se emocionó al borde de las lágrimas.

Junto a la corista Mara Barros cantó “La Magdalena” y mientras se tomaba un descanso, Pancho Varona se puso al mando para interpretar “La del pirata cojo”, canción para la que Joaquín regresó cambiado con su clásico bombín blanco, y una camisa gris.

A continuación, “Por el boulevard de los sueños rotos” y después contó que recibe muchas cartas y que no las responde pero las lee, por eso, el siguiente tema iba dedicado a una joven que padecía una enfermedad terminal y estaba allí presente. Tras sonar “Peces de ciudad” se escuchó, “Y sin embargo”  donde le puso su típico humor y sorprendió entonando la frase del hit popular “Despacito”, la cual levantó en risas una vez más al gente. “Lo de repetir varias vueltas en este tema, solo nos pasó cuatro veces. Acá (en Argentina) y en el Luna” y más aplausos.

Cambió de guitarra y entonó el coreadísimo “19 días y 500 noches”, tomó otro breve descanso y tras lucirse la banda volvió e interpretaron “Noche de bodas”, pegada siguió “Y nos dieron las 10” la cual terminó con un grito del andaluz: “Viva Buenos Aires, carajo”. Sin respirar, “Princesa” sacudió el lugar, pero todavía no se había visto nada hasta “Tan joven y tan viejo”, y siguió “Contigo” en donde dijo “porteña de ojos tristes, es que mueras por mi”.

Como no podía ser de otra manera cerró con “Pastillas para no soñar” y así el andaluz mostró que la llama del amor será eterna con los argentinos. Fin a casi 2 horas y media de pura magia, que golpe a golpe se dejo sin aire a la gente.