@perez_daro

Dueños de un sonido electro-pop muy singular, y provenientes de Mendoza, Santo Tabú hizo bastante ruido desde su nacimiento en 2008. Sin embargo en 2013 se separaron y tras varios años de silencio, este año se reunieron y tras estrenar su nuevo tema “Teatro de amor”, planean editar un nuevo disco. “Necesitamos probar el nuevo formato, porque eramos trío y ahora somos cuatro integrantes. Tenemos teclados, y no dependemos tanto de la guitarra como en nuestra primera época. Queremos darle forma a un nuevo disco y estamos experimentando bastante”, declara Ivo Procheret, voz y guitarra del cuarteto.

La banda se completa con Leo Cortés en bajo, Pablo Peinado en batería y Nico Bauzá en los teclados. Sobre la búsqueda musical de Santo Tabú, que tocará en 12 de octubre a las 21 en el bar El Carnal, y el 14 en La Vieja Guarida, Ivo declara que “queremos un cambio abrupto de nuestra propuesta musical, buscamos ser bien radicales en nuestro sonido. No queremos meternos al estudio de grabación sin sentir de antemano que logramos un quiebre. Hasta el segundo disco, si bien trazábamos un paralelismo con lo que pasaba afuera, teníamos muy presente el rock nacional. En esta etapa decidimos empezar a escuchar música netamente de 2017, internacional, bandas que nos gusten”. 

La iniciativa en esta nueva era es hacer música pero no perder la esencia en el camino. En parte, cuenta Procheret, es por sus experiencias: “En su momento nos separamos porque no nos divertíamos. Fue un momento en el que se activó una dinámica desesperada de decir ‘este tiene que ser nuestro año’ y finalmente las cosas se precipitaron. Estábamos esperando desesperadamente que algo pasara. En la vuelta, el amor se fue reconstituyendo por sí solo, sanando, amalgamando”. Lo más difícil en la vuelta de un gupo, es encontrarse con un panorama muy diferente al que dejaron, sin importar las ganas ni la esencia de sus integrantes. 

Ivan admite: “En nuestros primeros shows fue una cuestión dura, nos costó reponernos, porque nosotros desde el momento en el que decidimos disolver la banda, estábamos metiendo 300 o 400 personas en cada lugar que tocábamos. Ahora ya no sucedía eso, iba significativamente menos cantidad. Entendimos que no era retomar, sino volver a empezar, con la experiencia de muchas cosas, pero es un comienzo, y hay un resurgimiento del interés, esperando aprovecharlo lo mejor posible. Lo bueno fue darse cuenta pronto que no estábamos en una situación ventajosa, no arrancábamos desde donde dejamos el grupo. Tuvimos que bajar a cero, y también está bueno para reformular estas cuestiones que nos dimos cuenta que no estaban buenas”.