Ismael Serrano, que desde sus letras es tan verborrágico como emocional, se ha ganado el corazón de los argentinos justamente por esa capacidad de decir todo lo que quiere, de la manera más detallada posible. Escuchándolo, cualquiera puede intuir de inmediato por qué es que se transformó en uno de los adoptados por los melómanos nacionales.

Serrano acaba de editar “20 años, Hoy es siempre”, un cd doble y también DVD que sí puede sintetizar, al contrario de lo que él piensa, su carrera. El número es la cantidad de tiempo que lleva en la ruta, que tendrá resumen en vivo el 19 de mayo de 2018, cuando regrese para presentarse en el Luna Park.

Según él, “son veinte años del milagro de dedicarme a la música, o el privilegio si se quiere, de hacer esto que hago. Con cada disco tienes que demostrar tu vigencia, tienes que volver a presentarte. Tengo la sensación de que es montarte en la bicicleta y no poder dejar de pedalear en ningún momento”.

Hablar de un oficio en el que hay que volver a empezar cada vez, suena exagerado para un artista como Ismael, que ha pisado exitosamente cada escenario en el que estuvo. Sin embargo, el cantante refuta que exista algo dado, pues “existe un miedo permanente, creo que todos los que estamos en la música lo tenemos. Todo los que nos subimos al escenario padecemos miedo a estar solos. Es un componente patológico esa necesidad de sentirse querido. Somos como críos asustados que necesitamos el calor de la gente de una u otra manera, sino no expondríamos nuestra intimidad en forma de canciones, no te subirías a un escenario a mostrarlas”.

Algunos seguidores se enojaron con Ismael por algunos temas políticos por los que Ismael decidió tomar una posición, específicamente pidiendo justicia por Santiago Maldonado. Al respecto, con mucha templanza, el músico responde que “cuando te piden que no te metas, te lo están diciendo porque no opinas como ellos. A mi también me pasa. Ojalá yo pudiera coincidir con Vargas Llosa (escritor peruano) ideológicamente porque me encantan sus novelas, pero no sucede eso, y está bien. Tiene que ver con no aceptar las discrepancias, y no somos capaces de asumir con naturalidad las diferencias. Pero fruto de las discrepancias puedes aprender, no cambiar la postura, pero si matizar. Eso también te lo da la edad. Cuando tienes 20 años eres tan arrogante que crees que tienes las respuestas a todo y eres impermeable. Con el paso del tiempo te das cuenta que todo puede tener matices”.