@perez_daro

Claudio O'Connor es uno de los personajes más importantes del heavy metal nacional. Cantante de Hermética, y luego de Malón, dos leyendas nacionales, se hizo solista y cambió la forma de pensar y tocar metal clásico en nuestro país. En charla con DiarioShow.com, el cantante comienza diciendo que “yo soy el que pone la cara nada más”, en pleno baño de humildad para destacar a sus compañeros, Pablo Naydon (batería), Karlos Cuadrado (bajo) y Lisardo Álvarez (guitarras).

Me encanta que cada uno ponga lo suyo, no soy egoísta en ese sentido. Aparte, yo no toco ningún instrumento, sí tengo un ojo para ver los talentos y por eso dejo que todos desarrollen. En nuestro último disco, ‘La grieta’, quisimos hacer las letras con Pablo y no tuve que tocar nada de lo que escribió. No me gusta acaparar y que hagan sólo lo que yo quiero porque tengo más años o lo que sea, me gusta que se haga lo que sea necesario para que el disco sea mejor”.

Para Claudio, toda la fuerza está en “lograr que que los temas sean de la gente, que los sienta suyos, como escritos para ellos. Mientras la gente agarre la música como propia, ¿qué importa qué fue lo que la inspiró? Lo importante a la hora de hacer música es llegar al público, no los créditos”.

Hoy, O’Connor mantiene paralelamente su carrera solista a la par de su vuelta con Malón. Respecto de esa ambivalencia, aclara que “en el escenario soy el mismo y distinto a la vez. Los climas no son los mismos, pero tiene mucho de histrionismo esto. Pasa más por el personaje. Lo digo con respeto esto, la música termina siendo un trámite. La gente viene a ver a los personajes que hacen locuras y que hacen como que no les importa nada. El rock no pasa por tocar de todo, y mucho, sino por entregar todo. Te puede aburrir una banda con virtuosos, como una comida a la que le falta sal”.

Una charla íntima con O'Connor. (Foto: Jonatan Moreno/Crónica). 

Con una visión un tanto fatalista de este mundo musical, ¿qué motiva a Claudio para seguir al frente? “El aplauso del público es impagable. Cuando empecé quise tocar la guitarra pero no se me da. Todo lo que sé de la música es intuitivo. De hecho me subí al escenario porque me empujaron: ‘Vos tenés que cantar’, me dijeron. La primera vez que me subí a un escenario fue en un festival o algo así en un colegio, no era nada rockero. Pero cuando terminó el primer tema, la gente me aplaudió y fue mágico. Encontré mi lugar y ahora no puedo salir, ni parar”.