Buenos Aires, la musa inspiradora de las letras de sus canciones y de su emotiva poesía existencial, se encuentra de duelo.

Cacho Castaña ha sido el último gran cantautor de música ciudadana que supo como nadie continuar con el legado de Rubén Juárez, el polaco Roberto Goyeneche y Anibal Troilo Pichuco.

Humberto Vicente Castagna- tal su verdadero nombre- nació el 11 de junio de 1942 en el barrio de Flores y perteneció a un familia de laburantes que signaron con esfuerzo y esperanza aquellos capítulos de oro de la historia del país y de los inmigrantes.

Fue el tercer hijo del matrimonio compuesto entre don Antonio Castagna, comerciante italiano de calzado y Rosa Curra, volcada plenamente a las tareas de la casa y de su familia. La vocación en Cacho comenzó siendo apenas un chico.

En efecto, a los 14 años ya era profesor de piano y, en este sentido, fue cultivando su pasión por la música y las historias de la ciudad y sus habitantes. Empezó como pianista en diversas orquestas de tango y, de esta manera, se fue vinculando con los clubes bailables, el juego y los protagonistas noctámbulos de la noche de Buenos Aires. En tanto, en la segunda mitad de la década del 60, probó suerte y comenzó a presentarse en diversos programas ómnibus que destinaban, los sábados, a las nuevas luminarias.

Así dadas las cosas, Cacho Castaña formó su primer grupo que lideró en voz y que se llamó “Beto y los huracanes”, posibilidad que le permitió empezar a tomar contacto con el público y presentarse en sociedad como un promisorio intérprete.

Cacho, en plenitud.

De esta manera, Cacho fue recorriendo su camino artístico codeándose con la presencia de varias figuras del “dos por cuatro”. Sus actuaciones en boliches sótanos de nuestra ciudad lo fueron instalando en el corazón mismo de la música y la noche porteña. Precisamente, esas noches en las que departía con personalidades como Roberto Goyeneche, Floreal Ruiz, Anibal Troilo, Astor Piazzolla le proveyeron de un enorme caudal de experiencia que supo volcar en su producción musical poética. Por otra parte, es autor de numerosas composiciones que giraron entre la música ciudadana, la cumbia y también composiciones que fueron de cortina para varias tiras televisivas. Temas como “Café La humedad” (canción emblema de su trayectoria), “Lo llaman el matador”, “La reina de la bailanta”, “Señora si usted supiera” se erigieron en verdaderos acontecimientos musicales de gran marketing y plena difusión en todo tipo de soporte comunicacional.

Por otra parte, también llevó a cabo importantes tributos a diversas personalides de la música y de los escenarios. En este sentido, elaboró impecablemente “Garganta con arena” (Roberto Goyeneche), “La gata Varela” (Adriana Varela) y “Tita de Buenos Aires” (Tita Merello).

Con la canción “Para vivir un gran amor” obtuvo el premio Gardel, en 2005, incluido en su álbum “Espalda con espalda”. Otro hito valioso en su derrotero artístico estuvo centrado en el 2008, oportunidad que junto a Valeria Lynch compuso la canción “Por amor a vos” y que se erigió en la presentación musical de la telenovela homónima que se emitió por la pantalla de el Trece. Por este trabajo obtuvo el Martin Fierro correspondiente a la mejor canción original.

En 2012 participó de la telenovela “Dulce amor”, protagonizada por Sebastián Estevanéz, ficción en donde interpreto a Vicente Guerrero, el ex marido de Isabel (Georgina Barbarossa) y padre de Marcos (Sebastián Estevanéz) y Flor (Micael Vázquez). Un año después hizo su aporte en “Buenos muchachos” y participó junto a un elenco interpretado por Beto Casella, Alfio Basile y Guillermo Cóppola.

Su participación como jurado en el programa “Tu cara me suena” también se constituyó en otro trabajo de jerarquía y que compartió al lado de luminarias como Valeria Lynch, La Negra Vernaci, Carmen Barbieri, Soledad Pastorutti, Joaquín Galán, Natalia Oreiro y Antonio Gasalla, entre otras figuras. Hizo su aporte en este ciclo, puntualmente, durante dos temporadas.

En tanto, como actor intervino en diversos filmes, siempre vinculados a la música, y el entretenimiento. Algunos de los títulos más logrados fueron: “El cabo Tijereta” (1970), y la zaga, en los años 80: “Los éxitos del amor”, “La carpa del amor”, “La playa del amor”, “La discoteca del amor”.

En tanto, “Felicidades” (2000), “Traficante de ilusiones (2003)” y “Odisea de un viento de cambio” (2006) fueron roles plasmados en derredor de una propuesta de tono intimista y psicológico, que le valieron un significativo elogio de la crítica especializada.

Su discografía, en tanto, amplia y netamente popular, lo ubicaron como uno de nuestros intérpretes de mayor ascendencia en el terreno de las propuestas masivas. Sus permanentes dificultades de salud lo obligaron a suspender, en su momento, importantes presentaciones, no obstante, pudo cantar en el Teatro Colón y su última presentación, a modo de legado, luego de una severa afección pulmonar-cardíaca que lo obligó a suspender su show, se llevó a cabo, el año pasado, en el teatro Gran Rex.

El espectáculo fue la presentación de su disco titulado “Ojala no puedas”, en el que realizó impactantes duetos con amigos y colegas, un material impresionante desde la calidad artística, inolvidable registro, a modo de tributo y evocación para las próximas generaciones musicales.

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