Por @LuisAutalan

Un día como hoy, en 1991, víctima del síndrome de HIV fallecía a los 45 años Farrokh Bulsara, en la ciudad de Londres, Inglaterra. En un solo párrafo podría darse por cumplido el recordatorio. Sin embargo, lo esencial brota con magia cuando a dicha información le agregamos el nombre artístico del finado: Freddie Mercury.

La gama de caminos para reseñar su paso por el mundo es generosa si de honrar el arte se trata. Lejos de protocolo alguno, corresponde la gentileza de aclararle al lector que escribimos desde la admiración profunda al líder de Queen, una histórica banda de rock que herida en su alma todavía gusta de recorrer escenarios del mundo.

El legado de Bulsara sin embargo amerita incluso elegir un tópico que nos es cercano y del cual fuimos honrados testigos: su paso por la Argentina entre el 28 de febrero y el 8 de marzo de 1981, pioneros en sumar nuestra lejana tierra a la agenda mundial de los súper conciertos.

Años de la dictadura cívico militar, que permitieron aquella visita británica sin inferir siquiera que Mercury era mucho más que “un muchachito de bigotes simpático”, como lo definió aquel gobierno. Su tour criollo arrancó y terminó en el estadio de Vélez, con paso intermedio en Rosario y Mar del Plata, y cada presentación fue suceso y récord de venta en vinilos. Hasta los músicos de Queen se asombraron por la convocatoria y acompañamiento vocal del público de habla hispana para sus hits.

Con aleación perfecta, la banda tenía sin embargo la impronta de Mercury, que regó los éxitos y algún ocasional fracaso discográfico. Empero sus trazos marcaron para siempre nuestra tierra y la sumaron a su rapsodia bohemia que atravesó el corazón del planeta.

Una edición del canal Encuentro resume aquella gira y el testimonio de notables del rock que evocaron aquel paso de Queen por Sudamérica, que incluyó Brasil y Venezuela. Hace algunas semanas el colega Reynaldo Sietecase incluso nos comentaba que fue uno de los espectadores del show de La Reina en el estadio de Rosario Central, un público maravillado y maravilloso en cada presentación.

Es tiempo de resaltar que aún en su estrellato galáctico, ni Mercury ni sus compañeros, Brian May, John Deacon o Roger Taylor, superaron en lo individual el impacto que detonó Queen, hecho que Bulsara marcaba con orgullo. “Tocaremos juntos hasta morir”, le solía disparar a la cruel prensa británica que no perdonó ni siquiera su padecer desde la invasión canalla a quien sufrió una enfermedad mortal.

Mercury forjó alianzas increíbles e impensadas, se destacó junto al Royal Ballet de Londres en inolvidable presentación, conformó un dueto con la soprano Monserrat Caballé e hizo cantar al mundo con actuación cumbre en Live Aid 1985.

A su público argentino, sector incondicional, ni siquiera le hizo mella -frente a bromas y desaires- cuando decidió asumir su homosexualidad y dejar al amor de su vida, Mary Austin, quien todavía habita su casa de Kensington como heredera preferida.