@perez_daro

Suele decirse que los artistas famosos y reconocidos “no necesitan presentación”. Sin embargo, es tanta la historia que tiene Rata Blanca, que resulta obligatorio repasar su trayectoria y hablar de la importancia que tienen dentro del rock latinoamericano. Con la excusa de su próximo Luna Park el 9 de agosto, DiarioShow.com conversó con su miembro fundador, Walter Giardino sobre este concierto especial, en el que estarán acompañados por una orquesta destacada de cuerdas, reviviendo lo que fue aquel mítico show en el Opera en 1992: “La idea es darle a la gente esta mezcla de banda de rock con orquesta sinfónica, algo que hicimos hace muchos años, y nos pareció interesante recrearlo para las generaciones que no lo pudieron ver en vivo”.

Más allá de estar en modo celebración, el guitarrista explica que hay un cruce de emociones, pues se trata del primer concierto grande en Argentina sin el bajista Guillermo Sánchez, que falleció en 2017. “Todo esto tiene su precio y su lado de melancolía. Pero intentaremos que el rock haga su trabajo y nos permita disfrutar del rock en el Luna. Creo que lo peor que le pasó a la banda fue lo de Guillermo, nos golpeó mucho a todos, pero bueno es parte de esta vida y tratamos de asimilarlo y acostumbrarnos a la idea de que ya no va a estar”.

Giardino es uno de los guitarristas más importantes del país; y cuenta que la mejor manera de no caer en un mal lugar y perder el rumbo, es recordar el camino recorrido: “Yo soy del Bajo Flores y lo voy a ser siempre. Mi carrera empezó ahí y creció hasta que tuve una banda muy importante que grabó un disco que le gustó a mucha gente. Nos volvimos internacionales y con el tiempo fuimos una insignia de Latinoamérica. Pero la responsabilidad no llega cuando sos un ícono, sino la primera vez que te colgás una guitarra. La única responsabilidad siempre fue ser mejor, crecer, tener una ilusión todos los días y la fuerza para seguir. Eso sigue intacto”.

Sobre los mejores momentos de ese viaje, Giardino reconoce que “toda la parte inicial, conocernos, empezar a tocar, a componer, los primeros shows, fue mágica. Hubo cambios, ingresó Adrián (Barilari) y Hugo Bistolfi. Con esa formación se crea ‘Héroes, espadas y rosas’ que llegó al cuádruple platino para Argentina y nos hizo conocidos incluso fuera del país”.

Sin embargo, el ganar a veces puede significar perder. En ese momento, hubo un quiebre para el grupo: “Seguimos creciendo y el éxito trajo sus consecuencias en las formas de hacer y actuar. No todos somos iguales, ni pensamos de la misma manera. No todos somos amigos. Hubo problemas de entendimiento entre los integrantes, como en todas las bandas grandes del mundo. Fueron momentos difíciles, que tampoco se podrían decir que fueron malos. Llegamos al profesionalismo, digamos, y ahí descubrimos que la cima no es divertida, tan alegre como era en nuestros sueños en la sala del bajo Flores. Eran dos mundos distintos y uno se tiene que parar a conocer la diferencia”.