Por @perez_daro

Todavía no puedo creer lo que pasa en mis recitales con la gente”, dice Rodrigo Tapari, con real sorpresa ante el fanatismo que genera su carrera solista tras su salida de Ráfaga. El cantante, en charla con DiarioShow.com, narra que “yo imaginaba que iba a tener que empezar todo desde cero. Y sin embargo, desde que anuncié mi primer show, se agotaron las entradas y me empezaron a llamar de todos lados en Latinoamérica y Europa”.

Es que, si bien Rodrigo creció con el deseo de cantar, sus primeros pasos fueron muy lentos, estuvo cerca de ser parte del grupo que salió de la segunda edición de “Popstars”, pero todo cambió cuando llegó la chance de audicionar para Ráfaga.

El artista atraviesa un gran momento.

Cuando Ariel Puchetta dejó el grupo, que ya tenía un gran recorrido internacional, Rodrigo entró en su lugar y comenzaron las giras interminables, los discos, y la agenda apretada de la vida artística. “Pasaron muchas cosas en poco tiempo, y quizás no estaba preparado para todo eso. Me obligaba a estar bien y ahí empezaron los excesos”. “Yo no tomaba nada de alcohol, y con el tema de la noche empecé a tomar sin control, y me hice muy adicto al whisky. Dependía del whisky para salir al escenario. Primero empezó como una manera de mantener la energía, y después ya fue un hábito”.

Según cuenta, el punto límite no fue ni siquiera cuando salía a cantar alcoholizado, porque, “en ese momento creés que estás bien, que no te afecta”, sino que llegó cuando notó problemas en su pareja. “Empecé a engañar a mi mujer alevosamente. Te abusás de tu popularidad, entonces elegía a quien quería y vivía de fiesta en fiesta. Estaba destruyendo a mi familia sin saberlo”.

El conflicto dentro suyo era tan grave que Rodrigo no era consciente de sus errores: “Se enteró y yo no intenté ocultarlo ni pedir disculpas. Le decía que llevaba la plata a casa, una locura. El diablo te destruye y te hace ir en malas direcciones. Me transformé en una persona agresiva y hasta discutíamos adelante de nuestra hija”.

La imagen del diablo de la que habla el artista tiene que ver con su actualidad. “En un momento me entregué a Dios. Fue un antes y un después. Recé mucho para dejar de tomar, porque ya no lo podía manejar, y sentí el amor de Dios. Desde ese momento, hace cuatro años, no volví a tomar”. Tras ese encuentro con la espiritualidad, recompuso su matrimonio, y ahora “mi mujer es mi representante, así que estamos juntos en esto, y eso nos hace bien. Hoy siento que contar lo que pasé puede ayudar a quien lo necesite, y siempre me brindo cuando se acercan para pedirme ayuda”.

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