@RFilighera

Esa popular y querida sentencia popular que “Gardel, cada día canta mejor” adquirió, con el paso del tiempo, una enorme trascendencia. Estudios musicales y estéticos sobre el ídolo rescataron virtudes y talentos insospechados de un intérprete que fue reconocido por críticos, colegas, tenores e intérpretes de gran trayectoria internacional.

La proyección artística del Zorzal Criollo, probablemente, no tiene parangón, y no ha perdido vigencia, admiración que se ha trasladado de generación en generación, motivo por el cual, a 84 años de su trágica muerte, aniversario que se cumple hoy, su imagen permanece indemne en la memoria popular de nuestro pueblo y también en el exterior.

En la presente nota, intentaremos dilucidar las circunstancias que pudieron suceder aquella tarde del 24 de junio, la competencia feroz entre dos compañias de aviación (en una de ellas viajaba el artista argentino) y los errores de índole técnico que derivaron en aquella tragedia, en Medellín, Colombia y que le costó la vida a Carlos Gardel, a los 44 años, y en el crepúsculo de su trayectoria artística. El intérprete venía de filmar en Estados Unidos “El tango en Broadway”, “Tango Bar”, “Cuesta abajo” y “El día que me quieras”, en los estudios Paramount.

Gardel, por otra parte, había intervenido como productor y tenía como objetivo, renovar contrato con la empresa del país del norte y, a su vez, analizaba proyectos con España y también continuar con una segunda etapa fílmica en su país de nacimiento, Francia. Por otra parte, las giras proseguían sin descanso para nuestro gran ídolo, Latinoamérica y Europa lo reclamaban de manera permanente.

Gardel no cejaba, en este sentido, había saldado deudas importantes y sus finanzas empezaban a ordenarse de la mano de su representante Armando Defino. Por otra parte, el cantante se encargaba cuidadosamente toda la atención financiera y cuidados de su madre Bertha, con domicilio en el Abasto, vivienda que en los últimos años fue erigida como uno de los museos gardelianos más importantes del país. En las imágenes de ese día, 24 de junio de 1935, se lo ve a Gardel, como de costumbre, posando con admiradores y público, en general.

Sin embargo, su rostro exponía otro panorama que no tenía que ver con su habitual y clásica postura de sonrisa y actitud extrovertida. Todo lo contrario: la imagen que exponía marcaba una seriedad extraña en él, el rictus de su labios era apenas moderado, perfiles de preocupación se habían apoderado su rostro y el cansancio, producto de presentaciones y permanente contacto con la prensa se habían apoderado de su humanidad.

Por otra parte, algunos problemas de salud, que Gardel había manifestado en su correspondencia con su representante, lo habían tenido a maltraer, sin embargo, los había podido superar con cierta disciplina. En definitiva, en esa trágica jornada no se encontraba de la mejor manera y si a esto se le sumaba su temor por los entonces incipientes vuelos áreos, la situación no era la ideal para el destacado ídolo.

Conjeturas

Entre las conjeturas se afirmaba que “el piloto del avión había cargado a Gardel tratándolo de gallina por su temor a los vuelos y que el cantante le disparó un tiro en el momento de despegar. Que la comitiva de Gardel iba en estado de ebriedad y que una discusión derivó en una agresión hacia el piloto. Que el piloto y Gardel disputaban a una misma mujer y que la discusión terminó con un disparo de Gardel. Que el accidente se produjo por un sobrepeso de equipaje y que Gardel se había salvado y que vivía oculto, sin nariz, sin mandíbula inferior y con la boca contrahecha en una hacienda del norte de Colombia”.

El mundo entero lo lloró.

El perito y especialista Terencio Spani, en un rigurosísimo estudio reconstruyó cada minuto del accidente al hoy escritor Rodolfo Bracelli (en ese entonces, años 70, un inquieto e investigador periodista) en una suerte de documento impagable “Protagonistas de la tragedia”: El F31 era el avión de la empresa colombiana que piloteaba Ernesto Samper Mendoza y en el que viajaba Gardel y su comitiva.

El Manizales era el avión que pertenecía a una compañía alemana. Entre ambos reinaba una durísima competencia. Antecedentes: Unos días antes del ¿accidente?, el Manizales alemán había asustado con una bajada temeraria al F31 de la compañía colombiana. En consecuencia, con la oreja mojada, Samper Mendoza quería tomarse revancha y había, supuestamente, pensado en una.

El F31 de la compañía colombiana tenía horario de salida, a las 15.15, hora local de aquel lejano pero siempre presente 24 de junio. En tanto, el Manizales alemán, estaba acordado para las 15, de manera puntual. Pero todo se complicó y nadie pudo evitar el fatal accidente.

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