@LuisVenturaSoy

Cuando los fantasmas se escapan de los cementerios, viejas historias olvidadas del pasado vuelven a la vida y desparraman nuevas energías en tramas que habían sido sepultadas. Por eso, cuando Silvestre o, si prefieren, José Luis Rodríguez, reapareció para presentar sus nuevos proyectos artísticos -si es que realmente los tiene- no hace bien en fundamentarlos a partir de antiguos ardores pretéritos y saturados de herrumbre y orín.

Ya lo hizo hace un año cuando en la mismísima mesa de Mirtha Legrand revoleó un cuento en el que vinculaba al ex gobernador bonaerense Daniel Scioli con la actriz retirada Verónica Vieyra, ex mujer de Silvestre, en un melodrama mediático que nadie sabe realmente si existió.

En aquella oportunidad se armó flor de revuelo en el que los destinatarios de la osada verba de Silvestre eran Scioli y Vieyra por reproches no resueltos del inesperado autor. ¿Pero quién puede probar que lo que contó el propio Silvestre con inexplicables motivos haya sido cierto?

Hoy, los fantasmas del pasado vuelven a aparecer cuando el mismo Silvestre llega de Salta, donde está radicado con su actual mujer, Patricia, y con ánimo de cantar se sienta ante una cámara de televisión e impacta diciendo que Ana, la mamá de Andrea del Boca, lo apalabró para entregarle literalmente a su hija de 16 años, cuando ella era menor de edad, en una historia que terminó en un romance estelar para diarios y revistas de la época.

Esta nueva provocación de Silvestre demuestra que en su vida nada fue casual y que todo lo que escalonó en dramas y tragedias tiene mucho que ver con su forma de vivir a los tumbos y desafiando los códigos de buena convivencia.

Desde las últimas declaraciones de Silvestre resucitaron aquellos tremendos testimonios de la ex modelo Deborah Ramos, ex mujer y madre de los cuatro hijos del cantante, que lo pulveriza nuevamente junto a sus hijos como “mal padre, poco humano”, al haberlos dejado desvalidos en su crianza y educación.

También las palabras de la propia Andrea del Boca y su familia diciéndole a Silvestre, de “poco hombre” para abajo, lo que quieran imaginar y todo un abanico de acusaciones y denuncias que dejan muy mal parado a este Silvestre que nadie sabe explicar para qué volvió de Salta si todo lo que hizo generó tantas maldiciones.

Por eso, y ante la elección de este señor que supo ser ídolo de multitudes y hoy no le es, desde aquí le sugerimos que deje tranquilos a los fantasmas del pasado que devenidos al presente no dejan de hacer papelones. Te lo digo yo.