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Inolvidable y perdurable, a través del tiempo y la distancia. Su profesionalismo, sensibilidad y maestría arriba de un escenario lo convirtieron en una de las personalidades más destacadas de toda la historia del espectáculo argentino. Pepe Cibrián, todo un sello distintivo del arte en líneas generales.

Junto a Ana María Campoy formaron uno de los matrimonios más sólidos y perdurables del ambiente artístico, fruto del cual tuvieron dos hijos, el menor de ellos Roberto, quién comenzó su carrera como actor pero luego se dedicó a la arquitectura y a la actividad empresaria y le dio dos nietos. Pero fue su hijo mayor, José Pepito Cibrián quién siguió sus pasos y se convirtió en el precursor en la Argentina de las comedias musicales con grandes elencos y despliegue escénico al estilo de Broadway.

Dueño de una extensa carrera en cine, teatro y televisión, Pepe Cibrián había nacido el 25 de febrero de 1916, en Buenos Aires, en el seno de una familia de actores.

MULTIFACÉTICO

Recorrido por la trayectoria de un inolvidable intérprete marcado por el arte y las convicciones Al año de su vida, sus padres, Benito Cibrián y Pepita Melía, quienes tenían una compañía teatral itinerante, lo llevaron a España, de donde eran oriundos y allí Pepe comenzó de muy joven su actividad en las tablas. Fue, precisamente, en España donde conoció a Ana María Campoy. Se enamoraron y ella se sumó a la compañía teatral de sus padres.

La difícil situación provocada por la Guerra Civil Española en la década del 30 llevó a Cibrián a exiliarse a México donde consolidó su carrera artística y allí se casó con Campoy el 6 de enero de 1947. Cibrián solía recordar que “casi no tuve que descubrir mi vocación histriónica porque por mis venas corre sangre de actores”. En cambio, su padre pretendía que el joven Pepito fuese ingeniero vial, carrera que perdió contra la vocación artística del muchacho.

José Cibrián y Ana María Campoy
José Cibrián y Ana María Campoy.

Más tarde y ya en tierra azteca, Cibrián creó su propia compañía teatral con la que realizó varias giras por toda Latinoamérica y filmó una serie de importantes películas, entre ellas, “Jesús de Nazareth”, en la que desempeñó el papel de Cristo, “Santa”, “El globo de Cantolla”, “El hombre de la máscara de hierro”, “Su gran ilusión”, “La hija del regimiento”, “La monja alférez”, con María Félix y “La trepadora”, producciones todas de los años cuarenta. Cabe señalar que en 1949, el matrimonio Cibrián-Campoy se radicó en la Argentina, donde cimentó su trayectoria en cine, teatro y televisión, especialmente en el viejo Canal 7, donde la pareja tuvo un importante éxito en “Cómo te quiero Ana”.

Su primer papel en la pantalla grande fue en 1951, con “El extraño caso del hombre y la bestia”, una versión de la novela de Robert Louis Stevenson, dirigida por Mario Sóffici, donde también actuó su esposa. En 1951 filmó otras tres películas: “Escándalo nocturno”, “Los árboles mueren de pie”, basada en la obra teatral de Alejandro Casona y “El pendiente”, de León Klimovsky, donde fue galán de Mirtha Legrand. Y refiriéndonos a Mirtha, puntualmente, fue el esposo de la Chiqui, el director de cine Daniel Tinayre, quién en la década del sesenta lo convocó para cubrir roles fundamentales en tres películas: “La patota”, “La cigarra no es un bicho” y, especialmente, el protagónico de “Extraña ternura”.

Otros filmes fueron: “Reportaje en el infierno”, “La noche de Venus”, “Con el más puro amor”, “Cubitos de hielo”, “Enigma de mujer”, “La hermosa mentira”, “Pájaro loco”, acompañado por Luis Sandrini y , la última, “Gran valor en la facultad de medicina”, en 1981, junto a Juan Carlos Calabró. Por su parte, en teatro, alternó roles de actor y director en obras como “El seductor”, “Carlota”, “La tercera palabra”, “A media luz los tres”, “My fair lady”, “La novicia rebelde”, “Buenas noches Carina” y “Anillos para una dama”.

En tanto, la televisión, lo tuvo delante de las cámaras en programas como “Yo soy usted”, “Oh, doctor”, “Adán y Eva no hacen trampas”, pero también cumplió la función de director artístico de Canal 9, en tiempos de Alejandro Romay. En este sentido, alcanzó en agosto de 1984 el cargo de gerente artístico y, más tarde, se integró al directorio de la empresa. Esta labor fuera de la escena se fue interrumpiendo a causa del deterioro de su estado de salud, que lo obligó a recluirse en la intimidad de su hogar, circunstancia que lo llevó a un triste y lamentable final irreversible.

Don José murió a los 86 años, el 28 de diciembre de 2002, víctima de un paro cardiorespiratorio en su domicilio de Céspedes al 2.200, acompañado por su esposa, la también inolvidable Ana María Campoy.

FIRME EN SUS CONVICCIONES

Antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la escena nacional, no sólo como actor sino también como director, José Cibrián pasó por otras impactantes experiencias. En efecto, con tan sólo 23 años, Pepe peleó en la Guerra Civil española en el bando de los republicanos. Fue el resultado adverso y la posterior dictadura de Franco lo que motivó a Cibrián a emigrar de su terruño natal y partir hacia otros puertos en busca de mejores futuros. Así fue como desembarcó en París para luego hacerlo en México, lugar donde aprendió a ganarse la vida haciendo un poco de todo. Muchos fueron los años durante los que Pepe recorrió las calles mexicanas para encontrar algún comprador casual para sus diccionarios Espasa Calpe, con los que caminaba a cuestas. En esos tiempos en los que la calle resultaba difícil para quién luego se convertiría en uno de los galanes más buscados y cotizados del cine nacional, Pepe también se ganó la vida vendiendo incluso chorizos. Y es que a pesar de los intentos de su padre para que se convirtiera en ingeniero naval, ya antes de tener que ir a la guerra, José había abandonado sus estudios para poder dedicarse al teatro. Por ello fue que solo hasta 1939 sobrevivió como vendedor hasta que en ese año debutó en el teatro Ideal de la ciudad de México. Una vida de convicciones, sueños y permanentes esfuerzos.

UN MATRIMONIO QUERIBLE

Un 6 de enero de 1947 se casaron en Guatemala, pasaron 55 años y sólo la muerte separó a Pepe y Ana María Campoy. Cuando se unieron en matrimonio sólo llevaban un mes y medio de novios y, según la Campoy, “había tanto amor que la primera vez que nos acostamos dimos vida a Pepito”. En un reportaje concedido a la revista “Ahora”, en 1993, Ana María no vacilaba en afirmar que “nuestro amor es un compendio de todo lo que pasamos. Allí está todo involucrado. Primero la pasión, luego, el amor, después el cariño, y más tarde ser tolerante con el otro”. Y añadió: “Si la pareja cumple esas etapas, es muy difícil que se derrumbe. Pasan los años, uno se pone más viejo y lo que nosotros buscamos desesperadamente es complementarnos. Nuestro amor es, fue y será verdadero”.

Consultada sobre si tenía peleas en la pareja por la periodista Viviana Romano, la actriz y conductora dijo: “El nunca se enoja, pero yo sí. En cambio, yo soy obcecada. Pepe es la armonía, la sabiduría y el equilibrio. Hemos peleado mucho, pero siempre sabíamos que nuestras discusiones duraban a lo sumo una hora”. También Ana María Campoy señalaba durante esa entrevista que “el en esa hora no me dirigía la palabra y yo no dejaba de gritar”. Todos datos de una relación que tuvo un poco de todo y que contó con mucho hasta que la muerte los separó.

COMPARTIERON VARIOS ESCENARIOS

Fue en el set de filmación de “Cinco rostros de mujer” donde la conoció. Desde ese momento no se separaron más. Formaron una pareja que trascendió en el tiempo y de las que se habló mucho para tomarlos como ejemplo de cariño y de amor. Y es que esa unión era admirada no sólo bajo el escenario sino además sobre las tablas y, por ello fue que en más de una oportunidad muchas fueron las versiones que corrieron acerca de la decisión de la pareja de no trabajar más juntos en teatro. Así ocurrió, por ejemplo, en 1966 cuando, luego de rechazar varios proyectos que lo tenían como protagonistas, los medios indicaron que el matrimonio había decidido no juntarse más para trabajar. El tiempo que los mostró juntos compartiendo más de una obra teatral e incluso haciéndolo junto al mayor de sus hijos, Pepito, fue la prueba que echó por la borda todas aquellas versiones infundadas. En definitiva, el matrimonio sólo se tomaba su tiempo para descansar.

Por R.F.

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