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Fue un verdadero ícono en la historia de la revista y la comedia musical. Nélida Lobato le puso creatividad, sensibilidad y buen gusto a su rol de bailarina y expuso su talento no solamente en nuestro terruño, sino también a nivel internacional.

Haydeé Nélida Menta -tal su verdadero nombre- nació el 16 de junio de 1934 en el barrio porteño de Saavedra. Y, de acuerdo con el propio testimonio de la artista, “a los 7 años ya organizaba, en mi casa, funciones de teatro para mis amiguitos”. En consecuencia, la vocación se hizo presente de manera precoz. Aunque dos años más tarde la vida le va a deparar a Nélida un fuerte golpe: el fallecimiento de su padre. A todo esto, presentaba el perfil físico de una nena extremadamente delgada, a la que los chicos la habían definido -tal como había dicho la propia artista- el “patito feo del barrio”.

Por otra parte, se agregaba como característica de personalidad una ascendente y notoria timidez. Sobre esos años de pubertad, recordaba: “Cuando vi crecer mis pechos, realmente no lo podía creer, me moría de vergüenza”.

Grandes cambios

A todo esto, con el paso de los años, su físico empezó a manifestar cambios. A los 18 años ya estaba convertida en otra mujer con estas medidas: 90-48-90. Paralelamente, ya había comenzado a estudiar danzas con el coreógrafo Alfredo Alaria. Luego conoció al bailarín y también coreógrafo Eber Lobato, quien se va a convertir en su pareja y socio artístico. A todo esto, la pareja se presentaba en el teatro Comedia, Flamingo, Empire y el viejo Canal 7. Precisamente, fruto de ese amor va a nacer el único hijo de la pareja: Adrián.

Apenas dejó la adolescencia, se convirtió en una joven de silueta privilegiada. (Archivo Diario Crónica)

En ocasión de visitarnos el cantante norteamericano Andy Russell, quedó sorprendido por el talento de Nélida y Eber y los contrató para realizar una serie de shows en el país del norte. Trabajaron en Las Vegas y luego fueron requeridos profesionalmente también por una estrella del cine de ese país: el legendario Dean Martin. Posteriormente, Nélida y Eber actuaron, en gira, por México, Venezuela y Puerto Rico con gran repercusión.

Elogiada por Chevalier

Así dadas las cosas, el ascenso profesional de Nélida se va dando de manera paulatina pero firme. Trabajan ambos en el Lido de París y el propio Maurice Chevalier se va a referir a Nélida: “Usted tiene la cintura más delgada que he llegado a conocer”. Y la lista de admiradores de la Lobato no cesaba, a modo de ejemplo: el rey Hussein de Jordania le va a regalar, permanentemente, ramos de flores e invitaciones muy especiales.

En 1968, a instancias de Carlos A. Petit, Nélida y Eber regresan a la Argentina y se instalan en la sala del Teatro Nacional como verdaderas estrellas en el espectáculo que se dio en llamar “Corrientes-Champs Elysees”. El éxito fue total; sin embargo, se darán cita varias desavenencias en el plano afectivo y la pareja se rompe. El propio Eber declaraba: “Hemos terminado con Nélida y con ella se va todo mi ser”.

Eber Lobato fue su marido y socio artístico en los inicios de su carrera.

Ingreso al cine

En tanto, en los años ’70 se van a producir hitos importantes en la trayectoria de la vedette. En efecto, se estrenaba el filme “Blum”, legendaria obra de Enrique Santos Discépolo y Julio Porter, con la actuación de Nélida Lobato y Darío Víttori, película que tuvo gran recibimiento de la crítica especializada. A esto le siguieron otras películas, también, de gran incidencia en la taquilla como “Nubes de humo”, “Venga a bailar el rock”, “Sucedió en Buenos Aires” y “Mientras haya un circo”.

En pareja con Víctor Laplace

Un año después, Nélida se pone nuevamente en pareja y lo hace con el ascendente actor Víctor Laplace, quien acababa de romper su vínculo sentimental con la escenógrafa Renata Schussheim. Al tiempo, la pareja, en una suerte de luna de miel, inicia una gira de amor por todo Europa. Al regresar, blanquean ante la prensa su relación. En tanto, Eber, por su parte, se encontraba con nuevo romance y filmó “Natasha” con una actriz desconocida hasta ese momento: la ascendente Thelma Stefani, personaje que, en un principio, había escrito para Nélida. Pero, más allá de cualquier circunstancia propia del destino personal de Eber y Nélida, lo concreto es que no había rencores en ambos y se juntaron, en este sentido, para participar de cuatro producciones de Canal 13. Posteriormente, se dio cita un fugaz paso de Nélida por las huestes de Canal 9, en reemplazo de la Chiqui Legrand en sus clásicos almuerzos. Sin embargo, la propuesta no dio los frutos esperados y Nélida reconoció que fuera del escenario no se encontraba demasiado cómoda.

Estuvo en pareja con un novel Víctor Laplace.

“Escándalos”

Y si de hablar de teatro se refiere, su vuelta al Nacional con “Escándalos”, junto a otra figura relevante: la lechuguita Zulma Faiad, vuelve a instalarla en los máximos planos de la popularidad. En 1976, Nélida y Víctor se separan luego de una gira por Latinoamérica con “Así como nos ven”, producción que no logró generar la recepción esperada. Posteriormente, volvieron a reencontrarse en derredor de los vaivenes propios de todo vínculo afectivo.

En 1977, Nélida puso su impronta en la comedia musical “Chicago” y en la que compartió el rol protagónico junto a otra gran estrella de los escenarios musicales: Ámbar La Fox. Junto a Víctor, en tanto, va a encarar otro espectáculo en el Maipo que se titula: “Érase otra vez Nélida Lobato” y en el que se pone de manifiesto toda su impronta artística de bailarina y actriz.

La ruptura definitiva

Finalmente, en 1980 se va a producir la ruptura definitiva con Víctor Laplace; sin embargo, continuará ese vínculo en una relación de amistad que se mantendrá inalterable. En consecuencia, Laplace va a permanecer a su lado y acompañará y cuidará a Nélida en el último tramo de su vida. Y así dadas las cosas, Lobato es operada de vesícula, pero otros rumores vaticinan que se trata de una afección mucho más grave: puntualmente, cáncer.

En febrero de 1982, Nélida Lobato estrena en el Maipo junto a Tato Bores el espectáculo “Una mariposa en la noche” y la artista va a realizar grandes esfuerzos para asumir cada uno de sus actos en el escenario ante una debilidad física que se torna preocupante. No obstante, hace gala de una gran responsabilidad profesional y de ese amor inexorable por el escenario.

Falleció de cáncer hepático en mayo de 1982, a los 47 años. Junto a ella se encontraban su madre y su hermana Betty. Su hijo Adrián murió de manera sorpresiva siendo aún muy joven. La estrella de Nélida Lobato permanece en el firmamento de las grandes luminarias del espectáculo argentino, por su talento, imaginación, fantasía y permanente apuesta a los desafíos de su profesión.

Fue una de nuestras estrellas más rutilantes. (Archivo Diario Crónica)

Una joven ignota hacia Estados Unidos

El bailarín, cantante y luego empresario teatral Buddy Day le expresó al periodista Carlos Szwarcer en su libro “Maipo, 100 años de historia entre bambalinas”, la manera en que llegó a descubrir a Nélida Lobato. “El asunto es así. Esta es la historia en el Maipo. Llego ahí y estrenan una revista cuando yo estoy en Buenos Aires. La voy a ver y como siempre, estoy atento. De repente, observo a una chica que está en el fondo del escenario y me digo: ‘¡Qué formidable! ¿Cómo está en el coro?’. Entonces, pienso en volver al otro día. Yo era muy amigo de González (el entonces propietario del Maipo), muy amigo, y le digo: ‘Che, Alberto, atrás hay una chiquita que me gusta mucho. ¿Me dejás que la contrate?’. Sí, sí, me dijo. Fui a hablar con ella y la contraté junto a su marido, Eber Lobato”.

Y agregó el empresario que los primeros pasos que desplegó Nélida en el plano internacional fueron producto de sus enseñanzas durante los ensayos del espectáculo que se denominó “Bim Bam Bum” que se llevó a cabo en Chile. “La preparé de la mejor manera posible -expresó Buddy Day- y fue un verdadero golazo en el escenario. Y como todo está marcado en la geografía del destino, vinieron, al poco tiempo, unos amigos de Estados Unidos y se la llevaron a trabajar Las Vegas”.

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