No es la primera vez que en torno de una figura popular, querida o no, se tejan historias con muchos visos verídicos, pero que también son compuestas por mucha fantasías de la gente, vecinos, conocidos, mequetrefes y toda una fauna que tejen novelas que terminan en cualquier cosa con dos o tres datitos de la realidad.

Ya supo pasar con aquel mensajito de Wanda Nara tratando de “zorra” a una mujer que supuestamente era “China” Suárez que amenazaba su matrimonio queriéndole robar a su marido y padre de dos hijas. Y los kilómetros de novelas que se escribieron no tuvieron tregua.

En esta semana que termina ocurrió lo mismo con Nicole Neumann que sin comerla ni beberla se vio envuelta en un chat sin identidad, que le asignaron al piloto patagónico Juan Manuel Urcera, el novio de la modelo, tirándose lances románticos con una pretendida damita regional que trató todo el tiempo de “la señora” a la exmujer de Fabián “Poroto” Cubero para descalificarla desde todos los lugares, relatando una relación prohibida con el conductor de motos y automóviles de carrera.

A caballo de todo el tiempo de aire televisivo y de las notas que brindó esta chica Melina, tanto Nicole como Manuel se convirtieron en los grandes protagonistas de una semana flaca en informaciones, que encontraron en este supuesto triángulo amoroso que contó como único argumento un chat sin remitente que no definía nada y que ni siquiera la propia propaladora de la novela mostraba demasiada consistencia para sostenerlo.

Por supuesto que ni Nicole ni Manuel salieron a aclarar algo, mucho menos sus familias que como invitados de piedra se constituyeron en el epicentro de todos los ribetes, detalles y agregados en los que todo el mundo hablaba, aportaba, agregaba y fantaseaba sobre un amor que nunca se confirmó pero que ocupó la atención de mucha gente.

Inclusive, muchos medios, que apoyados en el interés que moviliza cada aparición de Neumann se cansaron de generar contenido sin saber a ciencia cierta si todo lo que se emitía de la modelo y el piloto era verdad.

El mundo de las redes sociales y la carencia de rigores informativos para contar historias reales hacen que los espejitos de colores que le vendían a los indios de las colonias, hoy se hayan convertido en moneda corriente de circulación habitual. Te lo digo yo.