@LuisVenturaSoy

No fueron pocos los que se restregaron las manos y comenzaron a disfrutar por anticipado lo que sería tener en un mismo escenario y en una misma marquesina a Antonio Gasalla y a Flavio Mendoza. ¡Juntos! Al mismo tiempo y compartiendo de un mismo espectáculo sus talentos. Toda una proeza empresarial convencerlos y motivarlos para que ambos se dignaran a aceptar una propuesta teatral.

El proyecto se llamó "El circo del ánima" y la prensa, como mosca al dulce empezó a manejar todo lo que el proyecto iba generando en el afuera. Porque la gente, el público, preguntaba, se interesaba y estaba pendiente de todo lo que ambos iban construyendo desde sus imaginaciones y creatividades.

Cuando uno repasa las fichas artísticas de uno y otro, Gasalla brilla desde aquella gloriosa película "Esperando la carroza", mientras en teatro acumula éxitos como "Más respeto que soy tu madre". Versión 1 y 2, como si fuera poco. "Gasalla es el Maipo"... entre otros aciertos. Pero Flavio explota del circo a la calle Corrientes con "Stravaganza", "Mahatma", "Siddartha" y "Stravaganza Tango", amén de su participación como bailarín y jurado en el convocante "Bailando por un sueño". Estamos hablando de dos peces gordos del mundo teatral y del espectáculo. Dos estrellas y fundamentalmente dos divos. Y justamente, el divismo no es sinónimo de buena convivencia. Porque los que llevan su manto no suelen ser muy generosos a la hora de subir el telón.

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Ellos deben llevarse todas las miradas, los aplausos y emociones y nunca son los responsables de los sinsabores y los fracasos. Por eso se hacía difícil unir a Flavio y Antonio o Antonio y Flavio, por orden de aparición.

Ellos se llevaban bárbaro en la vida, compartían hechos y eventos personales y familiares, pero trabajar y compartir un proyecto es y era otra cosa. ¿Quién estaba primero?... ¿Cómo se armaría la marquesina?... ¿Quién daría las indicaciones?... ¿Quién podía llegar tarde y tener las mayores contemplaciones?... Estas preguntas en el manual de los divos sólo tienen una respuesta y un mandamiento. Los divos siempre son ellos y ellos. Primeros y siempre.

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Eso parecía muy difícil y de ahí la sorpresa cuando ambos anunciaron que trabajarían juntos porque los divos no saben de convivencias tranquilas. Pesaron más las vanidades, los egos, las consideraciones personales y laborales, y las generosidades, solidaridades, las sonrisas quedaron sofocadas. Todos explotó en pedazos y ahora llegó el tiempo de escuchar las ofensas que se prodigaron. Los divos no entienden y dos bajo un mismo techo es guerra en puerta. Te lo digo yo.

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