@LuisVenturaSoy

Llegó el frío. El invierno vio luz, abrió la puerta y entró. Era inevitable, tenía que aparecer. El temible coronavirus ya estaba desvelándonos al límite de la angustia y el dolor. El escenario y las condiciones sociales no eran las mejores y la inocencia y el desconocimiento de ese peligro invisible que es el monóxido de carbono jamás permitió intuir que la tragedia y la muerte estaban de ronda y pasando lista a los más distraídos.

Y sin imaginarlo, la bella María Fernanda Callejón fue el blanco elegido por esa guadaña amenazante que con la severa llegada invernal trataba de quedarse con más vidas que buscan calefaccionar sus ambientes hogareños, sin saber del riesgo que pretende quebrantar la felicidad de aquellas familias que en pleno rigor de la cuarentena se juntan para controlar las bajas temperaturas en base a estufas, pantallas a garrafas y braseros de leña y carbón, pero sin saber que dormir con el enemigo puede provocar la muerte.

Ellos no suelen conocer que los gases tóxicos se pueden convertir en tragedias por la respiración del gas natural o envasado, o por su conversión en monóxido de carbono cuando se quema.

"Se estaban envenenando los pulmones, que cambiaban monóxido por oxígeno para ir apoderándose de sus cerebros luego. Una rejilla de ventilación o un hueco de respiración puede salvarte la vida en el momento menos pensado".

Y María Fernanda con su esposo, Ricardo Diotto, y su pequeña hijita, Giovanna, fruto de una alcanzada y empeñosa ilusión de maternidad, casi pierden sus vidas de la manera más sonsa. Porque así son los decesos por monóxido de carbono, por muertes blancas, silenciosas y finales envueltos en ensoñaciones letales.

Una estufa balanceada en mal estado se fue apoderando de la salud de María Fernanda, Ricardo y Giovanna, que fue la que percibió que algo malo ocurría y advirtió que había que pedir ayuda. Se estaban envenenando los pulmones, que cambiaban monóxido por oxígeno para ir apoderándose de sus cerebros luego.

Descubrir lo que les ocurría dio lugar a un llamado de urgencia, internaciones y la cámara hiperbárica para escapar de la muerte y poder contar la experiencia de ese monstruo invisible que pudo ser evitado por los Callejón-Diotto, pero que sigue cobrándose muchas vidas inocentes en nuestros primeros fríos y los rigores del invierno.

María Fernanda y los suyos lo pueden contar. Prestá atención a que una hendija, una rejilla de ventilación o un hueco de respiración puede salvarte la vida en el momento menos pensado. No lo olvides. Te lo digo yo.

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