@LuisVenturaSoy

En estos momentos donde el virus provocó una pandemia, contagios y fallecimientos es difícil hacer buen humor y los artistas tuvieron que reinventarse. No es la primera vez que ocurre porque los jinetes de la carcajada y de las risas lo han hecho en otras épocas cambiando formatos, vocabularios, historias y hasta los sistemas de volcar el humor en las maneras permitidas por el público primero y por la sociedad después. Y en esto quiero marcar muy bien las diferencias entre el público y la sociedad. Porque que el hecho de que la popular y la platea aplaudan ciertos códigos del humor, no significa que la sociedad, los medios y los funcionarios lo hagan.

Porque el humor en la interpretación de un buen humorista es una herramienta de comunicación muy efectiva, pero también puede terminar convertido en un arma de doble filo, letal para determinados intereses, comunidades, políticas, enfermedades y elecciones sexuales. ¡Cuántos humoristas se han visto afectados por sistemas políticos y censuras debido al gobierno de turno? Solo hay que recordar los cuestionamientos recibidos en sus épocas, con prohibiciones incluidas, contra Tato Bores, Alberto Olmedo, Carlos Perciavalle, Antonio Gasalla y más recientemente Fátima Florez, Martín Bossi y Freddy Villarreal recreando a políticos influyentes en gestión.

Inolvidable y único, Tato Bores
Inolvidable y único, Tato Bores.

Lo mismo con temas de discriminaciones sexuales y mensajes contradictorios con las inclusiones sociales, religiosas, comunitarias y sexuales. De ahí la recordada polémica cuando al querido y fallecido Santiago Bal le tuvieron que cambiar su repertorio humorístico cuando marcaba la supuesta supremacía masculina sobre la figura y los derechos femeninos de la mujer u otras elecciones personales.

Luis Ventura: “Jorge Corona que tuvo que repensar sus monólogos, pero también Chiqui Abecasis y a otros colegas que vuelven a readaptarse por la emergencia sanitaria”.

Le pasó a Jorge Corona que tuvo que repensar sus monólogos, pero también a Alfredo Silva, a Chiqui Abecasis y a otros paladines del buen humor que hoy vuelven a quedar exigidos por la comicidad y los chistes que permiten la pandemia y el Covid-19.

Las temporadas de teatro lo empiezan a marcar, los "stand up" también lo reclaman, los teloneros deben readaptar los remates de chistes de otras formas porque hay que ver qué cuerdas y qué teclas se utilizan para generar el objetivo de la risa, o la carcajada. Los contagios y sus cifras no permiten que el humor entre allí, muchos menos con los decesos que genera este tiempo epidémico pero allí debe estar el gran desafío de nuestros creativos, autores y humoristas; lograr con esa gran herramienta que es la creatividad en el humor, la posibilidad alivianar el dolor y las lágrimas con un buen sorbo de risas y alegría que inmunicen el alma y el espíritu. Te lo digo yo.

Por L.V.

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