@LuisVenturaSoy

Cuando la ficción nacional no ofrece las necesidades laborales mínimas para los actores locales y arrecian las denuncias feministas profundizando reclamos de sus actrices, sumado a la formación de “colectivos” guardianes de los derechos y los espacios de las mujeres del espectáculo, los galanes empiezan a ser una especie en extinción.

Por más vueltas que le den, las cosas son como son. Con la inesperada y sorpresiva separación de Luciano Castro de su hermosa mujer, Sabrina Rojas, queda claro que hoy dejamos de mirar para otro lado, ya no da lo mismo una que otra cosa y que cuando alguien se pasa de la raya, la patrulla y exposición digital viralizan los temas de una manera que asombra y mete conciencia.

Porque hoy no te juzgan los jueces, ni te acusan los fiscales. Son tiempos en los que la gente te descubre, te señala, te exige… pero también es la que escracha a los que resbalan, investigan a los protagonistas, y los juzgan y condenan a los presuntos culpables. Entonces las sentencias no llevan a las cárceles con rejas, no tienen los rigores de tribunales y los lentos y obsoletos edificios judiciales.

Hoy las penas tienen que ver con la mirada de la calle. La gente ante la duda señala y margina, llevando a perder fuentes de trabajo, a refugiarse en descarnados exilios muy lejos de las raíces afectivas y a sufrir tremendas persecuciones que no saben de suavizantes ni condenas.

En las últimas horas, el crudo y piadoso testimonio de Sabrina Rojas asumiendo su separación del galanazo Luciano Castro, con penetrante tufillo a escándalo silenciado con un mensaje en redes sociales que ella justificó y suavizó con que le habían “hackeado” su cuenta, fue una noticia conmocionante.

Ella es la madre de dos hijos del galán, a quien los mensajes “hackeados” habían señalado como un hombre violento, infiel y adicto a malas costumbres. El texto hablaba de una máscara que siempre ocultó la verdad y la verdad es la separación que por ahora no sentencia, pero despierta suspicacias.

Y con Luciano Castro, muchos recuerdan los escraches en su momento a Cacho Castaña, las denuncias mediáticas contra un actorazo como Ricardo Darín que también supo jugarla de galán, el exilio con graves acusaciones contra Juan Darthés y una deducción inmediata. Los galanes no abundan y cada vez son menos en el universo de las ficciones. Pero también su lugar en la sociedad plantea que los galanes en la actualidad se han convertido en una especie en extinción. Te lo digo yo.