@LuisVenturaSoy

Si el maestro Discépolo viviera, ¡cuántos "Cambalaches" habría escrito con la gran tragicomedia de Diego Armando Maradona y todo el sistema de satélites y meteoritos que giran en torno del Rey Sol!.

En los últimos días, cuando todo el universo maradoniano parecía calmo por donde se lo quisiera mirar, el paradero mexicano de Sinaloa estalló en pedazos y un soberano escándalo volvió a envolver al gigantesco elenco del ex capitán de la selección argentina de fútbol y todo, absolutamente todo, voló por los aires.

Porque aquella convivencia llamativamente calma con Verónica Ojeda y el hijo de ambos, Dieguito Fernando, en tierra azteca, de silenciosa pasó a altisonante cuando Rufina Ojeda, la madre de ella, inesperadamente fue internada con un diagnóstico de "infarto", con traslado resrevado en ambulancia y terapia intensiva con tubo de oxígeno, que luego fue minimizado con una tibia explicación de un golpe de alta presión simplemente.

Una mentira exige una mentira mucho más grande para taparla, pero las peleas de Maradona con Verónica y también con sus padres, Rufina y Carlos, los abuelos del niño de 6 años, eran cada vez más grandes y violentas. Hasta que un día la disputa llegó a los gritos, a los insultos y a una confrontación cuerpo a cuerpo que dejó secuelas físicas como marcas, rasguños, moretones y consecuencias visuales innegables.

Todo estaba mal. Pero si como todo fuese poco, en plena pelea Verónica descubrió también que en medio de los problemas, Maradona mantenía comunicaciones con Rocío Oliva, quien hasta ese momento parecía su archienemiga. La misma que lo había empujado a Diego por un escalera provocándole la lesión en el hombro que lo obligó a operarse de ese problema.

¡Estalló la bomba en Sinaloa! Verónica, después de la última batalla, se fue a un hotel con sus hijos y sus padres y en el primer vuelo a Buenos Aires regresó en el medio de un mayúsculo escándalo, dejando entrever la violencia de la pelea y diciendo que no volverá jamás a México.

También volvió Maradona que prometió renovar su contrato en Dorados, pero no bien pisó el aeropuerto de Ezeiza la llamó a Verónica preguntándole por su hijo, se fue a dormir con sus hermanas a Nordelta mientras no dejó de llamar a Rocío que también jamás volvería a México y ahora hornea empanadas con imágenes que llevan el nombre Maradona a las redes sociales.

Mientras tanto, Claudia Villafañe, la ex esposa de Diego y madre de sus dos únicas hijas matrimoniales, no dejó de hacer inteligencia llamando a redacciones, producciones y periodistas amigos para que le pasaran los movimientos del ex, mientras prepara su próxima audiencia judicial con él.

En el universo maradoniano nadie es inocente y los culpables de hoy serán los amigos de mañana. Por eso entra a jugar Rocío, sale Verónica y Claudia no deja de jugar. Te lo digo yo.

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