Por Luis Ventura

@LuisVenturaSoy

No siempre las mieles artísticas de un ídolo del espectáculo caminan por la misma vereda de la rabiosa realidad de la persona particular e individual del que encierra a ese ser que despierta las pasiones y los fervores de la gente. Eso es lo que muestra crudamente la dramática circunstancia por la que le toca transitar a Sergio Denis desde que cayó al vacío desde un escenario. Y en el caso de Héctor Omar Hoffman, esta no es la primera vez en la que su perfil y su intimidad personal afloran a la luz con historias que dejan bien en claro que el hombre no siempre funciona en sintonía con el artista. Por eso las controversias familiares, la realidad ciudadana de un señor que no siempre supo qué hacer con su vida y también el andar de alguien que muchas, pero muchas veces se sintió solo sin saber qué hacer con su destino.

Amado millones de veces, ensalzado hasta el hartazgo, distinguido por todos los públicos, a la hora del silencio, cuando se apagan las luces del show, en el momento de volver a casa, Sergio ya dejaba de ser Denis y empezaba el duro peregrinar del señor Hoffman. Y ahí empezaba la otra historia. Hablo de la historia de la soledad, de los reproches, de la sórdida oscuridad de la locura que hasta lo llevaron a la internación en un neuropsiquiátrico. Esa es la vida y la foto que Sergio Denis no mostraba. La que elegía preservar para conservar los aplausos, la ovación, la admiración y la idolatría de la gente.

Por eso, pocos sabían que él no siempre estaba bien para subir a escena, grabar o cantar ante el público. Y esa nefasta noche de Tucumán, en el austero escenario del Teatro Mercedes Sosa, con pocas luces y sin señales de marcación fluorescente para que el artista supiera dónde pisaba, Sergio Denis cayó al vacío y también al drama. Porque ahí todo lo que él se esmeró en atesorar en su silencio afloró en las voces de sus afectos más cercanos.

Algunos pidieron oración, otros cadenas de rezo, otros marcaron la soledad en la que vivía Hoffman, y la gente se aferró en la fe y la esperanza de recuperar al autor de “Dame luz” o de “Vive”, y a quien le tocaba caminar por instancias contrapuestas a todo lo que Sergio se cansó de cantarle durante toda su vida.

Sergio está mejorando de a poco y es bien posible que con el tiempo, si su corazón resiste, vuelva a abrir los ojos. En ese momento necesitará que todos aquellos que dicen estar cerca de él lo estén más cerca que nunca, porque, si no, Hoffman no podrá soportar el peso del Denis que la gente ama, el artista por el que clama. Te lo digo yo.

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