@LuisVenturaSoy 

Después de varias polémicas y ardores encontrados, finalmente se entregaron los premios Martín Fierro a la Radio. A las emisoras de AM y también a las de FM con todos sus profesionales y contenidos. Los populares y visibles y los remadores e invisibles. Y una vez más, los valores radiofónicos demostraron la valía y la consideración de la gente, del público hacia un medio tan noble como lo es la comunidad del éter.

Muchos malos agoreros vaticinaron indiferencia hacia esta fiesta que ingresó a su 48 años de entregas y coronaciones, siendo esta fiesta la tercera temporada en la que Aptra realiza la premiación en forma independiente y autónoma. Porque la radio tiene genética y vida propia sin dependencia invasiva ni parasitante de nadie.

Por eso, cuando en esta fiesta en uno de los históricos salones del hotel Sheraton se encendió la celebración, aparecieron los duendes y la magia. Porque la fiesta y la televisación empezaron a desplegar sus galas, después de los improvisados cambios de fecha y horario (del domingo 25 que pasó al lunes 26 y que el inicio original de las 20 se adelantó a la Alfombra Roja de las 19.30) y de pronto Héctor Larrea tan rapidísimo como emotivísimo se ganó la primera gran ovación.

Luis Ventura - Foto: (Carlos Ventura/Crónica)

Lo hizo con recursos genuinos que lo mantienen vigente en su Radio Nacional, pero también distinguiendo a las nuevas generaciones de la radio y a los históricos que estaban presentes. Lo hizo con simpatía, con amor y con conocimiento profundo de lo que hablaba.

Y ahí surgió el verdadero Martín Fierro, el premio que crece, se reproduce y no envejece. Porque ahí también estaban Marcelo Longobardi, Andy Kusnetzoff, Luis Novaresio, Santiago del Moro, Pampita, Luciana Salazar, Guido Kaczka. Mariano Closs, Verónica Lozano, Marina Calabró… y muchos más.

Pero faltaba que reaparecieran los 70 años de radiofonía y de aire ininterrumpidos de Roberto González Rivero, popularizado desde el glorioso número “Ooochooo” de Riverito. Y la gente se llenó de emoción, las palmas se llenaron de aplausos y los ojos se humedecieron.

Y si faltaban emociones, de pronto aparecieron el prócer Cacho Fontana, con un discurso directo al alma con una historia de vida ajetreada y acompañado de una endeble Pinky que llegó en sillas de ruedas, pero quiso estar para contar cómo convive y comparte con el propio Fontana un hogar en el que pasan sus días, justamente escuchando mucha radio.

Andy Kusnetzoff - Foto: (Carlos Ventura/Crónica)

El premio de Oro fue para Kusnetzoff, el canal Net se quedó convencido de que está estructurado para televisar un evento de esta índole y el universo radial se dio el gusto de comprobar que la radio está más viva que nunca y que el Martín Fierro crece y no envejece. Te lo digo yo.

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