El humorista Gustavo Romano tiene muy en claro que el actor va primero. A pesar de que la comedia es su disfraz más usual -y el que más disfruta-, este artista de 29 años entiende que los desafíos son el incentivo más fuerte y no descarta la posibilidad de alguna vez abocarse de lleno a un rol dramático.

“Empecé a estudiar y trabajar en 2005 con cursos de teatro en Berazategui. Siempre me volqué al humor y actuando siempre terminé en la gracia, así me surgieron mis primeros papeles. Pero es una gran base la formación en lo actoral para después volcarse a lo que uno está buscando puntualmente”, explica Romano, que desde hace tres años se dedica de lleno al monólogo, de la mano del stand up.

“Siempre hice obras de teatro en grupo, con compañeros y con cuarta pared, es decir que no hablaba directamente al público. Eso era algo que me costaba, hasta que me lo tomé como un desafío y empecé a hacer stand up. En una obra siempre tenés un compañero en el que apoyarte, nunca estás solo”.

Este proyecto, que lo ha llevado en los últimos años a hacer shows en toda la capital y la provincia de Buenos Aires, ahora lo prepara para una serie de presentaciones en distintos bares de Palermo y una extensa gira por el interior del país. Pero cuando no está dedicándose a sus presentaciones humorísticas, Gustavo tiene una profesión muy particular que poco tiene que ver con lo que hace arriba del escenario: “Mi papá es panadero y tenemos un negocio familiar. Desde los 12 años que vengo aprendiendo el oficio y la verdad que me gustó, disfruto de cocinar y ahora vivo de eso”.

Panadero, “standupero”, humorista. Gustavo Romano es todas esas cosas, pero como él bien sabe, el actor está primero.