Se hace lo que se puede cuando uno no es del palo”, exclama de entrada José Luis Gioia, al hablar de la película que protagoniza. Conocido por todos como uno de los mejores humoristas nacionales, José Luis sabe que recién está comenzando en el ambiente (participó en “El secreto de sus ojos” y en varias ficciones dramáticas), pero en charla con DiarioShow.com habla honestamente sobre su vida como actor.

“Yo fui actor toda mi vida. Me dediqué a la rama del humor porque era lo que más sentía, pero ya subir al escenario hora y media para un unipersonal es también actuar, porque mi estilo es más actuado que contado, más interpretado. Son 15 personajes al mismo tiempo. No soy el típico cuentista o monologuista. Siempre trabajé el humor desde la actuación, y ahora estoy dejándome llevar hacia la actuación con dirección”.

Piensa un número y después se corrige: “¡42 años!”, expresa con alegría para hablar de su carrera. Es un orgullo. “Estoy muy relajado, tengo 63 años. No estoy corriendo atrás de una carrera. Tiene que ser disfrute. Por ahí hacés cosas para mantener la vigencia entre la gente, para no desaparecer. No estoy en la búsqueda. En algún momento quizás existió en mí esa búsqueda, pero yo nunca fui de golpear puertas. Nunca anduve atrás de algo, ni supe de directores, de productoras, o fui de esos que dejan currículum. Nunca fui así. Siempre trabajé, pero yo arranqué con humor en pubs. Siempre digo que me gustaría ganar lo que ganaba en esa época, porque hacía cuatro o cinco shows por noche. No paraba. Nunca perseguí la gloria ni el millón de dólares. Por ahí, si hubiese sido golpeador de puertas, habría trabajado más. Todo me costó más porque siempre esperé que me busquen. Siempre viví así, siempre me alcanzó. Todo lo que necesité lo tuve”.

No se guardó nada. (Foto: Nahuel Ventura/Crónica).

Prejuicios Gioia protagoniza “La guarida del lobo”, thriller que se estrena el jueves 28 en los cines. Si bien en sus trabajos dramáticos fue muy reconocido, con motivo de este nuevo filme recuerda que a veces las cosas no le resultan tan fácil para conseguir trabajo: “En este país hay mucho prejuicio con el humorista. Hay una gran realidad. Los comediantes son grandes actores dramáticos, pueden hacerlo con mucha facilidad. No es el mismo caso de los actores dramáticos con la comedia, que les resulta mucho más difícil. En el humor son tiempos difíciles, es un ritmo especial, musical, casi como el final del tango, que es chan-chan”.

"Con eso se nace. No se puede enseñar el humor. Se puede ir a escuelas de standup para saber cómo escribir, pero tampoco se puede hacer mucho. No hay una gran cantidad de standaperos buenos. Hay buenísimos porque tienen una forma de decir las cosas. Hay gente que no es profesional, pero tiene una impronta especial”.

En la actualidad existe un cambio de paradigma social que engloba muchos ámbitos. Dentro de ellos, se empezó a analizar el humor en nuestro país, porque algunas situaciones o expresiones machistas o discriminatorias que antes eran consideradas divertidas hoy son mal vistas.

Al respecto, el cómico explica que “a mí no me preocupa, no me da problemas el feminismo ni nada. Porque yo no soy agresivo en el escenario. Yo hago humor de lo cotidiano, no de la actualidad. Mi relato va con cualquier público. Hablo de la mujer, pero no agredo ni menosprecio”

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