@LuisVenturaSoy

Más de 200 estatuillas entregadas por año. Más de 600 nominaciones a ser los mejores de la temporada. Numerosos hoteles de alta gama. Salones lujosos. Conductores de primera línea. Comida internacional y televisaciones en vivo por las pantallas más prestigiosas de nuestro país, con los diseñadores clásicos y de vanguardia, los vestidos más costosos, los trajes más elegantes... El Martin Fierro siempre está en cualquiera de sus modalidades, que cada vez son más. 

Porque está la premiación de la Televisión Abierta, la del Federal, la de la Televisión por Cable, la Moda, la del Digital, de la Radio y la del Latinoamericano que se realizará en Miami en lo que podría llamarse el primer premio de exportación argentina. A pesar de todas estas celebraciones con suculentas cenas y todas las fiestas que encierra la aparición de un Martín Fierro, la realidad marca que es el premio que enoja y enamora. Porque por un lado reclaman si están nominados, o no. También si el rubro no es el que imaginaron, o si tienen competidores imbatibles dentro de la terna. Se fastidian si no les toca por las mesas de adelante o si en ella no tienen a alguna estrella con la que sacarse fotos o aparecer en pantalla. Y ni hablar a la hora de las coronaciones cuando en el de la Radio se llevaron 31 estatuillas que enamoraron y quedaron cientos de no ganadores que insatisfechos refunfuñaban con ánimo de castigar al premio o a la entidad de periodistas que lo creó.

La Negra Vernaci se llevó el Oro en la última entrega de Los Martín Fierro de Radio

Es cuando el enojo le gana al enamoramiento, entonces aparecen los insatisfechos y renegados para pedir cualquier cosa con ánimo de reproche. Con espíritu de vendetta. Piden más invitados, más premios, más comida, más shows, ser considerados y lo hacen sin tener medidas de nada. La mayoría de los declarantes hablan sin tener ideas de costos, de espacios, de reglas de votaciones y sólo exigen cosas imposibles. Porque piden renovación de nombres pero al mismo tiempo que se vote a las grandes e inamovibles figuras de los rubros.

Piden, exigen, reclaman, reprochan, critican, se enojan y nunca aportan, nunca una idea, jamás una suma, todas restas y divisiones. Por eso yo me pregunto: si la tienen tan clara, ¿por qué no organizan su propio premio y hacen todo lo que imponen, y ordenan para que les sirvan los demás sin que ellos muevan un dedo desde el Olimpo de la inoperancia?.

No me cuesta mucho darme cuenta de que habiendo tantos premios en acción, la mayoría sólo le exige al Martín Fierro todo lo que no piden a los otros galardones que con poco o casi nada pasan inavertidos. Es hora de que muchos empiecen a darle al premio del gauchito el lugar y la importancia que realmente merece. Te lo digo yo.

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