La noticia- ese 25 de mayo de 2001- causó un profundo dolor y consternación. La misma daba cuenta que el destacado actor de cine, teatro y televisión, Arturo Francisco Maly había fallecido en la ciudad cordobesa de Morteros, al límite con Santa Fe, a raíz de una crisis cardíaca. Como se sabía, el artista iba a presentarse en la citada ciudad con la obra "Sinverguenzas".

Maly, de 63 años, había llegado un día antes de la función a Morteros, desde otra ciudad de Córdoba -provincia donde se encontraba de gira desde hacía una semana junto al elenco del citado espectáculo. Su descompensación se generó cuando se encontraba solo en la habitación del hotel y empezó a sentir molestias y dolores cardíacos. Maly  alcanzó a abrir la puerta para avisar lo que le estaba sucediendo y se desmoronó en el pasillo. Inmediatamente, Diego Díaz, Toti Ciliberto, Cutuli y Esteban Prol, sus compañeros de elenco, llamaron a un servicio de emergencias que intentó reanimarlo sin éxito y que fue derivado, de manera urgente, a un sanatorio privado donde falleció al poco tiempo.

El popular actor, famoso por sus papeles de villano, había participado recientemente del estreno de la película "La Fuga" de Eduardo Mignona, donde interpretó a un escribano corrupto. Su deceso había provocado una gran tristeza ya que poseía una extensa trayectoria actoral, a través de la cual alternó papeles en cine, televisión y teatro. Puntualmente, su deceso caló muy hondo en el público que había seguido con atención cada una de las instancias de su carrera como así también a toda la colonia artística, debido a que Maly siempre se caracterizó por ejercer una acción solidaria y de permanente ayuda para sus compañeros de escenario. Cabe señalar que si bien durante su importante paso por la actividad actoral, Maly fue identificado, popularmente, como el "malo" de las telenovelas, rol que desempeñó en producciones como "Amor Latino" y "Muñeca Brava", sus  condiciones interpretativas y el manejo del oficio coadyuvaron, siempre, a que fuera convocado a otro tipo de papeles dramáticos. 

De visita, en la puerta de la Crónica. (Foto Archivo Diario Crónica)

Una trayectoria para recordar

Desde sus comienzos, en 1970 y hasta su muerte en 2001 hizo más de 50 apariciones en el cine y la televisión . En 1991 ganó un "Martín Fierro" como mejor actor de reparto por el programa "Atreverse" y en donde plasmó, por otra parte, uno de sus aportes más destacados para el mundo de la pantalla chica. En "Atreverse", insistimos, tuvo la posibilidad de exponer sus grandes condiciones histriónicas. Por otra parte, en 1982 recibió un Premio Cóndor de Plata como mejor actor revelación ―aunque llevaba 22 años como profesional― por su labor en "Tiempo de revancha", la magistral creación de Adolfo Aristarain. Como consignamos antes, en la televisión puso su impronta artística de particular cuño en grandes trabajos en los ciclos "Hombres en pugna", "Atreverse", "Celeste", "Nano", "Uno más uno", "El último verano", "Laberinto", "El signo" y la muy exitosa "Muñeca brava".


Su paso por el mundo del cine

En el "Diccionario de actores del cine argentino" de los autores Roberto Blanzo Pazos y Raúl Clemente, se destacó que Arturo Maly "se inició en un corto dirigido por Eva Landeck en el que también actuaba Agustín Alezzo. A este trabajo le siguió el mediometraje "Repita con nosotros el siguiente ejercicio", dirigido por Anibal Di Salvo (histórico fotógrafo de nuestro séptimo arte) y en el que Maly formaba pareja con Nelly Tesolin. Excelente actor (Maly) y que registra, por otra parte, varias actuaciones destacadas en teatro, su fuente vocacional. "Atendiendo al señor Sloane", "El señor Galíndez", "Sueños de náufrago" junto a Hugo Arana y el unipersonal "Dios Salve a la reyna" que llevó a cabo en el teatro Regina fueron trabajos memorables. En cine fue dirigido por Oscar Barney Finn, Adolfo Aristarain, Sergio Renán, Lautaro Murua, José Martínez Suárez y Héctor Olivera. Algunos de sus personajes más logrados estuvieron centrados en "Tiempo de revancha" (premio revelación masculina, Cronistas de Cine), "Ultimos días de la víctima", "No habrá más penas ni olvidos", "La parte del león" y "Cuatro caras para Victoria". Si bien supo interpretar personajes de matices perversos , también, en muchas oportunidades el antihéroe se convirtió en uno de sus papeles predilectos. 

"La parte del león" (1978) con Julio De Grazia.

Participación política

Fue militante en el terreno de la política y pudo vérselo en gran cantidad de actos del Frepaso, antes del quiebre de la Alianza. Estuvo en los palcos cuando Graciela Fernández Meijide fue elegida constituyente porteña y cuando le ganó al PJ en el 97. Pero en el último acto político en el que partido fue, puntualmente, en el lanzamiento del movimiento "Argentinos por una República de Iguales (ARI)", que encabezaba, por aquel entonces, Elisa Carrió.

"Memorias y olvidos"

Sin lugar a dudas, uno de los filmes en el que Arturo Maly transitó toda su gala de recursos y compromiso con la profesión fue, precisamente, "Memorias y olvidos " (1987), del recordado realizador y docente Simón Feldman. Se trató de una película auténticamente federalista, en la que Feldman recogió testimonios a lo largo y lo ancho del país, que hurgaron en nuestras características más constantes y enraizadas con nuestro devenir histórico.

Sin obviar el humor ni la ironía, la anécdota del citado filme nos mostraba a un productor de televisión que intenta realizar un programa sobre el país con el objetivo de venderlo al exterior  y con el abordaje de los siguientes interrogantes: ¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Cómo llegamos a esta realidad? (la de aquellos años) Para ello, le asigna a dos periodistas, la realización de numerosos reportajes a habitantes del norte, centro y sur del país, y en donde debían reunir un valioso material de archivo cinematográfico. En su tarea, cada uno de ellos, un peronista y un liberal, sólo van a utilizar aquél material que sirva para reforzar sus respectivas posiciones. Al mismo tiempo, el productor convoca a un investigador suizo, quien mediante la utilización de datos extraídos en internet, conjugará otros aspectos de nuestra realidad; dramáticos, humorísticos conmovedores y que despertaran una intensa polémica entre los integrantes del equipo de trabajo.

"Sueño de naúfrago": una obra inolvidable

En el desaparecido Teatro Fundart, sobre la avenida Corrientes, a metros de Esmeralda y, a la vuelta de lo que era esa sala magistral que fue el Odeón, en 1985, se conoció la obra "Sueños de náufrago", del escritor Eduardo Rovner, con la dirección de Sergio Renán y las actuaciones protagónicas de Hugo Arana y Arturo Maly y un elenco que se completaba con los aportes de Salo Pasik, Constanza Amaral y el debut de Sheila Anzarut

Junto a otro grande, Hugo Arana.

En la alborada de la Segunda Guerra Mundial, Eugenio (Arturo Maly) es un escritor comprometido socialmente y se encuentra obsesionado con el devenir de la sociedad, sin embargo, como una suerte de alter ego se le va a presentar, de manera constante, Arístides (Hugo Arana), un sobreviviente a la deriva que lo va a incomodar y a perseguir sin descanso. Y lo va a hacer en forma sistemática ya que lo único que le interesa es el placer mundano, la bebida y las mujeres. A medida que transcurre la obra se agudiza la dicotomía entre responsabilidad, compromiso, ideología y libertinaje. El enfrentamiento de la conciencia quedará establecido desde el vamos, y esa lucha interminable entre el bien y el mal será el núcleo central de esta historia, combinada, por otra parte, con muchos segmentos de humor. En definitiva, dos excelentes actuaciones de Maly y Arana y que quedaron registradas en el capítulo de oro la historia de la escena nacional.

Muerte de un gran actor desocupado

Por José Pablo Feinmann

Era el mes de enero de 1982 y Adolfo Aristarain empezaba a filmar "Últimos días de la víctima". Ahí conocí a Arturo Maly. Se filmaba en una locación al aire libre. Había un sol tenue y una brisa incesante. Se puede ver en la película. Arturo hace su escena con Elena Tasisto. Arturo era Külpe, el tipo al que sigue Mendizábal, que lo hacía Luppi. Corte. Arturo viene y me lo presentan. Lo conocía bien. De "La parte del león" y de "Tiempo de revancha". Un actorazo. Después nos conocimos mejor. Nos hicimos amigos.

A Arturo Maly siempre le importó mucho este país. También sintió siempre que este país no le daba lo necesario. Que no lo alimentaba. Que no podía con su trabajo, con su talento, ganar lo suficiente para vivir tranquilo. En 1987 se fue a Puerto Rico a hacer telenovelas. Recuerdo el comentario de alguien: “Perdemos un actor, eh”. En Puerto Rico volvimos a encontrarnos. Yo había ido por la filmación de "Tango Bar". Cierta noche cenamos con Raúl Juliá, que le pregunta a Arturo por qué está en Puerto Rico. Arturo le dice: “Porque mi país no me alimenta”. Luego, volvió.

Había hecho –en la tele, en 1984, creo– una maravillosa interpretación del obsesivo coronel del cuento de Walsh “Esa mujer”. Estaba muy orgulloso de eso. En enero de este año –cenando con Patricio Contreras y Juan Cosín, como a menudo lo hacíamos–, se acordó de esa interpretación. “Miren”, dice, “las cosas que hacía yo en televisión: Walsh”. Y lo dice como diciendo vean lo que tengo que hacer ahora, desde hace diez años más o menos. “Pero no importa”, añadía, “Ahora la cosa es tener laburo”. Alguna vez volverá la calidad. Como sea, él la lograba siempre. Todos recuerdan sus villanos televisivos, la excelencia actoral que ponía en ellos. Era fantástico Arturo. En Hollywood hubiera sido Robert Duvall. O Ed Harris. Un segundo que siempre es primero. Una estrella que raramente encabeza un cast, pero es una estrella.

Eduardo Mignogna –el lunes pasado– me dijo: “En la función de ayer la gente se puso de pie y aplaudió cuando salió Arturo”. Lo querían. Era la primera de la noche de "La fuga" y lo aplauden dos veces a Maly: cuando sale su nombre en los créditos y cuando aparece. Se paran cuando aparece. No son muchos los que logran eso cuando se van de este mundo. Tanto lo querían. Era un villano y lo querían.

A este asiduo villano lo asediaba el tema del Mal. Lo llevaba en su apellido. Si le sacan la “y” a Maly, queda solamente y nada menos que Mal, el tema que asediaba a Arturo. Sabía mucho de historia alemana. Conocía a fondo, padeciéndolos, los horrores del nazismo. Eran alemanas las raíces familiares de Arturo. Un día llega y cuenta: “Hace tiempo estudié los nombres de todos los campos de concentración del nazismo. Hay uno que se llama Maly. ¿Se puede saber eso y no ser un trágico?”. Siempre había algo de urgente, de inminente en Arturo. Como si lo corrieran. O como si escapara de algo. Era alegre, jodón, se reía mucho, comía y tomaba y contaba chistes, pero nunca parecía tranquilo del todo.

Durante el último año y medio nada le salió bien. Arturo era del Frepaso, era muy amigo de Chacho Álvarez, jugaban juntos al tenis. “Sos la farándula de Chacho”, solía decirle yo. Arturo (que luchaba por este país porque quería, alguna vez, vivir en él sin miedo) sufrió mucho por lo de Chacho. Sufrió por todo. Sufrió, paso a paso, el deterioro de un proyecto en el que había creído, o había deseado creer. “¿Te seguís viendo con Chacho?”, pregunto. “No, ya no. Casi nunca. Está deprimido. Qué sé yo qué le pasa”. Se ríe y dice: “Está como el país”.

Desde hace un tiempo hacía una obra sobre desocupados: "Sinvergüenzas". La de esa película inglesa, la de los tipos que se quedan sin laburo y hacen strip- tease. Quedarse sin laburo no sólo era lo que le pasaba a su personaje, era el más grande miedo que Arturo tenía. Para entendernos: Arturo era un gran actor, pero no un santo. Acaso viviera más allá de sus posibilidades y eso lo angustiaba mucho. Podría haber reducido gastos. Vender el coche. Cambiar de casa. No sé, algo así. Pero confiaba en que siempre habría de surgir algo. Sobre todo en televisión, claro. Donde tan sólidamente se había instalado, donde sus villanos parecían insustituibles. Pero no. Su muerte es consecuencia de la realización de su pesadilla más tenaz: Arturo Maly murió como un desocupado. Murió de tristeza porque su país –una vez más, peor aún que cuando se fue a Puerto Rico– dejó de alimentarlo.

Me lo dijo exactamente el 12 de mayo. Lo llamé por teléfono para invitarlo al estreno de "El amor y el espanto", que era el 14. Estaba en cama. Hablaba como ronco, con una voz muy apagada, con un desaliento irrestañable. “Sí, voy a ir”, me dijo. Y añadió: “Aquí, si no te ven, creen que estás enfermo y no te llaman más”. “Pará, no es para tanto”. “Oíme, querido”, dice, “¿Sabes qué me pasó hoy? Me echaron de la tira”. “No me jodas, no puede ser. Te darán algo nuevo”. “Sí, de mucamo que dice el almuerzo está servido”. Se detiene. Escucho, siento su respiración. “Quedate tranquilo. El lunes estoy ahí”.

El lunes estaba. Estaba flaco, pálido y se cerraba el sobretodo sobre el pecho, sobre el cuello, como si tuviera frío. Fue la última vez que lo vi. No se cansaba de decirle a todo el mundo que estaba bien, que estaba sano, que no había tenido nada. Tenía 63 años. Un año atrás se había puesto unos pelos sobre la cabeza. Un injerto que se hizo en Brasil porque también sabía que ser pelado era un peligro, que podía perderlo todo por eso. Pero no lo perdió por eso. Zafó de la pelada, bastaron unos cuantos pelos que luego se peinaba como si fueran un tornado. Cuando se apareció por primera vez con el injerto, semejaba un pájaro loco, loco y temeroso. “Tranquilo, Arturo. De la pelada zafaste”. No zafó del corazón. Tuvo algo en enero, durante la gira de "Sinvergüenzas". Le dijeron que no había sido nada. Que siguiera. Siguió. Y otra vez tuvo algo en mayo, en Rafaela. Otra vez le dijeron que no era nada. Otra vez le dijeron que siguiera, pero no pudo. “Me echaron de la tira”, me dijo el viernes 11 de mayo. Se murió dos semanas después, el 25, el día de la patria. Algunos diarios titularon: “Se murió un gran actor”. También podrían haber dicho: “Se murió un desocupado”. Y también: “Se murió de argentinitis”. Porque Arturo Maly se murió de eso. Lo mató el país.

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