@RFilighera

Hombre de los medios, intelectual por vocación y espíritu autodidacta, locutor y animador señero de una etapa inolvidable de la radiofonía argentina. Su impronta, su estilo, su decir, su búsqueda han dejado un camino de docencia enraizado con el buen gusto, la sensibilidad, la música, la literatura y el cine. Aquellas charlas magistrales con Jorge Luis Borges y con diferentes integrantes del show en general ubicaron a Antonio Carrizo en un capítulo fundamental del entretenimiento en todos sus factores y posibilidades.

Antonio Carrizo, nacido como Antonio Carrozzi (General Villegas, Buenos Aires, 15 de septiembre de 1926 - Buenos Aires, 1º de enero de 2016), desarrolló un amplio y generoso camino profesional en calidad de periodista, locutor, animador y divulgador permanente de la literatura, en todos los terrenos.

En este sentido, se destacó como bibliófilo y estuvo vinculado con la imprenta Colombo, donde se preparaban, prácticamente a mano, ediciones de grandes clásicos argentinos. Y como si esto fuera poco, en calidad de practicante de ajedrez, estuvo vinculado a los grandes exponentes de esta actividad; a modo de ejemplo, el mundialmente famoso Bobby Fischer. Además, Carrizo fue presidente de la Asociación Argentina de Ajedrez.

Dueño de un estilo inconfundible, con su voz potente y firme y a la vez armoniosamente modulada, debutó en 1948 en Radio El Mundo y al poco tiempo se convirtió en jefe de programación, dándole una instancia de mayor relieve a la información. Años después, en Radio Rivadavia, condujo durante décadas el programa periodístico-musical “La vida y el canto”, ciclo fundamental en la historia del éter nacional.

Con Juan Carlos Calabró formó una amistad y dupla laboral.

Por otra parte, fue conductor de ciclos periodísticos televisivos como “La primera de la noche” en Canal 7, en la década de 1970, así como también el conductor de “Juntos”, programa periodístico en el que estuvo acompañado por Liliana López Foresi, y cuya producción ha sido del emblemático Roberto Fontana. Durante años también fue el partenaire de Juan Carlos Calabró en su sketch “El Contra” en el programa “Toda estrella tiene su contra” (1989-1997), donde también expuso sus dotes para el histrionismo y el humor.

En charla con este medio, nota que se le realizó el 20 de abril de 2001, el popular Tony evocó aquellos paisajes lejanos de General Villegas, pero siempre cercanos a sus afectos más profundos. “El problema es que yo empiezo a tener recuerdos y eso es embromado. Llegué a Buenos Aires hace 52 años y a los cinco tenía recuerdos de mi infancia y de Villegas, pero 15 temporadas después me fui a la televisión y a Radio Rivadavia y empecé a evocar cosas de Radio El Mundo. Ahora ni eso tengo, cuando un hombre cumple años, todo entra en una gran letanía. Vos me preguntás por el paisaje de Villegas y realmente no sé. Las cosas han cambiado muchísimo. El paisaje de la pampa se modificó, ahora están las rutas asfaltadas, campos inundados; cuando yo era muchacho, esto no se veía, estaban los caminos de tierra. ¿De qué se va a acordar el hombre cuando cumpla 130 años? La memoria no es peligrosa, pero únicamente para el dueño de la memoria de los demás, ahí nomás te hundís en un abismo. Hay un poema de Borges que dice: ‘La memoria que nadie puede mirar sin vértigo’”.

Junto a otra gloria de la radio: Héctor Larrea.

La juventud

“En Villegas era un gran recitador de versos, sobre todo para las fechas patrias. Leía como un loro y muy bien. Después fui locutor de la propaladora del pueblo y más tarde hice locución en toda la pampa y posteriormente vine a Buenos Aires. Me probaron y empecé a trabajar en El Mundo y Del Pueblo, junto a verdaderas leyendas de la radiofonía. Pero son nombres que a algunos lectores les puede decir algo y a otros no. A mí me parece mentira que a alguien el nombre de Jaime Font Saravia no le diga nada. Que suceda lo mismo con Julio César Barton o Iván Casadó. Eran mis compañeros maestros cuando llegué, poco mayores que yo”.

Sueños y descubrimientos

“Todo lo recibí relajado, como recibí el amor. Con facilidad, con gran suavidad, profesionalmente me sentía muy capaz. Era una muchachada muy buena y trabajaban en un medio muy exitoso, en consecuencia, no le tenían miedo a una persona nueva, te ayudaban, te aconsejaban; era un mundo muy ligado a la noche, muy vinculado a la gente. Las orquestas, el cabaret mismo, estaban prácticamente en la radio porque te venían a buscar. Un mundo diferente al de hoy, en el que las radios y los canales de televisión han conseguido separar a los profesionales. Ahora se hacen programas de tres o cuatro horas y no se conocen con la gente del ciclo siguiente. Lo mismo sucede con la televisión con los videos y las cosas grabadas. Antes había promiscuidad que desembocaba también en una promiscuidad sexual. Había amores, atracciones, traiciones y deslealtades, te estoy hablando del amor, ahora ni eso”.

Bohemia y Buenos Aires

“He tenido la suerte de conocer una ciudad distinta. Me empapé de la última década, la que fue del ’45 hasta el ’55. Había una gran familiaridad en la noche de Buenos Aires y esto tenía que ver con las orquestas típicas, los cabarets, los teatros, los cines. Ahora la televisión jodió todo. La gente no sale de su casa y la noche es otro tema. Vos vas a la calle Lavalle y te encontrás con una noche entre marginal y densa. Es una noche mal vestida. Yo recuerdo en una oportunidad salir con mi mujer del cine Luxor, habíamos ido a comer, a la una de la madrugada y de repente nos topamos con una diosa, una mujer impactante que era Nélida Roca, con un vestido ajustado. Había salido del Teatro Maipo y seguramente iba a cenar. Esa imagen nos subyugó”.

La música ciudadana

“La noche era del tango: Pichuco Troilo en el Tibidabo, D’Arienzo o Di Sarli en el Marabú, Héctor Varela inaugurando su orquesta en el Chantecler. Después apareció un fenómeno que terminó con el espectáculo nocturno de la calle Corrientes; las librerías nocturnas y baratas. Esto hizo que los muchachos de la izquierda, revolucionarios y combativos en lo social, pero sin mucha guita, se hicieran dueños de esas noches. Luego vino el Teatro General San Martín, con espectáculos de gran calidad y muy accesibles, los cines arte para cierto tipo de público y esto terminó con la noche de la calle Corrientes. De esta manera, se convirtió en una noche universitaria, de izquierda literaria, intelectual, llena de antropólogos”.

Personajes nocturnos

"Adolfo Pedernera, el Charro Moreno, Mario Boyé, los jugadores de fútbol no le tenían miedo a salir de noche. Era la calle Corrientes y algunas otras que la cruzaban. Ahora, la noche se desperdigó. Ante el avance de esta clase intelectual, la burguesía, clase media alta -que era la dueña de la noche- se recluyó y se hizo secreta. Uno nunca sabe dónde está la noche, sospecha que está en algunos lugares de la Recoleta, en algunos lugares de Belgrano, en algunos lugares de Puerto Madero, sospecha porque estas noches no se ven”.

Los escritores

“Yo empecé a conocer a los escritores después del ’55, debido a que antes hacerle una entrevista a un escritor en una radio se trataba de una cuestión bastante jodida. Después de esa fecha hubo como una especie de explosión, del uso de la libertad. En definitiva, la libertad siempre estaba ahí. Antes del ’55 no te prohibían hacerle una nota a Borges, aunque, por si acaso, no se hacía, ya que podía no gustarle al director de la radio. Luego, los escritores y políticos entraron como en malón a la radio. Y hasta se pusieron exigentes del pobre medio artístico que lo único que había hecho era cantar y tocar un tango, hacer radioteatro y ganarse la vida. Ahora el mundo artístico ascendió y los escritores se mezclaron con la farándula”.

Arturo Jauretche

“Yo le hice muchas notas a Jorge Luis Borges, pero si tuviera que elegir a un amigo, la elección recaería en Arturo Jauretche, con quien compartí muchísimos momentos. Era un hombre que siempre estaba en soledad: los antiperonistas no lo querían y a los peronistas no le caía muy simpático debido a que le tenían un poco de resquemor. Quizá, sus ideas hoy en día no estén muy vigentes, no sé, por otra parte, no me interesa, lo importante es que era muy querido, divertido y nos profesábamos una mutua amistad. Por otra parte, mi refugio intelectual estaba en tres librerías: Viau, Casa Pardo (Maipú y Tucumán) y Fernández Blanco, en Tucumán al 700”.

La televisión

“Yo inauguré Canal 13 y llegué a realizar una serie de programas muy famosos como “Casino Philips” y “Guitarreada”, que fue el gran encuentro entre la juventud y el folklore, a principios de los años sesenta. Ahí nacieron Hugo Carregal y Víctor Heredia. Después me llevaron a Canal 9 y a partir de la ida de Pipo Mancera a Canal 13, formé parte de “Sábados continuados” con toda la barra de Palito Ortega y Chico Novarro. Los chicos del Club del Clan hicieron toda una revolución; rompieron los marcadores”.

El Polaco Goyeneche

“Formó parte de la historia grande del dos por cuatro. El Polaco es un fenómeno artístico, es el último gran artista del mundo tanguero. Uno nunca llegaba a saber por qué el Polaco llegaba a entender tanto una letra de tango. Cuando se creía que del pañuelo ya no salía una gota de lágrima, Goyeneche apretaba aún más el pañuelo y lograba que se piantara algún lagrimón más. Roberto fue un milagro, nadie cantaba como él cantó".

Junto al Polaco, uno de sus grandes amigos.

Las estrellas

“Antes eran nuestras, ahora te las llevan a un fastuoso hotel y de ahí a un estadio de fútbol. En cambio, en otras épocas, uno podía comer con gente como Nat King Cole o jugar ajedrez con Dizzy Gillespie, a quien llevé, precisamente, a Radio El Mundo”.

Vittorio Gassman

“Le gustaba muchísimo Buenos Aires y ya en su primer viaje hacia estas tierras me hice muy amigo de él. Venía a comer a casa e íbamos a ver a Boca juntos. Gassman fue el referente más cercano al límite entre cultura y arte. Una personalidad imponente”.

Entrevistando a Vittorio Gassman, un lujo.

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