@tomasdv55

Las puertas del Hospital Británico se abrieron rápidamente. Corría la segunda semana de octubre y Marcelo Iripino debía estar en otro lado. El teatro Ópera lo esperaba repleto para la presentación de "Bien argentino", en la función que trajo la obra a Buenos Aires luego de un exitoso recorrido por todo el país, pero la bacteria que llenó de líquido sus pulmones no sólo sacaba a Marcelo del escenario, sino que además le preparaba una internación en terapia intermedia por más de 15 días.

"Fue un bajón muy grande porque no me lo esperaba y cuando volví al escenario me temblaban las piernas. Yo me bajé de un show con un dolor que no podía caminar. Después de la operación no sabía si me iba a quedar sin aire. Pensé mucho en mi Sagrado Corazón, que me acompaña siempre, y la verdad que cuando aplaudió el público y se prendió la luz, sentí que volvía a vivir", afirmó.

Las palabras que utiliza Iripino para describir lo que sintió cuando pudo superar su repentina enfermedad no pueden ser más representativas de lo traumático del episodio. Ya recuperado, el histórico coreógrafo de Susana Giménez pone la vista en un futuro que lo aleja de la danza, su principal profesión en la mayor parte de su carrera, y lo acerca a otra de sus pasiones: el canto.

Con nuevas canciones originales que formarán parte de su primer disco de música latina llamado "Motivos" y la temporada que lo llevará de vuelta a Carlos Paz con el espectáculo de folclore, Marcelo tiene la fe de que lo mejor de su carrera está por delante.

En diálogo con DiarioShow.com contó detalles sobre su creatividad culinaria, su profundo amor por sus mascotas y su desagrado por el nivel de violencia que ve en las redes sociales.

-¿Cocinás?

-Me gusta mucho la pasta y lo dulce. Invento mucho con lo dulce. Invito a comer a cualquier amigo y lo uso de conejillo de indias. Cuando me dicen "qué rico", ya queda como el postre Iripino. Me gusta inventar y crear.

-¿Y un plato que sea tu debilidad?

-Los ravioles. Soy un verdadero cementerio de ravioles (ríe).

-¿Tenés mascotas?

-Sí. El amor de mi vida es Zashila, una golden que ya va a cumplir 14 años. Uno ya se va preparando, aunque nunca está realmente preparado. Y una gata, Clara. Fue muy gracioso porque estaba en el fondo y en realidad no era nuestra. Se iba a la casa de al lado, pero terminó eligiendo la nuestra y ahora la tenemos aquí. Si pudiera tener más animales, lo haría.

-¿Mirás televisión?

-No, desde hace un año. Veo alguna cosa suelta que me interese, que me llene un poquito, pero estoy muy copado con Netflix y miro muchos videos en YouTube. De afuera, musicales, esas cosas. La televisión me hartó, me aburre. Me agota la cabeza, es sopa todos los días. Aparte me preguntan de gente que no conozco. La gente se cree todo. Nosotros mismos estamos destruyendo la televisión y no nos damos cuenta. Los que hacemos programas de televisión a veces vamos por el rating y eso está perfecto, pero a la gente hay que darle cosas interesantes y hoy la tele no tiene espacio para todos.

-¿Qué ves en teatro?

-Me gustan mucho las comedias musicales, pero soy más fanático de las comedias dramáticas. Me fascina el laburo del actor, ver cómo construye el personaje. Ahora analizo qué me pasa con el actor a mí, qué me pasa con el personaje, si me lo creo, o no.

-¿Cómo te llevás con las redes sociales?

-Más o menos. Las uso para subir fotos en Instagram. Twitter poco y nada, porque es muy agresivo, me parece demasiado apocalíptico y eso no me gusta para nada. La gente insulta mucho. Lo tengo porque a veces posteo algo y también tengo gente divina que me sigue, pero se volvió algo muy feo.

-¿Tenés tatuajes?

-Sí, el primero que me hice fue la cruz del amor, que lo voy a reciclar un poco, le voy a hacer un rosario, algo distinto. Después una estrella que me encanta y un alien que lo tengo que arreglar, porque el primer día que me lo hice dije “qué divino” y es realmente un monstruo, una porquería (ríe).