@tomasdv55

"Tuve un fin de año bastante power. Me mudé al departamento donde vivía mi mamá y donde me crié. Lo refaccioné todo y viste que siempre los arreglos son una historia”, empezó a relatar Carolina Papaleo, y el cambio derivó en un recuerdo de tintes paranormales que llamó la atención de muchos. En una entrevista con Catalina Dlugi, la conductora le contó a Papaleo una anécdota de su madre, la reconocida actriz Irma Roy, quien aseguraba que su primer marido, Eduardo Cuitiño, se comunicaba con ella desde el más allá, tirándole libros de la estantería.

“¿Querés que te cuente yo?”, le retrucó Carolina y siguió: “Un día estábamos ordenando los libros abrí un placard y me cayó uno en la cabeza. Cuando lo abrí, tenía una foto de ella adentro”. La impresión inmediata del público -y los portales de noticias- fue que la actriz había tenido un episodio místico de comunicación con el fantasma de su madre, que falleció el 14 de junio de 2016.

Pero DiarioShow se contactó en exclusiva con Papaleo, quien, a pesar de que se encuentra de vacaciones, respondió y aclaró cómo fue realmente aquel extraño suceso. “Vi que los portales levantaron mi relato, pero no quiero hablar más del tema. Catalina me contó esa anécdota, que mi mamá decía: ‘Pará, Eduardo, de tirarme los libros’ y yo le dije que a mí me hace lo mismo. Fue hace más de un año, en la época en la que estaba ordenando la casa”, explicó la versátil actriz de cine, teatro y televisión, que además marcó el tono en el que se tomó esa historia: “Me pasó lo del libro y dije: ‘Pero mamá, ¿no le decías a Cuitiño que no te tirara los libros?’. Si sale ‘Carolina Papaleo habla con el fantasma de su madre’, quedo como Alfano, que hablaba con las tostadas o Nacha escribiendo en el espejo. Quedo como una loca y no quiero construir ese personaje”.

Por Alfano, se refiere a Graciela y su “relación personal” con las tostadas. “Cuando estoy desayunando, les hablo”, había dicho la vedette hace ya dos décadas, y la frase quedó para la historia. Por otro lado, Nacha Guevara, en la misma época, tenía un programa llamado “Me gusta ser mujer”, en donde incentivaba a las jóvenes a motivarse a sí mismas escribiendo en el espejo con lápiz labial cosas como “me quiero y me valoro”. De modo que Carolina fija postura para que no la comparen ni carguen con aquellas historias peculiares o sobrenaturales de sus colegas a las que los medios tildaron de “personas místicas”.