@TomasDV55

"Dame un instante... así no nos molestan". Gastón Pauls no apaga su celular pero lo deja bloqueado y lejos de él. Respetará su promesa y no volverá a ver una pantalla hasta dentro de un rato, una vez finalizada la entrevista que en exclusiva brindó a DiarioShow.com.

Todo indicaría que esos compromisos que se impone a sí mismo le son de mucha ayuda. Para conocerse más, para jugar con sus límites, para ser mejor. El resultado es un Gastón presente que habita el momento en el que está y se deja atravesar por lo que pasa a su alrededor. Quizás sea por eso que no le cuesta profundizar rápidamente en la conversación.

"No estoy haciendo esto porque es un negocio. A mí me gusta lo que hago, entonces voy con todo. Tuve la oportunidad de jugar algunos partidos con Maradona y en un momento, cuando lo agarro para que no pase, me tira un codazo re fuerte. Ahí dije: ‘Claro, este juega de verdad siempre. Para él siempre es la final’”, relata el actor, presentador de televisión, escritor, director y productor, y agrega: "Sería un trucho si lo hiciera de taquito, o si lo hiciera sin poner lo que hay que poner. En algunas películas sucede que contás algo que está más cerca tuyo o resulta más fácil; en este caso, algunas cosas que yo tenía que decir, las entiendo pero no las terminaba de incorporar. Para decir las cosas que se dicen en este largometraje, uno lo puede actuar, tengo la experiencia para saber cómo hacerlo, pero yo no quiero eso, quiero que pase. Y para eso uno tiene que entregar y soltar”.

Rara vez Pauls sale de la reclusión mediática en la que se encuentra desde hace algunos años, salvo que encuentre un motivo lo suficientemente válido como para hacerlo. En esta ocasión, la excusa es “Palau”, su último filme, en el que interpreta al predicador evangelista argentino Luis Palau, una carismática figura que con su mensaje cristiano llegó a más de 22 millones de personas viajando por 80 países del mundo.

Gastón Pauls, a la derecha, personificado como Luis Palau.

Palau dice algunas cosas que hace muchos años estaban muy alejadas de mí y que hoy, gracias a Dios no, están muy cercanas”, reconoce Gastón a los 47. “En 2003 yo estaba haciendo un ciclo documental que se llamaba “Ser urbano” e hicimos un programa sobre la visita de Palau a la Argentina. Acompañé a la gente que iba desde distintos lugares de todo Buenos Aires a verlo a Palermo. En esa época yo consumía merca y estaba muy loco. Era una etapa muy oscura de mi vida, muy en mí, no creía en nada más, como todo consumidor sobre todo de esa sustancia”, cuenta Pauls, sin rodeos para abordar el tema y sigue: “Todos se acercaban a mí y me decían ‘Gastón, ¿querés tener un encuentro con Jesús?, y yo agradecía, pero me aterraba la idea de la crudeza de un encuentro concreto con Jesús".

"En 2003 consumía merca y estaba muy loco. Era una etapa muy oscura de mi vida, muy en mí, no creía en nada más, como todo consumidor sobre todo de esa sustancia".

Y continuó: "En 2007, después de varias noches complejas de mi vida, de no dormir y estar de gira, yo, que nunca había rezado, levanté la cabeza y dije ‘Dios, sacame de acá. No sé cómo se sale de acá. Ayudame’. Ese pedido de ayuda es un primer paso en la aceptación de que algo más fuerte que uno existe", explica hoy sobre aquella experiencia que hoy entiende como un aprendizaje para su vida.

"Todo aquel que consumió y que consumió fuerte como yo, sabe que es mentira lo que te genera esa sustancia. Que en realidad te hace creer que sos el capo número uno cuando en realidad sos un boludo que se está destruyendo", cuenta Pauls.

"No hay uno solo que consuma fuerte que termine en otro lugar. Todos terminan en el mismo lugar: en el infierno".

La película, su fuerte conexión actual con su propia espiritualidad, su reaparición en los medios y las confesiones sobre ese “pasado oscuro” encuentran razón de ser cuando profundiza en el sufrimiento que experimentó y del que quiere librar a quien quiera escucharlo: "Durante los primeros meses vos tomás y hablás, y no parás de hablar. Después todos terminan en el mismo lugar, que es encerrados en una habitación, sin hablar con nadie, sin poder salir a la calle. No hay uno solo que consuma fuerte que termine en otro lugar. Todos terminan en el mismo lugar: en el infierno. La cocaína es literalmente el infierno. Para mí el infierno existe y está acá".

En primera persona

"Lo entiendo al Gastón de 30 y pico. En ese momento no encontraba otra solución y creía que era por ahí el camino y que todo el resto del mundo estaba equivocado", cuenta, ahora, en paz con el consumidor de cocaína que algún día fue y desde hace 11 años ya no lo es.

Gastón no pierde la oportunidad de remarcar que su adicción no es un tema que tenga resuelto, sino todo lo contrario: "Sólo por hoy. Hoy arranqué mi día diciendo: Estoy limpio sólo por hoy. El pecado parece una palabra muy religiosa y muy alejada de lo diario. Yo creo que el pecado es alejarte de la propia esencia. Y para mí el pecado hoy sería consumir esa sustancia. Hay una frase en la recuperación que nos decimos entre compañeros: ‘Mientras siga este camino no tengo nada que temer’. Antes, en cambio, le temía a todo. Esa sustancia es una sustancia de paranoia, de miedo. Ves fantasmas, al diablo, al lobo...”.