"Hago mi propia vida, simple, sencilla. Trato de tener una mirada apacible, libre de condicionamientos y, por sobre todo, intento no prejuzgar". Dicho concepto, que parece extraído de un manual zen o de meditación trascendental o reflexiones de un emblemático chamán, fue expresado por la siempre amable e inquieta actriz Adriana Brodsky, figura asociada, inevitablemente, a los grandes (y queribles) ciclos de Jorge Porcel y Alberto Olmedo.

"Yo tengo una mirada desde arriba para tratar de comprender que no somos únicos y absolutos y que los demás son diferentes a nosotros, con sus particularidades y verdades", afirmó a DiarioShow.com.

Orientada en esta búsqueda temática, Adriana sostuvo que "uno siempre tiene que estar dispuesta a los ejes de la vida y del trabajo. Saber adaptarse a las diferentes circunstancias. Vivimos cambios bruscos en todo sentido y hay que tratar de aprender de cada uno de ellos".

Adriana recordó que empezó, artísticamente, siendo muy joven. "Vivía en San Telmo y tuve la posibilidad de estar en ‘La peluquería de Don Mateo’ con gente muy importante como Jorge Porcel, Gerardo Sofovich, Rolo Puente, Fidel Pintos y, luego, vino el inolvidable Negro Olmedo".

-¿Cómo fue tu relación con Porcel?

-Realmente buena y tuve la posibilidad de aprender muchísimo. Tenía un carácter particular pero se trataba de un artista sumamente importante en generar el impacto de la risa.

-¿Y con Olmedo?

-Se trató de un ser de luz. Respetuoso y sumamente solidario con el compañero. Trataba de que uno siempre tuviera la posibilidad de destacarse y él daba un paso a un costado para lograr este cometido.

Martín Bossi, como Olmedo, junto a  Adriana Brodsky

- Y Javier Portales...

-Otro ser adorable. Una persona de gran conocimiento, muy creativo en el set y del que se podía aprender de manera constante. El concepto de familia como unión de grupo ha sido en mi infancia como una asignatura pendiente por diversas razones. Sin embargo, cuando tuve la posibilidad de formar mi familia, no lo dudé un solo segundo. Lo hice y dejé de lado mi actividad. Y tengo dos hermosos hijos, Agustina y Javier, de 27 años, con apenas 11 meses de diferencia. Esta situación me transformó la vida. Y esta etapa de mi vida no la cambio por nada en el mundo. Mis hijos han sido y son el fuego sagrado de mi existencia. Son la columna vertebral de mi existencia y ellos saben que seré por siempre su mano protectora.

Que me sigan recordando por mi participación con Olmedo es para mí una alegría insuperable. Una caricia al alma que me gratifica día tras día. Por eso, siempre voy a decir: ‘Gracias Negrito’.

Por último, ante nuestra consulta, Adriana manifestó que "en estos momentos no me encuentro en pareja. Mi prioridad, ahora, no es, precisamente, un novio. Los ciclos empiezan y terminan y uno tiene su turno. Si aparece, bárbaro. De lo contrario, vivimos la tranquilidad de nuestro espacio íntimo. Me encanta poder disfrutar de un libro, una buena película y una seductora comida. No tengo el estilo de salir mucho. Solamente, lo necesario".