Por @perez_daro

Su cuello eterno, caja de resonancia de su feroz voz, ya no está limpio del todo. Atravesando ese canal que comunica su torso -ergo, pulmones y corazón con su boca, que amplifica todo lo que tiene para decir por medio de canciones, hay una marca imborrable.

"Gratitud", reza un tatuaje en tipografía de máquina de escribir, como si su piel se tratara de un papel dispuesto a ser estampado para siempre. Esa gratitud de la que habla su tatuaje tiene que ver con su trabajo, según él mismo cuenta.

Es uno de los artistas más importantes de nuestro país, uno de los más vendedores y pedidos, y nunca se olvida de agradecer a quienes tiene cerca por el afecto y el respeto que le brindan.

(Fabián Ramella-Diario Crónica)

Así, Abel Pintos, sin saberlo, crea una cadena, que se hace visible en la relación con su público. Tan multitudinaria como cercana. En charla con DiarioShow.com, Abel explica ese vínculo, que parece asemejarse al de un grupo de rock.

Preparación, viajes, banderas y pasión por su música son algunos de los puntos en común. "En bandas como 'La Renga' o 'Los Piojos', siempre ha habido un hilo conductor, que es que el público es tan parte de la banda como los músicos integrantes. Es tanto un espectáculo el musical, como abajo lo que sucede con el público. Tiene que ver con el sentimiento de comunidad, de unión, de haber sabido sortear distancias entre público-artista. Está todo integrado, y por algún motivo eso sucedió en nuestro caso, yo se lo atribuyo a la cantidad de años que llevamos conociéndonos con el público, y que hayamos comenzado desde muy chicos a relacionarnos, entonces nos vimos crecer y cambiar mucho. Hoy, muchos que eran niños, cuando era niño yo, vienen ahora con sus hijos. Entonces se genera una cosa familiar que trasciende lo artístico y se puede asemejar a los fenómenos del rock".

Abel, listo para los dos shows en River (Ramella-Diario Crónica)  

Esa conexión tiene un nudo que debe mantenerse más allá de la idolatría, y que se debe a lo que primeramente lo hizo trascender: la canción. Desnuda, por fuera del significado del intérprete, los tres minutos y pico en promedio en los que cuenta una historia, cómo la cuenta y con la estética que propone, es lo que lo posiciona en el lugar en el que se encuentra.

¿Y cómo se encuentra Pintos con sus propias canciones, que dejarán de ser suyas al cuando el público las haga propias? "No tengo una manera sistemática de hacer canciones, es un modo muy visceral, intuitivo. Estudio música, hago cursos literarios, todas herramientas para sumar, y sin embargo el proceso de composición continúa siendo muy intuitivo. Nunca me siento a hacer una canción, sino que sale, cuando pide el cuerpo, porque de repente, en cualquier situación algo funciona como disparador, se abre una puerta y salen un montón de cosas, sale letra y música al mismo tiempo por lo general y eso lleva 15 minutos. Luego nos tomamos más tiempo para desarrollar las distintas ideas de carácter que se nos ocurra. Por eso nunca nos sentamos".

El proceso creativo

Un puñado de minutos para hacer algo que dura para la eternidad, como se podría decir de al menos una decena de sus canciones, ya incrustadas en el canto popular. Y lo que sucede en él cuando la idea avanza, también es digno de comentarse: "Todo es muy eufórico, a veces se traduce en lágrimas de emoción, o en un nivel de excitación emocional espectacular y parezco un nene, depende de qué se trate la canción y la manera en que me afecta. Hay canciones un poco más intensas que otras. Probablemente no vaya escribir cosas muy oscuras porque un método casi natural para mí, algo que me sienta bien, es tratar de canalizar las cosas por el lado más amable, para con los demás y conmigo mismo. Me gusta quitarles drama habitualmente a las cosas que lo puedan sugerir. Así que si hay alguna energía o sensación negativa y muy pesada que me lleva a escribir una canción, quizá busque el costado del aprendizaje más que el de la frustración de alguna forma".

Hasta aquí ha vivido varias vidas en una, de avión en avión, de escenario en escenario. Hoy, con el diario del lunes, es fácil decir que en los momentos de crecimiento, cuando su nombre comenzaba a hacerse oír cada vez en más lugares, todos sabíamos que Abel llegaría alto.

Pero si bien los anhelos pueden mantenerse, el cantautor aclara que "empecé desde muy chico a cantar en los escenarios, y cuando empezás no sabés qué querés de tu carrera. Cuando somos niños gozamos de un estado de presencia absoluto que es maravilloso. Después lo perdemos, y vamos a pasar toda una vida comprando libros de autoayuda para intentar recuperarlo. Entonces cuando era niño lo que veía era el deseo de cantar y las ganas de aplacar ese deseo".

Ese niño interior al que siempre uno quiere volver, para el joven Abel nunca dejó de existir aunque sí se alimentó de los buenos augurios para intentar subir más escalones: "Cuando aparecieron las ambiciones y los deseos artísticos, fue por etapas. En los últimos años podría decir que sí soñaba con tocar en un estadio como River. Pero probablemente ese sueño se haya gestado a medida que me sentía en el ‘barrio’. Cuando fui a tocar el Estadio Único de La Plata dije guau, no está tan lejos. Al barrio llegué".

(Fabián Ramella-Diario Crónica)

Por ello, Abel espera ansioso sus primeros dos conciertos en el Monumental, el 16 (ya agotado) y 17 de diciembre, un paso enorme para su carrera. Los pies en la tierra No puede pisar un lugar en Argentina en el que no sea reconocido, no sólo por su música, sino porque es un artista muy querido.

Tanto, que las cifras de ventas y carteles de "localidades agotadas" son expresiones comunes en su carrera. Aunque eso podría darle el título de ser el artista más importante de los últimos tiempos, Pintos se planta ante ese concepto. "Es una afirmación subjetiva. No me identifico en absoluto con ser el más importante. Una persona que va a un bar a ver una banda, esa banda es la más importante del mundo para esa persona. Si mencionan convocatoria, venta de discos, buenísimo que se dé, pero no rijo mi carrera por eso. Edito un disco y trabajo mucho para que ese disco se venda, hago un show y trabajo mucho para los tickets se vendan. Pero trabajo mucho más por hacer el disco y por hacer que el concierto salga bien. No me apoyo en que me digan que soy el número uno o el mejor. No es lo que provoca mis ambiciones".

Los buenos momentos siempre son mencionados, y aunque pareciera que Abel siempre estuvo tocado por una varita mágica, él asegura que no fue así. "Si algún día todo esto que vivo se cae, probablemente no me pasaría mucho. Yo curtí muchas realidades distintas y siempre disfruté de hacer música. No disfrutó solamente hoy que los lugares están llenos. Cuando no se llenaban los conciertos eran igual de felices. Costarme, no me costó nunca, pero sí he hecho conciertos con poca gente, y no dejé de disfrutarlos. En Jesús María, en 2002, hice un concierto en un teatro y había 12 entradas cortadas y eramos 40 personas trabajando. Éramos más arriba del escenario que abajo. Hicimos el concierto igual, nunca en mi carrera suspendí un concierto porque se vendieran pocas entradas. El concierto se hace sí o sí. Y la pasé increíble esa noche. Es halagador y bonito escuchar estas cosas, pero mi siguiente paso artístico no está en relación con eso o en si se sostiene la venta de discos o de entradas".