@perez_daro

Hace seis meses Oscar González Oro se fue a vivir a su casa de Punta del Este, buscando tranquilidad mental y escapando de los peligros del contagio, pero también porque cree que en el país hermano tiene más libertad y hasta la chance de viajar a Europa para ver a sus hijos. Desde aquella paz que transita a pesar de todo lo malo que ocurre en el mundo, el "Negro" charló con DiarioShow.com sobre este momento tan especial y, a partir de la descripción de la realidad, reflexiona sobre su vida personal y profesional. También, hace confesiones sobre su posible retiro, la fama, y los beneficios y daños de ser un número uno.

En enero comenzó su nuevo programa, "La vida misma", en radio Rivadavia, de 19 a 21. Trasmite todos los días desde su refugio en Punta, evitando hablar de la realidad, a la que considera muy nociva. "El comienzo fue distinto por estar desde Uruguay, pero de todas formas desde el inicio de la cuarentena hacía mi programa desde mi casa en San Isidro. Hace un año que no voy a la radio por miedo al contagio, por mi propia seguridad", aclara.

-¿Cómo creés que será el 2021?

-A nivel personal tengo muchas expectativas; a nivel sociedad, pocas. No creo que cambie demasiado de lo que fue el 2020. La Argentina no va a solucionar sus problemas económicos en meses, y en cuanto a las vacunas, estamos regateando cuando el mundo compra las vacunas al precio que es. Estamos empobrecidos, es una sociedad enojada y diría con algunos síntomas de enfermedades mentales, neurosis, soledades. Nos va a quedar el estrés postraumático que queda después de una guerra o de que cae una bomba, o que se te incendia tu casa. Va a quedar daño en general.

Si bien Oro, por su edad, es considerado población de riesgo, está tranquilo porque toma recaudos, y no cree que su generación sea la que más sufra todo lo que vivimos: "Creo que los más afectados serán los jóvenes, porque yo me acostumbré a estar solo, a no salir, a ver tres amigos por semana cuidándonos. Pero el joven necesita salir, estar con sus amigos, expresarse, viajar, ellos son los que están más enojados. Y bueno, la grieta sigue estando, está todo teñido de un color político, digas lo que digas. En la Argentina no hay capacidad técnica para controlar a millones de jóvenes que quieren vivir en libertad, que se hartaron de estar en sus casas y comunicarse a través de una pantalla. Y no lo critico en el fondo, porque todos fuimos jóvenes alguna vez".

El periodista admitió que necesitaba sus espacios para "correrse de la realidad política".

POSTURA CRÍTICA

Tras la asunción de Alberto Fernández, el locutor se mostró esperanzado por el nuevo gobierno, pero en pocos meses se desencantó. "Yo aposté al presidente, a Alberto Fernández, pero nunca aposté a Cristina (Fernández de Kirchner) como vicepresidenta. La vicepresidencia en la Argentina siempre fue un lugar de protocolo y estamos viendo que el embajador en Rusia lo designó Cristina. No estoy de acuerdo nunca con ella, porque nos demuestra todos los días que no somos iguales ante la ley. No entiendo por qué Alberto permite que se hagan estas cosas. Todo lo que está mal lo están permitiendo desde algún lugar y el Presidente es el que tiene la lapicera número 1, si él no firma, el embajador no llega a Moscú".

Teniendo tanta vocación periodística y crítica sobre el presente, puede resultar extraño que Oro haya decidido correrse de ese costado para hacer su programa de radio. Al respecto, resume: "No me cuesta demasiado evitar hablar de la realidad en radio. Estoy informado porque tengo la necesidad y hasta la obligación periodística. Yo también en mi vida necesito espacios de tranquilidad, de fumarme un cigarrillo mirando el mar, una conversación con un amigo sobre (Jorge Luis) Borges. Para volver a hablar de lo que hablábamos cuando nos juntábamos a comer un asado y tomar algo en algún quincho, para hablar de minas, de machos, de lo que sea. No hablamos neuróticamente de temas políticos, de Cristina, de los ministros. El tema central es mi vida, el de la vida del otro. Necesito ese espacio para mí, en mi vida y en la radio. Y me ha resultado".

-¿Y cómo se consigue?

-Resolví vivir de una manera distinta, lejos de Buenos Aires. El día que pueda, volveré, pero quiero ir y volver cuando se me dé la gana, no andar pidiendo permiso, tener que hacerme hisopado, cuarentena, reingreso. Yo soy residente definitivo en Uruguay, gracias a Dios, pero todavía no puedo ir y volver en aerolínea cuando me dé la gana. Me gusta mi país, soy argentino, mendocino, tengo siete generaciones de mendocinos sobre mis hombros, pero también necesito esto de apartarme un poquito, mirar el juego desde afuera, a veces opinar y a veces no, y tratar de buscar otros temas que tienen que ver con la realidad.

Oscar González Oro: “Me gusta mi país, soy argentino, mendocino, pero también necesito esto de apartarme un poquito, mirar el juego desde afuera”.

-¿En Uruguay se vive con otra intensidad?

-Uruguay es un país más relajado, hay menos contagios. En Montevideo apareció hace alguna semanas una ola de contagios. No estoy yendo a la capital. Pero donde estoy yo, en Punta del Este, hay pocos casos, y yo salgo muy poco, así que me ayuda estar alejado de todo, en varios sentidos. Primero, que estoy en un país más relajado y seguro, y segundo, que tengo la intención de irme a Europa a ver a mis dos hijos que viven allá, Agustín en Londres y Pablo en Madrid. La idea era irme allá, porque de Uruguay había vuelos cuando Ezeiza estaba cerrado. Existía la posibilidad de ir pero el invierno fue terrible en Europa, tengo la carpeta llena de permisos que nunca pude usar.

-¿Sos muy unido a tus hijos?

-Hace un año no nos vemos, nunca en la vida pasamos tanto tiempo sin vernos. Hace 13 o 14 años que viven en Europa y nos veíamos cada tres meses. Estamos desesperados por no vernos.

Por dejar el país e instalarse en Uruguay, el Negro y Susana Giménez fueron muy criticados. Oro responde a sus detractores que no le importa qué opinen sobre su vida personal: "Yo acepto críticas de la gente respecto a mi profesión. Llevo muchos años de carrera, fui el número 1 de la radiofonía argentina por muchos años en Radio Diez, y me interesa esa opinión de la gente. Ahora en cuanto se meten en mi vida privada no les doy ni cinco de pelota. Mi vida privada es mía. La gente que me insultó por venirme a Uruguay, como lo hicieron con Susana y Nicolás (Repetto), hoy me dicen 'lo bien que hiciste en salir de la Argentina'. La gente es muy voluble, se enoja en una red social y escriben una estupidez y a los seis meses cambian de opinión y te apoyan".

En su contestación, el periodista menciona que fue número 1, con énfasis en el pretérito. Si bien su explosión de popularidad fue a fines de los 90 e inicios del nuevo siglo, con su programa "El oro y el moro" de Radio Diez, resulta extraño que se vea a sí mismo de esa forma, ya que sigue siendo un referente radial. Por ello aclara: "Yo decidí no competir conmigo. Puedo competir con (Marcelo) Longobardi, que es amigo, con (Eduardo) Feinmann, con (Luis) Novaresio, pero no puedo competir conmigo. No quiero superar lo que hice desde el 99 hasta el 2000 y pico. Ya está, ya llegué a la punta de la pirámide, ahora estaré en el tercer lugar de la pirámide, pero sigo estando y la gente sigue pensando que soy el número 1 porque se instaló".

Y desarrolla: "Yo no hago televisión hace dos años y el otro día en un hotel un hombre me dijo que me había visto en la tele la noche anterior. Les queda la imagen de que estoy en tevé y en radio. No he bajado en popularidad ni en el cariño de la gente, me quería cuando era número 1 y ahora, que no sé qué número soy ni me interesa. No voy a competir con mi historia, para atrás, en todo caso competiré para adelante. Para hacer un buen programa, ahí me esmero. Pero competir conmigo es una locura". Luego expresa que no podría mejorar las mediciones que hizo por aquellos tiempos, aunque los recuerda con mucho cariño. Sin embargo, rememora que "ser el número 1 no es gratificante; te da alegría, pero tenés una responsabilidad enorme de mantenerte en ese puesto cuando todos te quieren voltear".

El periodista agradece el cariño de la gente que cosechó a lo largo de su carrera.

-¿Cómo se recuerda el éxito del pasado?

-Sólo puedo decir que me aliviana, me quita responsabilidad. No podés ser el número 1 durante 30 años. Yo llevo 35 años de carrera. Héctor Larrea, que se acaba de retirar, también estuvo en esa posición, después bajó, terminó trabajando en Nacional, una de las líderes de la radio. Pasás a ser parte del patrimonio de la gente. Una canción de Pablo Alborán dice 'tengo la suerte de tener una pasión en mi mente, de saber que mi vida es mi vida, pero mi voz es del resto de la gente'. Y yo siento eso, que mi voz es del resto de la gente. Igualmente, me siento vigente, como muchos, al igual que Lalo Mir y la Negra Vernaci, por ejemplo.

-¿Esa vigencia tiene que ver con la imposibilidad del retiro?

-No, hay un retiro, ese es un verso que nos inventamos nosotros, que tenemos que "morirnos al aire". Yo no me quiero morir al aire. El tiempo pasa y no creo que esta profesión no tenga retiro. Siendo sincero, yo he pensado muchas veces, a fin del año pasado, en el retiro. Porque me lo merezco, porque preciso todo el día para mí, porque quiero seguir creciendo para adentro y no para afuera. Preciso felicitarme yo y no la gente. Me encanta que la gente me reconozca, pero también hay otra vida que no está detrás de un micrófono. Ojalá pueda convertirme en abuelo para disfrutar de mis nietos, y de mis hijos, a quienes amo. Para enamorarme de nuevo o no enamorarme, vivir en pareja o disfrutar de la soledad. Hay una vida fuera del estudio de radio.

-¿Se puede acabar la vida que tenés?

-Por más que diga "chau, señores, gracias por todo", la gente me va a seguir queriendo igual. Me van a seguir saludando en la calle, me van a seguir facilitando un trámite, porque soy el Negro Oro y sé que soy una marca. La marca no va a morir con mi retiro, va a morir el día que dejen de nombrarme, dentro de tres generaciones.

Oscar González Oro: “No he bajado en popularidad ni en el cariño de la gente, pero ya no soy número uno. De todas formas, yo no compito con mi historia”.

-¿Cómo se vive desde adentro?

-Es una dicotomía fuerte, es muy agradable y un peso por otro. Tengo la obligación de ser el Negro Oro todos los días desde hace muchos años. Borges una vez dijo "estoy harto de levantarme con la obligación de ser Borges", con la obligación de ser inteligente. Cuando hablo de responsabilidad, me refiero a la etimología, ya que viene del latín "respuesta". Uno tiene que dar respuesta todos los días a la expectativa de la gente. Es una carga maravillosa, pero una carga al fin.

-¿Esa responsabilidad no significa competencia?

-No, porque voy a seguir siendo el negrito Oro para toda la gente. Hace un tiempo me perdí en un camino en Uruguay y un hombre que vivía con su familia en el medio de la nada me reconoció. Eso quiere decir que no sembré sobre agua, sino que ahora puedo cosechar mucho de lo que sembré. Yo hice toda mi carrera con un solo objetivo: que me quieran. Y lo logré. Me siento muy querido, y de mí nadie habla mal, nadie me putea. Blanqueé mi sexualidad y la gente se lo bancó de la mejor manera.

El "Negro" conduce "La vida misma", en radio Rivadavia, de 19 a 21.

LA RADIO, ALEGRÍA Y REFUGIO

"LA VIDA MISMA", POR RIVADAVIA

Su programa en Rivadavia, "La vida misma", se forjó a raíz de la pandemia. En 2019 realizaba "Tarde pero temprano", que se transformó en un pleno ciclo de servicios debido a la emergencia nacional. "Ayudamos a mucha gente a conseguir insulina, remedios oncológicos, solucionando despelotes de PAMI o de Anses. Hasta que terminó el ciclo, el 24 de diciembre, hicimos esa tarea". Admite que, a pesar de haberse sentido muy útil, terminó muy cansado y le cambió la energía. "Podías solucionar cosas y otras no, no quedaba bien. No era ministro ni nada, solo tenía un programa de radio", indica.

Por ello en enero retornó con una nueva propuesta: "Hablamos de otros temas que no tengan que ver ni con política ni con la pandemia, sino con los temas que hablábamos antes de la pandemia, literatura, teatro, música, filosofía, y es un programa que me encanta hacer y necesitaba". Y con felicidad expresa que la devolución de la audiencia es fantástica: "Me agradecen todos los días que me aparte un poco y les dé buena música, ofrezca un contenido cultural, y siempre intentando sacarnos de esta brutalidad en la que estamos viviendo. No todo es feo o desagradable, hay cosas lindas, sigue habiendo millones de personas que sigue produciendo arte en el mundo, y eso me interesa, que no va a desaparecer".

Instalado en el país vecino desde hace un año, disfruta del presente.

SOLEDAD Y AMOR

"NO PIERDO LA ESPERANZA DE VOLVER A ENAMORARME"

En su casa de Uruguay, el creador de la frase "Dale gas" atraviesa la soledad, y analiza sobre este presente: "Estoy solo. En comunicación con mis amigos, pero me quedó la costumbre de pasarla bien solo. Hoy nos cuesta comunicarnos, socializar, nos prometemos asados que no se concretan. Mi vida acá es solitaria. Tengo colaboradores que vienen y me ayudan con la gente".

Aunque disfruta de esos momentos consigo mismo, confiesa: "Estoy bien solo, lo que no significa que no quiera volver a enamorarme y que se enamoren de mí. Hay días que no son felices, el otro día llovió todo el día. Un día gris te tira abajo. Hay días que son grises, extraño más, a veces menos. No me conformo o resigno a morir en soledad. Si muero en pareja voy a ser el tipo más feliz del mundo. Hoy quiero tener una pareja, compartir, no se está dando y no sé si se va a dar, pero nunca pierdo la esperanza. Ya llegará".

Por D.P.

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