@perez_daro

Daniel Agostini está por cumplir 45 y, como cada año, realizará un festejo con su “familia”, como él llama a sus fanáticos. “Cumplo el 10 de septiembre, por eso hago un show ese mismo día. Cae un lunes pero es importante para mí soplar las velitas con toda la gente que me acompaña, para mí es una bendición”, declara, contento por su concierto en el Gran Rex.

Daniel comenzó a cantar desde pequeño, y consiguió el éxito a temprana edad, con 20 años, cuando fue vocalista de Sombras. Luego decidió seguir con su carrera solista que lo trajo hasta hoy, con más 13 discos de estudio y más de 100 canciones compuestas.

Pensando en tanto camino recorrido, analiza: “Pasé muchas vidas en una. Pasó todo a las chapas. En ese balance siento que crecí y parezco un tipo de 80, 100 años, por cómo pienso y veo las cosas, como si fuese una persona muy madura. Pero aunque pasé por tanto, siempre me mantuve con los pies sobre la tierra. Nunca volé, ni me la creí. Desde esos tiempos en Sombras, que era algo inmenso, mantuve la misma filosofía de vida y nunca me obnubilé. Sigo teniendo muchas personas que me siguen, que lloran, se saben todos mis temas, acá y en otros lugares del mundo. Me sirve de historial, vivencia, pero jamás me agrandé”.

Su forma de vida es difícil de lograr, en un mundo en el que todos aparentan, consumen y se consumen por el éxito. Sobre esa forma de vivir, aclara que “no me interesa vender algo que no soy, nunca me comí el personaje de estrella. Que me sigan porque me rompo el lomo, porque me produzco mis discos, aunque me vaya mal o bien, si soy exitoso con ese material, es mérito propio y el fracaso, también. Es lo que toca. Pero nunca voy a mentir ni mentirle a la gente. Pienso más en mi familia que en mí. En llevar el pan a casa, en que ellos estén bien. Ellos son mi rumbo. Quizás lo que tengo es un don de Dios. No porque crea que soy el mejor, sino porque que a la gente le llegue lo que vos hacés, que se identifique y que sienta cosas gracias a tus canciones, es impagable. Por eso siento que no hay una fórmula para seguir. Es simplemente la energía que tengas para brindar desde el escenario”.

En ese sentido, aclara que siente una responsabilidad al estar frente a un público que lo quiere: “Siento, como argentino, que hay que dar el ejemplo en todo. De humildad, de lo que sea sano. Estamos rodeados de mucha mierda en el país y en el mundo. Y como soy un referente musical, siento que puedo aportar un granito de arena. Que haya respeto, y que se nos valore. Acá no se trata bien a algunos artistas, por ahí viene alguien de afuera y es todo ¡wow! Y eso duele un poco”.

Más allá de seguir llenando teatros y bailes, Daniel dice ser consciente de que “en algún momento esto se va a acabar y voy a dejar de cantar. Siento que Dios me va a decir dale, te toca, o quizás el cuerpo me pase factura y se termine todo. Tal vez mañana no tenga más continuidad y se termine, pero por eso trato de hacer lo mejor posible. Le escapo al conflicto, no me gusta la guerra. Trato de buscar la paz mundial. No está bueno, no alimenta mi alma. No se valora tanto el arte, que uno hace con tanto sacrificio y tanta devoción y se valoran otras pavadas”.