@AlessAgus

Venezolana de nacimiento y argentina por opción, Catherine Fulop no escatima pasión y angustia al responder sobre la dilatada crisis económica y social de su país de origen. “Me lastima el corazón no poder estar cerca de mis afectos. No extraño lo que hacía de niña, ni mi barrio o mi casa, o las arepas y comida de allá, porque yo me la hago en Argentina, lo que extraño es a mi mamá, si tuviese la posibilidad ya tomaría un avión y me iría a tomar un café con mami” le cuenta a DiarioShow.com.

Decidida, agrega: “Esta separación se la debemos al criminal y asesino de Maduro, que nos quitó la unión a todos los venezolanos. Estoy en contra de la radicalización política y acepto a los que opinan distinto a mí, pero nadie puede decirme que Venezuela es democracia, el régimen de Maduro es una mamarrachada”.

Fulop pide a gritos que “liberen a Venezuela” porque considera que la república está presa y nada es como antes. “Quedarse neutros e indiferentes no es solución a nada, hay hacer algo por nuestra gente”, dispara mientras siente una profunda nostalgia por recuerdos que vienen a su mente: “Me acuerdo todos los diciembre que nos juntábamos en familia, comíamos para la fiestas y ahora más de grande también lo hicimos con nuestros hijos. Eso ya no lo tengo, me lo sacaron, y si viajo corro el riesgo de que me saquen el pasaporte venezolano, como ya lo hicieron con otros artistas”.

Vive entre dos banderas, algo que ella define de la siguiente manera: “Me siento parte de ambas naciones, y amo Argentina y a su gente. Son una tierra de gente apasionada y luchadora. No se dejan engañar y tiran para adelante. Siento a este país mi hogar y estoy feliz de que mis hijas hayan nacido acá”.

Recuerdos de su niñez

Con una familia y trayectoria consolidada, la actriz lleva como bandera la frase “Si encuentras bueno ser importante, recuerda que es más importante ser bueno”.

En el medio de la foto, la mamá de Cathy 

Mamá me mimaba mucho y me hacía una comida que me encantaba”, evoca Cathy. “Riñón con sesos, hecha en guiso, y lo acompañaba con arroz, y de postre prefería torta de chocolate amargo a un helado”.

Fulop relata que de adolescente iba al cine, tomaba el té con sus amigos en su casa, salía a pasear por el barrio y el centro comercial, pero no fue hasta la mayoría de edad que empezó a ir a bailar. “Lo que sí hacíamos eran ‘asaltos’, que eran reuniones en alguna casa, poníamos dj, tomábamos gaseosa, y la pasábamos bárbaro”, rememora.