@tomasdv55

Hace casi seis años que Mariana Diarco está en constante campaña para entrar a "Bailando por un sueño". El reality show más popular de la televisión argentina se ha convertido para la esposa de David Adrián " El Dipy" Martínez en una cuenta pendiente que, según ella espera, está pronta a cumplirse.

"Soy de ese tipo de personas que no acepta un no como respuesta", dice Diarco, a quien conocimos hace algunos años por sus sensuales producciones fotográficas y siempre alborotadas intervenciones en los medios. En los últimos días, Marcelo Tinelli compartió en su propia cuenta de Facebook un video donde la rubia hace su casting para ingresar al certamen mientras baila "bajo la lluvia", creada artificialmente por su marido con una manguera.  El tono humorístico del clip llamó la atención del Cabezón. ¿Una buena señal para Mariana?

Convertida en madre desde hace un año a partir de la llegada de Valentino, su primer hijo, Diarco dedica la mayor parte de su tiempo a su cuidado y crianza. No obstante, se enfrentó al cuestionario de DiarioShow.com y repasó su carrera mediática, contó la historia de su dura infancia y cómo cambió su vida desde el nacimiento de su hijo

-¿Por qué Marcelo te tendría que convocar al “Bailando”?

-Yo soy una persona a la que no le gusta caretear nada. Yo soy esto, lo que ven. Quiero aportarle humor sobre todas las cosas, y frescura al programa. Yo antes trabajaba con mi cuerpo y hoy no estoy 90-60-90, pero tampoco intento vender eso. A la gente le gustó mucho lo que hacemos en las redes sociales con el Dipy, que mostramos el día a día de la pareja y el público se puede sentir identificado con eso.

-En tu participación en los medios has tenido muchos cruces mediáticos...

-He hecho cosas bien y cosas mal en mi carrera. No me arrepiento y aprendo todo el tiempo. He tenido una vida mediática muy castigada. Hace muchos años que no busco el cruce. Aprendí a reírme de mí misma, que todos mis defectos tienen que ser una virtud para poder reírme. Lo que puede llegar a pasar en el "Bailando" es que, cansado por la velocidad del certamen, uno reacciona distinto, eso sí me preocupa un poco.

-¿Cómo fue tu vida antes de que se te conozca en los medios?

-Nunca me fueron fáciles las cosas. Yo nací en una villa de Córdoba y me vine a vivir sola a Buenos Aires a los 14 años. Vivía con 200 pesos al mes cuando llegué. Con mi mamá y mi hermana, en Córdoba éramos muy pobres y muy poca gente puede lograr salir de esa situación. Mi mamá viajó a buscar trabajo en otro país y no pudo. Yo le di un giro enorme a lo que era mi vida.

-¿Qué cambió en vos el ser mamá?

-Uno cambia sus prioridades. Las cosas ya no me repercuten como antes, ni soy tan "polvorita" como lo era antes. Yo nací con mi hijo. Nació una personalidad totalmente nueva, estoy viviendo la mejor etapa de mi vida, con mi familia y nuestros rituales. Valentino nos cambió la vida, él es muy tranquilo, ¡y el papá es un baboso! ¡Es pesado, cargoso! ¡No lo suelta!

-¿Qué haces en tu tiempo libre?

-Me gusta pintar, tejer, andar en bicicleta. Trato de hacer ejercicio y disfruto de hacerme tratamientos estéticos que pueda hacer en mi casa, que es como un hobby para mí. Tanto faciales como corporales.

-¿Qué tratamientos estéticos?

-Me armo mis exfoliantes naturales con cosas que uno tiene en la casa, que son mucho mejor que los productos, que además son carísimos. También uso cremas y electrodos, todo lo que nutra la piel. Se nota mucho cuando la piel está sana.

¿Cocinás?

-¡Todos los días! Y a veces hago tres comidas al mediodía: una para el nene, algo sanito para mí y las milanesas para el Dipy. Aprendí a la fuerza, así que es un gran logro. ¡Se me pasaba el arroz! Mi plato es espaguetis con boloñesa, que es una bomba.

-¿El hecho de convertirte en madre cambió algo en relación al vínculo con tu cuerpo y cuánto lo mostrás?

-La verdad que no. Por ahí hice cosas cuando era chica porque me daba el lomo, en 2011 logré llegar a la tapa de Playboy, que era algo con lo que estaba empecinada, pero hoy si tengo que mostrar mi cuerpo lo muestro. A veces lo hago, de una forma distinta. No siento que me haga mala mamá publicar fotos mías.