@tomasdv55

Diecisiete meses atrás, la vida de Adabel Guerrero daba el vuelco definitivo. La pequeña Lola dejaba de ser un sueño y la lucha de varios años, para convertirse en realidad y transformar a la actriz y bailarina de 40 años en madre primeriza.

Mi prioridad a partir de ahora va a ser siempre mi hija y sus necesidades, pero uno intenta tener una vida y seguir trabajando también. Lo vengo llevando bien. Ahora Lola está con la angustia del octavo mes, que es la que sienten al separarse de la mamá. Y yo también estoy viviendo esa angustia, las dos la estamos transitando”, confiesa Adabel, que prefiere ser honesta respecto de los detalles menos “glamorosos” de ser mamá de una beba, algo que también expresa en sus posteos a través de las redes sociales.

Por ese medio había relatado el trauma que atravesó durante las primeras semanas de maternidad, cuando una obsesión con los gérmenes la llevó a pelearse con su pareja y padre de la nena, Martín Lamela.

La fugaz crisis quedó en el pasado y hoy la morocha logra capitalizar de otra forma los aprendizajes de este nuevo rol. “Lola me está enseñando a ser paciente, porque cuando el bebé quiere tomar la teta vos tenés que sentarte y darle de comer, no importa lo que estés haciendo. Respirar profundo y entender que la prioridad es ella y bajar un cambio”, reflexiona.

Adabel, feliz con su hija Lola.

Otro de sus miedos era no poder seguir dedicándose a su profesión, preocupación que gracias a su novio y las condiciones de “Bien Argentino: La Evolución”, obra en la que se presenta durante el verano, permitieron derrumbar: “Vamos a hacer temporada en calle Corrientes, nos quedamos en Buenos Aires. Cosa que es mejor porque no me tengo que estar mudando a Mar del Plata o Carlos Paz, sino que me puedo quedar en mi casa. Además a esa hora ya Martín volvió de trabajar y se puede quedar con ella”.

Al tanto de los cambios sociales que se dan a su alrededor, Adabel sentó postura sobre el feminismo, los abusos y la cosificación a la mujer, con una visión muy personal: “Siento que ahora, para que nos escuchen y las cosas cambien, uno tiene que gritar muy fuerte y quizás después, cuando las cosas se acomoden un poco, todo tome un equilibrio. No soy machista, pero sí me gusta conservar algunas cosas del caballero. Hay veces en que la mujer quiere desterrar cualquier acto de caballerosidad del hombre, como ceder el paso o pagar una cena. Y a mí esas cosas me parece que son detalles lindos de conservar”.

“Con Martín pagamos las cosas a medias, porque él es un trabajador y yo también. No me siento machista. Somos una pareja. No somos iguales, porque el hombre y la mujer no son iguales, pero sí creo que deberíamos tener los mismos derechos”, agrega.

Y sin escaparle a la pregunta obvia, afirma: “Yo creo que si en algún momento hice uso de mi imagen, lo hice porque quise”.

Guerrero analiza sobre su pasado, en el que trabajaba con la exposición de su figura, en producciones fotográficas: “De hecho siempre me gustó mostrarme como una mujer ‘fitness’. Que muestre el cuerpo no significa que sea una mujer cosificada. Vos podés mostrar tu cuerpo como un culto al físico y eso no le da derecho a nadie a hacer nada. ¿Por qué no puedo ser sensual?”, concluye.

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