@Rfilighera 

Ha tenido durante gran parte de su vida tiempo para reír y, también, tiempo para llorar. Momentos de significativa inquietud invadieron su alma y pusieron de manifiesto aquella fragilidad emocional que ostenta cualquier hijo de vecino pero que, sin embargo, desde su humanidad pudo reconvertir a partir de las propias cenizas, como el mismísimo Ave Fénix.

Hoy, en proceso de recuperación de algunas dolencias emocionales, encara en la obra “100 metros cuadrados”, en tono de comedia dramática, un personaje que le generó verdadera empatía con el público. En la antesala de una las funciones, María Valenzuela charló con DiarioShow.com utilizando, precisamente, unos coquetos sillones de la pieza cuya autoría pertenece al español Juan Carlos Rubio.

Se la nota en buena forma, descontracturada, contenta y muy movilizada con su rol, una señora anciana que no se puede despojar del mal humor ni de una visión bastante desesperanzada de la vida y de los sentimientos. “El pensamiento que tiene mi personaje, Lola, nos permite reflexionar sobre algunos puntos oscuros que ha tenido y tiene cualquier mortal sobre esta tierra: ninguno de nosotros está exento de cualquier cosa que nos pueda suceder, en consecuencia, es dable que vivamos el ahora, reparemos en lo que nos está pasando en este preciso instante y no nos dejemos llevar por la angustia. Yo he aprendido que la verdadera batalla que debemos librar está en el aquí y ahora. El pasado ya sucedió y el futuro es un enigma, entonces, debemos preocuparnos por el presente: amarlo, disfrutar y corregir todas aquellas cosas que nos puedan estar ocasionando daños”, dijo María en firme tono existencialista.

María Valenzuela habló a solas con DiarioShow.com

-¿Cómo es trabajar este personaje que va desde la bronca hasta la comicidad?

-Desde el vamos ejerció sobre mí una particular atracción. La primera vez lo leyó mi hija Malena y noté que las diferentes situaciones que atravesaba le iban generando humor. Ahí observé que iba a tener la posibilidad de explotar dos vetas: el concepto dramático y la comicidad, entonces, reparé que la composición del personaje iba a tener predominio absoluto en el espectáculo. Así dadas las cosas, me enamoré de Lola y disfruté al máximo su interpretación.

Lola es una mujer de 78 años (la actriz tiene 62), por lo que Valenzuela debió engordar, teñirse de gris el cabello, encorvar un poco su columna y “agregar” algunas arrugas en su rostro mediante un puntual movimiento de mandíbula y maquillaje para la ocasión. Todo un desafío de composición impactante.

En otro momento de la charla, admitió que “a mí, personalmente, me atrae muchísimo el humor negro y me parece una herramienta muy eficaz para saber identificarnos como personas y también como espejo de sociedad. Y este humor negro se encuentra a flor de piel en las características de Lola y a mí me cae como anillo al dedo: lo disfruto una enormidad y me permite, por otra parte, enriquecer en cada función a esta Lola que ha tenido una incidencia fundamental en mi vida profesional”.

-¿Cómo calificarías este momento tuyo?

-Me siento muy bien y me animo a decirte que hace mucho tiempo que no tenía tantas ganas de venir a realizar una función teatral. Esta obra me movilizó muchísimo y trato de aprovecharla al máximo. Cuando vas hacia el teatro a trabajar, observás que la mayoría de la gente común regresa a sus hogares o en un domingo, por ejemplo, en que luego del almuerzo se acorta el descanso o la rutina de ese día tan especial. Es como ir a contramano de muchas situaciones, por eso es fundamental que te dé satisfacción. Este espectáculo me genera una exigencia física que abordo con felicidad. Es bastante sacrificado hacer teatro, pero hay que asumirlo con expectativa y alegría.

La actriz en su último trabajo en teatro: "100 metros cuadrados".

TRATAR DE ESTAR MEJOR

La muerte de un gran amigo fue desencadenante de un fuerte estado depresivo para María. “A tal punto que me tiré en la cama y no quería salir para ningún lado”, confesó Valenzuela recientemente, en la mesa de Mirtha Legrand. Por otra parte, reveló que “los ataques de pánico simplemente hacen que quiera meterme en mi casa, que es mi refugio y sé que ahí estoy segura. Ahí no me pasa nada, y sé que estoy insegura en la calle. Entonces lo primero es irme a mi casa”, destacó. Además, reconoció que suele llorar en esos momentos: “Es una angustia, que termina en un ataque de pánico”.

Estoy con una sola medicación y con gotas de cannabis”, destacó, al tiempo que contó que sigue teniendo ataques de pánico. Sobre el cannabis medicinal, detalló: “Me hace muy bien para la depresión y para el tema alimenticio. Son tres gotas a la mañana y tres gotas a la noche. ¿Vos sabés que gente de 60, 70 años, toma gotas de cannabis por el tema de los huesos y de los músculos? Está comprobado que hace muy bien”.

María Valenzuela, junto a sus hijos y sus respectivas parejas.

AFRONTAR LA REALIDAD

-¿Cómo pega la crisis?

-Con todo, me animo a decirte, y el teatro es una de las actividades que lo sufre de manera tangencial porque existen otras prioridades para nuestras vidas como la salud, la educación y la alimentación nuestra de cada día. Entonces, el teatro de adultos es el primer perjudicado; no obstante, la crisis social no se duerme y también el teatro infantil fue golpeado de manera dura en los últimos tiempos: la gente antes de sacar una entrada, más el muñequito y la revista, lo piensa dos veces. Este panorama en las vacaciones de invierno se notó muchísimo.

-Ante esta situación, ¿sirve hacer ofertas, promociones?

-Sí, pero se comprobó que rebajar el importe de las entradas tampoco nos conduce a un mejoramiento de los costos de producción, todo lo contrario, este tipo de medidas también las encarece. Entonces, los números quedan abajo y poder recuperar costos se convierte en una tarea casi imposible de poder cumplir.

-¿Qué panorama se presenta, a tu entender, en las ficciones locales?

-Te soy sincera, desde hace un tiempo que no miro ficciones. Solamente me centro en algunos programas periodísticos para tratar de estar enterada sobre la realidad, pero nada más que eso. Por otra parte, no me interesa la política en sí ni los políticos.

-Estás como un poco descreída...

-Es que para mí las esperanzas son cada vez más efímeras. Por un lado escuchás que vamos a mejorar y a salir de esta crisis y, por otro lado, aseveran que el próximo año vamos a estar en peores condiciones. Entonces ¿a quién le podés creer? Es como recibir un cachetazo tras otro todos los días y te ponés a pensar y te preguntás: “¿Qué hago?” Yo lo único que sé hacer es actuar.

Un mano a mano imperdible con María Valenzuela.

-¿En esto influyen las nuevas formas de producción y consumo televisivo?

-Claro, porque te pasás 10 horas diarias en un set y es como que perdés la vida dia tras dia. Yo he trabajado en la tevé desde los 7 años, por lo tanto, he pasado parte importante de mi existencia dentro de un estudio, lo que me complicaba por ejemplo para ir al médico en términos regulares o estar con mis hijos (Malena, Juan y Julián) como correspondía. No hacía temporada teatral en enero y en febrero para dedicarme a ellos con toda intensidad. Entonces, como ahora están grandes, desde hace varios años, me dedico a explorar el teatro.

-¿Cómo percibís el feminismo?

-Las veo muy empoderadas a las mujeres, y esto recién comienza; hay mucho para hacer todavía. Creo que es un antes y un después de lo que veníamos viviendo. Con todos estos temas de acosos se ha generado una mayor conciencia y mayor cuidado de la mujer, en todo sentido. Hoy todo se habla y todo se denuncia. Existen mujeres que han sufrido violencia doméstica durante 17 años de matrimonio y recién hoy se animan a denunciar esta situación lamentable. Es un cambio impresionante y las mujeres, no tengo dudas, hemos salido con los tanques.

-¿Viviste algún episodio de acoso?

-En absoluto. No estaba instalada la denuncia culturalmente, sí en cambio el sometimiento. Hoy, con esta movida, las mujeres, después de tantos años, se animan a denunciar. Ahora bien, resultaría importante, también, que la Justicia se active y que no sea tan lenta como lo ha sido toda la vida. Repito, es lenta, no llegan a término y caducan muchas de las causas. Hay que desear que se reactive este tema con mucha fuerza. Ojalá suceda.

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