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¿Quién no ha cantado "Yo te quiero dar... algo de corazón...", o "yo romperé tus fotos, y quemaré tus cartas..."? ¿O bailado con "Todos tenemos un amor que nos complica la vida..."?

La función histórica en la música popular del grupo La Mosca fue crear esas canciones inolvidables que no necesitan una presentación formal. Son históricos, pero como declara su cantante, Guillermo Novellis, en charla con Diarioshow.com, "siempre renovamos y mantenemos viva la banda. Creativamente y en los shows, es necesario para nosotros".

Decir La Mosca es decir Ramallo. Nacidos y criados allí, sus integrantes siempre declararon orgullosamente ser "una banda de pueblo", a pesar de haber conquistado a todo el país con sus temas.

Con el barrio como patria, Novellis declara que eso fue y es un factor fundamental: "Tuvimos la posibilidad de radicarnos en Buenos Aires, en Miami y Madrid, ofertas concretas, pero creo que una de las decisiones más sabias que tomó la banda fue habernos quedado en Ramallo con nuestras familias, nuestra estructura, nuestra sala de ensayo. No sé cómo habría sido si nos hubiésemos ido. Eso contribuyó mucho a que nos mantuviéramos unidos. Si no, se habría convertido todo en una especie de ‘Gran Hermano’ gigante y eterno. Y eso nos dio mucho pulmón y libertad, permanecer con nuestros amigos de toda la vida. Con los chicos de la banda nos juntamos pocas veces a comer, pasa que cuando tenemos shows nos juntamos, cuando tenés gira, entonces volvemos y casi no nos vemos. Eso es saludable, fue una decisión tomada por todos".

Entrar y salir

Más allá del nombre y la repercusión, el hecho de mantenerse con los pies en la tierra es justamente los que los inspira y los estructura también: "Cuando volvemos a nuestro pueblo somos parte del paisaje. Nadie nos va a pedir un autógrafo o una foto. En el pueblo tenemos peñas, vamos al supermercado, a jugar a la pelota o al club a jugar a las cartas. Hoy, con el tema de los celulares e Internet, siempre estamos en contacto. Yo como el cantante de la banda acepto que tengo el rol de hacer notas, viajar. En los próximos meses vamos a ser una verdadera pyme, vamos a conformarnos como sociedad anónima. En nuestros comienzos fuimos una banda de compañía discográfica y estamos muy agradecidos por eso. Tuvimos un apoyo y difusión increíbles hasta el 2005. En los últimos 12 años nos mantuvimos como una empresa independiente, hacemos nuestros shows, tenemos nuestra oficina, nuestros videos, producimos nuestros discos... Y eso nos da la libertad absoluta de hacer lo que queramos, aunque nunca tuvimos imposiciones descabelladas, pero manejarse de forma independiente es mucho trabajo. Cada integrante tiene su rol en la banda más allá de su instrumento".

A sabiendas de que su música es fiesta, el vocalista asegura que ya conoce el ciclo. "En invierno tocamos menos, entonces tenemos más tiempo para idear y preparar lanzamientos. Ahora, en la primavera y el verano se amontona todo. Nuestro fuerte es en fiestas privadas, un parte muy importante es la institucional, de fin de año, y muchas fiestas de ciudades, municipios, festivales; en invierno tenemos menos shows, bajan a uno o dos por mes. Concentramos nuestros shows en los meses más cálidos. Aprovechamos para componer, grabar. Es muy útil eso. Estamos en casa, nos juntamos".

Evitando lo acartonado

Entrando en el ámbito estrictamente musical, aclara que gran parte del éxito es esa imposibilidad de definirse en un solo género: "Somos tantos que no tenemos un estilo definido, tenemos mucha instrumentación, vientos, percusiones, voces, siempre buscamos las buenas melodías y los buenos estribillos, y por ahí provocar una sonrisa o llamar la atención con alguna frase. Siempre buscamos un estribillo que pegue, pero hay tantas influencias en la banda, externas e internas, que los gustos son diferentes. Hay temas que tienen que ver con el jazz, o con el ska, o con reggae, el cuarteto o por ahí otro anda cerca de la salsa. Hemos coqueteado con el reggaetón, grabamos con Don Omar en su mejor momento. Siempre hacemos lo que se nos canta, pero es pensado. Sabemos que somos una banda clásica, con temas clásicos. Es una bendición pero al mismo tiempo un riesgo que te atrapa en el pasado. Nosotros estamos felizmente condenados a cantar canciones que canta todo el mundo, que son de todos. Que tienen 15, 20 años, y se mantienen vivas".

En esta cuestión de ser una mezcla de géneros, Guillermo insiste con el tema de haberse formado y pertenecer a Ramallo con un gran argumento: "Cuando te criás en un pueblo, sos más tolerante y permeable a todo los ritmos, porque hay un solo boliche. La música que está, está. Entonces estás obligado a abrir tu cabeza y compartir el gusto. De repente escuchábamos Spinetta, Bee Gees, en el boliche sonaba disco, después el pop de los ’80, hoy los chicos escuchan reggaetón y cumbia pero también les gustan las bandas de rock, se mezcla todo. La ciudad grande permite que aparezcan tribus cerradas, con gustos más específicos, menos abiertos y más condicionados. Para mí eso no es saludable para alguien que tiene ganas de escuchar todo. Todo está bueno en la música. Uno tiene que tomarse el tiempo de abrir la cabeza para, al menos, no negar todo de antemano".

Letra y música

Es sabido que la fiesta es propuesta desde la musicalidad. ¿Pero qué sucede con la parte lírica? "En realidad nuestras canciones más exitosas tampoco son de parranda en cuanto a su letra. Son canciones muy tangueras, que no tienen finales felices. Nuestra música un poco disfraza a las canciones. Sobre todo disimulan las letras. Quizá la más comprometida que tenemos es ‘Yo te quiero dar’, que habla de los pibes que son nini, que hoy todo el mundo quiere hacer desaparecer del mapa, pero nosotros escribimos hace casi 20 años una canción para ellos, describiendo una situación de pibes que no tenían nada para hacer con su vida o que estaban en la esquina tomando porquería todo el tiempo. ‘Para no verte más’ es una canción de despecho. Una canción desesperada, de alguien abandonado, envenenado. Sin embargo, puesta con ese ritmo te permite cantarlo hasta con alegría, aunque tengas el corazón roto. Y ese es el secreto del éxito de nuestras canciones. Muchas veces no se le presta mucha atención a la letra porque la gente prefiere los finales felices".

Gracias al éxito de esas canciones inolvidables, eternas, La Mosca quedó en la historia musical no sólo argentina, sino iberoamericana. "En bandas populares, la melodía es desencadenante. De hecho, es lo que hace que vayan a las canciones de fútbol. Son esas melodías que parecen haber sido cantadas por otro antes. De hecho, cuando las estamos grabando pensamos si no le estábamos choreando a alguien. Son canciones familiares a la gente, se pueden silbar, tararear. Que la gente no se acuerde la letra pero conozca la melodía es fantástico. Tirás la letra en la hinchada y la melodía la saben. Es impagable, orgásmico. Eso sintetiza lo que sentimos con las hinchadas, de fútbol, de básquet, de Las Leonas, que cantaban nuestra canción. O una manifestación de taxistas en Barcelona que cantan ‘Yo te quiero dar’ con sus consignas. Te llena de orgullo y te conmueve porque las canciones dejan de pertenecerte. Todo el mundo es dueño de cantarla en un karaoke en su casa, o en la hinchada de su equipo, o tararearla en un pasillo".

"Hacemos canciones para la gente. Otros artistas son influencias para otros músicos, por su talento, nosotros no sé si hemos influenciado a alguien, pero sí hemos hecho canciones que a la gente le han servido. La música popular llega y se baila, es mucho más directa. Así también es mucho más efímera. Hay muchas canciones que se ponen de moda y mueren. Nuestras canciones son perennes, sobreviven al paso del tiempo. Es una bendición. Mi teoría es que la música popular es la banda sonora de la vida de las personas. Te acordás de canciones de tu fiesta de fin de curso, de tu casamiento, hay canciones que marcan tu vida. Y nuestra música generalmente está en los momentos más felices”, concluyó.