@Rfilighera

Está, quizás, en el mejor momento de su carrera: respetado y solicitado, puede elegir los trabajos que quiere hacer. “Estoy enamorado de mi profesión y, además, muy agradecido. El balance que puedo hacer, es muy bueno. En 2018 he podido realizar tres espectáculos, casi en forma paralela, algo que me gratificó mucho y me permitió abordar el verdadero desafío del actor en todo su recorrido”, contó con mucha alegría Gabriel “Puma” Goity a DiarioShow.com.

En la cartelera porteña ha realizado “Las benevolentes” (Teatro Cervantes) y en el Paseo La Plaza, “Sin filtro”, ambos espectáculos que se reponen este año. Por otra parte, el actor realizó en Montevideo (todos los lunes) la comedia “Casado sin hijos” con elenco uruguayo.

”La patria de un actor es el escenario”, subrayó el intérprete, contento como chico con chiche nuevo, a la vez que reafirma su condición vocacional. “Me preparé para esto, dicho con la mayor humildad, y es lo que me atrajo siempre de la actuación: el abordaje de diversas experiencias, es lo que yo siempre soñé para mi carrera”, explica.

"El abordaje de diversas experiencias, es lo que yo siempre soñé para mi carrera".

“Ser actor significa estar en el mundo artístico y formar parte de la incertidumbre. Yo elegí esto y no me arrepiento de nada”, opinó Goity como una verdadera declaración de principios.

El actor protagoniza "Sin filtro" en el teatro.

Una y otra vez, considera que “estar desocupado es algo que no le agrada a nadie y genera miedo. La discontinuidad laboral aporta adrenalina y a todo aquello que da miedo es necesario encararlo, no hay que victimizarse; importa saber sobrevivir de la mejor manera posible”.

En función de indagar en todas aquellas cosas que marcaron la formación de un ser humano, Gabriel admite que “la infancia va con uno y está permanentemente con nosotros. Es la columna vertebral de nuestro organismo, es donde se forjaron las ilusiones, las quimeras, los proyectos. Mi infancia y adolescencia las pasé en El Palomar y guardo hermosos recuerdos que quedaron grabados a fuego en mi memoria afectiva”.

"Estar desocupado es algo que no le agrada a nadie y genera miedo".

La pasión por Huracán, el club de sus amores, comenzó en los años del Conservatorio de Arte Dramático. “Jugué durante muchos años al fútbol como arquero y defensor, sin embargo, el deporte que seguí más seriamente fue el rugby; me gustaba mucho pero cuando comencé a hacer teatro lo fui abandonando paulatinamente”.

Corazón conurbano

 Ante nuestra consulta, el Puma destacó que “el barrio es el latido del corazón; tiene esos valores fundamentales: la vereda formaba parte de nuestro patio, todos los vecinos estaban en permanente contacto, nos conocíamos todos”.

En cuanto a los clubes barriales destacó: “Se trataba de nuestra segunda casa; nos aportaban formación en el vínculo humano y en el entretenimiento. Los bailes, las orquestas de jazz y la típica de tango, el primer noviazgo, todo estaba aglutinado en ese inolvidable universo de color y sentimientos”.

(Pablo Villán/Crónica)

El avance de la tecnología en las relaciones humanas se inscribe, a decir del Puma, “en el proceso de una fuerte decadencia. El tiempo dirá si la modernidad ha dejado cosas que trasciendan en el tiempo. Hoy vas a un bar y observás que la gente no habla, se la pasa mirando la pantallita y con esto no creo que haya mejorado el mundo o le haya dado más riqueza: todo lo contrario. Hay mayor estructura en la comunicación, pero con una enorme mezquindad y la introspección que observamos no es precisamente de la buena".

"Como verás, no tengo una posición demasiado optimista de estos episodios. Por eso el teatro sigue siendo un baluarte, no se va a extinguir nunca. La emoción de un actor sobre un escenario no la ves en ninguna puta red social. El fenómeno del actor frente al espectador, soportando el frio y el calor, respirando tu aire e interpretando a Shakespeare, transcurrirá hasta el día del Juicio Final. Nada supera al teatro: es el último oficio artesanal que queda y seguirá trascendiendo por los siglos de los siglos”, continuó.

"Hoy vas a un bar y observás que la gente no habla, se la pasa mirando la pantallita y con esto no creo que haya mejorado el mundo o le haya dado más riqueza".

Asimismo, puntualizó que “el libro también tiene que permanecer, y hay que defenderlo a muerte. Me parece correcto que uno se informe desde lo virtual y acorte caminos o indague y acelere pasos en cuestiones médicas o científicas, pero el libro va a sobrevivir: el olor del papel es único. Cada lugar, por otra parte, tiene un olor especial; es como la gente que viaja y se le impregna el olor a determinados hoteles. Sin embargo, una cadena de lujo en hoteleria tiene los mismos olores aquí como en Indonesia".

"Esa es la diferencia: como los barrios, tan determinantes con sus olores en cuanto a sus características o plantas, la tierra mojada y los vecinos. Algo así como la silla en la vereda, el fulano en pijama rodeado de canarios. Son postales intransferibles, muy emotivas que le ponen registro a una ciudad que se niega a sucumbir ante los avatares del paso del tiempo”, concluyó.

Defiende nuestra ficción

La firma Netflix se ha instalado como un componente de producción de magnitud: ha reunido todos los géneros y a parte de los intérpretes más reconocidos de Hollywood. Una propuesta de entretenimiento que cuenta con un marketing avasallante. Al Puma Goity no le ha pasado por alto esta circunstancia. En este sentido, tomando como ejemplo uno de los fenómenos de esa plataforma el año pasado, “La casa de papel”, el intérprete manifestó: “Es una garompa... me tienen harto con ‘La casa de papel’. La gente, como no tiene ficción argentina por ver, entonces, se prende con esto como si fuera la panacea del mundo en este tipo de formatos”.

La serie española fue un éxito. 

Como para que no quedara dudas en cuanto a su apreciación, el actor también se refirió a los actores que protagonizan la historia española de ladrones que, disfrazados con caretas de Salvador Dalí, asaltan la fábrica de la Moneda y Timbre de España. “Son cuatro de copas... acá cualquier actor nuestro es cinco veces mejor que cualquiera de ellos. ¿Genial qué? Es lo mismo que la empanada de frasco. Los chicos ponen Netflix y dicen 'qué grandes actores los gallegos'... ¡por Dios!, realmente no lo puedo comprender”.

Sus años como mozo

Uno de los recuerdos imborrables del Puma tienen que ver con sus años como mozo. “Ha sido otro de los oficios que asumí con verdadera vocación. Me encanta esa actividad y poder servir. En Palomar había un restaurante que se llamaba Tacu. Contaba con un plantel de mozos espectaculares, eran verdaderos señores, una suerte de anfitriones especiales que me llevaron a amar, en toda su intensidad, esa profesión. Es decir que ya, desde chico, soñaba con ser mozo”.

Goity destacó en este sentido que “la posibilidad de cocinar no me atrajo tanto pero sí el hecho de servir, de agasajar a la gente y hacerles pasar un buen momento a los comensales. También estuve en Villa Gesell, en época de verano; trabajaba en el restaurante al mediodía y parte de la tarde, con una vestimenta bien acorde: pantalón negro, camisa blanca y moñito. En la trasnoche hacíamos teatro, fueron años muy bellos. Por otra parte, en calidad de foja de servicios también puedo citar que estuve en La Pipeta, boliche que estaba en Lavalle y Florida”.

-¿Qué es lo más importante para ser un buen mozo?

- La actitud, porque no hay que olvidar que representás a la casa. Por otra parte, me interesaba aprender cómo se realizaba tal o cual plato, sus características en líneas generales; información que luego me interesaba volcársela al cliente. Hay que ser expeditivo, aportarle datos al cliente y resolver con imaginación. Basándonos siempre en aquella máxima que reza: “El cliente siempre tiene la razón. Eso sí, no tolero al mozo desganado, despreocupado y al que no le interesa su actividad. Cuando a mí me sucedió como cliente, me levanté de la mesa y me retiré.

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