@RFilighera

En el recorrido de un descanso obligatorio -cuarentena nacional-, ella observa con mirada tranquila su ámbito cotidiano y, en medio de todo esto, una laxitud inesperada, una actitud existencial de pérdidas y reencuentros, de absoluta conexión con aquellos entrañables sentimientos, a la distancia y que la encuentra, definitivamente, en una etapa importante de su vida. Alejada de la vorágine de un set cinematográfico y de otras actividades profesionales, Graciela Borges, en la extensión del parque de su casa en Pilar, charló con DiarioShow y expresó que “estamos viviendo momentos muy especiales, algo que nunca nos íbamos a imaginar”.

“Uno piensa, por momentos, que se trata de un mal sueño; sin embargo, nosotros tenemos posibilidades que muchísima gente no ha tenido. Y me pongo a pensar en todos aquellos compatriotas que deben salir a la calle a trabajar de cualquier forma y someterse a circunstancias muy riesgosas de infección y también en la gente que sale a comprar comida porque no le alcanza y sus suministros empiezan a flaquear; es ahí donde una se siente como verdaderamente bendecida”, reflexiona.

Graciela Borges en la intimidad de su hogar antes de la cuarentena. (Diario Crónica/Fernando Pérez Re)
Graciela Borges en la intimidad de su hogar antes de la cuarentena. (Diario Crónica/Fernando Pérez Re)

Y ese marco tan especial de espacio y vegetación, como si fuera un óleo a descubrir en la plenitud de todos sus colores, Graciela afirma: “Tengo la suerte de estar en un ambiente bastante bucólico, hay árboles, mucha luz, puedo leer y también meditar; me encuentro protegida y, si bien los pensamientos van y vienen, estoy convencida de que esta encrucijada se convierte en una verdadera maestría. Es de una enseñanza impresionante”.

En función de esa gran metamorfosis que está sucediendo por estos días, una suerte de cambio de paradigma para los tiempos venideros, la actriz analiza: “Hace unos días me enviaron un video donde se ve a algunos animales que se instalaron en lugares donde no habían sido vistos nunca. Venecia con sus aguas limpias y cristalinas, un ciervo recorriendo las calles céntricas de Madrid, también fueron vistos algunos delfines en lagos impensados, es decir que todo esto va a marcar un antes y un después en la historia de la humanidad; por otra parte, un amigo ecologista me decía que se había achicado el agujero de ozono y todo esto forma parte de una galería de cosas, de nuestra naturaleza, de la vida silvestre, de la vida animal que hemos maltratado de manera consciente y, en consecuencia, se tiene que convertir en una verdadera enseñanza”.

Junto a Alfredo Alcón, en “Piel de verano” (Leopoldo Torre Nilsson, 1961).
Junto a Alfredo Alcón, en “Piel de verano”
(Leopoldo Torre Nilsson, 1961).

Para Graciela esta cuarentena nos exige una actitud firme de disciplina y, por sobre todas las cosas, de respeto y cuidado hacia nuestro semejante. “Uno no puede perder la mirada hacia aquella gente que quiere. Me he dedicado por estos días a llamar a muchos amigos y amigas queridas, de distintas edades, familias con niños, para ver cómo están y para decirles de manera muy fuerte que los quiero. Es un tiempo donde el amor tendría que brillar por sobre todas las cosas; no tengo dudas de que es lo que hace falta y, por lo menos para mí, es muy importante”.

A corazón abierto

Borges es reservada con su vida privada, pero le confiesa a DiarioShow: “Generalmente, las preguntas personales no las respondo porque entiendo que pertenecen a ese universo hermoso e impenetrable que es el alma; uno está mirado y observado mucho más que otra gente, entonces, negar a alguien sería de un ser pequeño y, realmente, yo no lo soy. Todas han sido maestrías y no reniego absolutamente, de nada. Me casé con Juan Manuel (Bordeau); perdí tres chicos, uno se trató de un embarazo extrauterino, fue un proceso muy difícil. Fuimos muy felices el tiempo que lo fuimos, luego, decidimos separarnos y seguimos siendo amigos hasta el último momento de su vida, porque se trató de una familia muy peculiar, compleja y amada entre sí. Los hijos de Juan Manuel son como hijos para mí también y, por otra parte, soy muy amiga de su última mujer y la adoro y festejamos cumpleaños juntas”.

Con Juan Manuel Bordeau, entonces piloto de carreras, formaba una pareja glamorosa.
Con Juan Manuel Bordeau, entonces piloto
de carreras, formaba una pareja.

En esta línea, Graciela dice que “a la gente se le hace difícil comprender este tipo de situaciones, y todo esto sirve para afirmar que todas mis relaciones han sido muy buenas. Con Raúl de la Torre he tenido, también, un vínculo precioso; además, en el mundo profesional, esta relación fue, también, particularmente destacada, porque como director conmigo ha sido extraordinario, creo que pocas veces me han filmado con tanto amor y de una manera tan bella. La verdad es que lo extraño tanto a Raúl, de la misma manera que lo extraño a Leonardo Favio; extraño mucho a esos seres que se han ido y que permanecen en mi corazón para siempre. También lo extraño muchísimo a Alfredo (Alcón), un ser adorable a quien yo le consultaba cosas, hablábamos durante largo tiempo; yo lo he querido muchísimo”.

En ese terreno de afectos, melancolías y bellas personas, Graciela sostiene: “En el espectáculo que he comenzado a realizar desde hace un tiempo -y que cuenta con videos muy lindos y con una gran cantante que se llama Adriana Barcia, lectura de textos y poemas y un contacto con el público que es maravilloso-, siempre contamos las cosas que nos pasan y lo hacemos con alegría y se combinan, en este sentido, la emoción con la lágrima y la sonrisa. Es un espectáculo que no se plasmó sobre la base de decir cosas maravillosas sobre uno, sino más bien en las cosas que hemos perdido en el camino, ese humor tan sencillo de algunas anécdotas que, en definitiva, son también reconocibles para cualquier hijo de vecino. Mostramos, por otra parte, gente que hemos conocido durante tantos años como Jean Paul Belmondo, Paul Newman, Catherine Denueve, Roman Polansky, Roger Vadin, Jean Cocteau…”.

Recordó su trayectoria y su vida. (Diario Crónica/Fernando Pérez Re)
Recordó su trayectoria y su vida. (Diario Crónica/Fernando Pérez Re)

La Borges, a modo de declaración de principios para los tiempos que corren, sostiene: “El trabajo, en estos momentos, se ha convertido en otra cosa, compleja y conflictiva, pero, si en estos momentos pudiera hacerlo, lo haría con aquellas cosas que me hacen feliz excluyentemente. En los últimos tiempos, lo que me hizo feliz fue ese show. Ahora, estoy en este lugar de descanso y estoy leyendo mucho, sobre todo autores suecos; me gusta mucho la novela policial negra. Y me encanta meterme en las características de un país que no conocí y en el que he tenido amigos inolvidables, como la actriz Bibi Anderson, que fue la mujer de (Ingmar) Bergman y con la que trabajé en el filme ‘Pobre Mariposa’, una mujer entrañable”.

Fortalecida a lo largo del tiempo

La chance de contactarse con la energía soberana del universo también se hace presente en esta decidida y emotiva etapa de Graciela Borges, que cuenta: “Tengo bastante tiempo para meditar. También me gusta la natación y, aproveché, todo este tiempo que se extendió el calor para meterme en la pileta y disfrutar de este contacto supremo con su majestad: el agua. Eso me ayudó a mejorar mi pinzamiento de fémur, que en los últimos meses me había generado bastante dolor; se me complicó todo por cosas que parecían tontas. Además, tropecé y me quebré la muñeca, situación que me aceleró una operación difícil y de la que pude salir. Por lo tanto, yo tomo todo en la vida sin espíritu de convertirme en víctima. Son cosas que tienen que suceder y, realmente, soy muy buena en las malas. Estuve acostumbrada a través del tiempo con un marido que corría Turismo Carretera (Bordeau) y que tuvo muchos accidentes, pasar Navidad y Año Nuevo en terapias intensivas cuando él tuvo los tres accidentes más graves de su vida”.

Entonces, Graciela afirma, sin ruegos ni lamentaciones: “Estoy recorriendo mi vida, como lo hice siempre, sin ningún tipo de quejas; cuando fui chica, tuve tuberculosis; me enfermé mucho filmando ‘Zafra’, a los 16 años, y ese tipo de cosas las pude sobrellevar. Yo creo que el destino está como deber ser; no tengo dudas que esta vida es buena y le estoy agradecida, y dejo de lado aquellas cosas que son profundamente dolorosas. Hay un señor muy sabio que una vez me dijo que yo tenía un ojo izquierdo que olvidaba rápidamente todo lo malo y debe de ser cierto, porque no tengo ningún resentimiento, más allá de que haya tenido una infancia muy difícil; aunque soy consciente de que esa etapa ya proscribió y todo está en orden divino”.

Ante la consulta sobre la revalorización del mundo femenino, Graciela Borges dijo: “Yo creo que sería muy bueno volver a ver aquellas películas como ‘Crónica de una señora’ y ‘Heroína’, son historias tan bien filmadas y en ‘Crónica de una señora’, precisamente, se cuenta, sobre libro de María Luisa Bemberg, la historia de una mujer que, casada con un hombre rico, quiere trabajar en igualdad de posibilidades como cualquier hombre y los problemas que debe atravesar para liberarse de ese encierro, es decir, del patriarcado. No tengo dudas de que ambas son películas de un enorme valor para esta temática a la que te referís”.

Sobre aquella supuesta relación afectiva con Paul McCartney, destaca: “Mi mundo doméstico es hermético y nunca me ha gustado vanagloriarme de determinados episodios. No obstante, puedo decir que tuve la posibilidad de conocerlo a McCartney por mis amigos londinenses de esos tiempos. Yo no estaba casada, era muy chica, en medio de un Londres realmente maravilloso, y fueron salidas juveniles, en equipo y muy lindas”.

En el final de la charla, le pedimos que a Graciela que se mire frente a un hipotético espejo y que nos señale las sensaciones que le arroja esa imagen. “Observo una imagen buena y estoy contenta con cómo pasan los años sobre mí y me veo bien. Aunque también es importante decir que tampoco me miro todo el tiempo, me parece esa situación algo absurda y estoy muy agradecida con lo que soy y con lo que veo”.

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