@Rfilighera

En la tranquilidad de su departamento en el barrio de Palermo, Gerardo Romano encuentra en la música la posibilidad de despuntar el vicio por la guitarra; una pasión siempre presente en su actual mundo cotidiano. Ordena algunos libros y pone a mano unos viejos escritos suyos sobre teatro y un guion cinematográfico para volver a leer. Sobre su presente profesional y la "caliente" actualidad nacional, Romano charló -agenda abierta mediante- con DiarioShow.com.

-Estuviste presente en esta cuarta temporada de la miniserie " El Marginal". ¿Qué nos podés decir de este nuevo material?

-Ya han finalizado las grabaciones y entiendo que vamos a lograr el interés de las anteriores temporadas. Volveremos a estar ante la presencia de un auténtico y duro testimonio social que va a generar un fuerte impacto en todos.

-Tu personaje (Gerardo Antín) en esta temporada es secretario de Seguridad de todos los establecimientos carcelarios. ¿Se hará más "malo"?

-La verdad, puede ser pero a la gente le cae muy simpático. Esto a mí me llamaba la atención pero, luego, evalué que no me tenía por qué extrañar. Macri caía también muy simpático; bailaba cumbia y quería emular a Freddie Mercury. ¡Por favor! Si mal no recuerdo, en una fiesta, hasta se tragó el bigote postizo; cantó una nota, levantó el hocico y después se atragantó. Hay de todo.

-Retomando el tema de "El marginal", tuviste varios encuentros con Rodolfo Ranni. ¿Cómo fue la experiencia?

-La verdad que la pasé bárbaro. Encontrarme con Ranni (dupla protagónica de aquella miniserie fundamental de nuestra tevé, "Zona de riesgo") fue como encontrarme con un viejo amor. Bien avenido. Aunque el vínculo sea efímero, perentorio. 

Con Rodolfo Ranni en "Zona de riesgo", protagonizaron el primer beso gay de la tevé.

-"Zona de riesgo" marcó un antes y un después en nuestra pantalla chica.

-Es verdad y, además, ha sido una pena que hayan desarmado esa pareja. Hubo alguna que otra coincidencia de trabajo con el Tano, pero no de compartir escenas juntos, en alguna película. Nunca volvimos a tener una continuidad en una ficción como ahora.

“La verdad que la pasé bárbaro en ' El Marginal 4'. Encontrarme con Ranni fue como reencontrarme con un viejo amor”

-¿A qué atribuís el suceso de "El marginal"?

-El fenómeno tiene que ver con el acceso a la producción de la plataforma (Netflix) que lo universalizó aún más. Por supuesto que existe un determinado momento que, más allá de esta circunstancia, se pone a prueba el trabajo y hay que rendir examen, no obstante, el margen de error cuando se trabaja con un producto de estas características es siempre escaso.

-Más allá de la pandemia, ¿qué factores influyeron en la ficción nacional para perder mercado?

-Es un tema complicado que excede el terreno artístico. Es una problemática, seguramente, más vinculante para un economista o un sociólogo. Lo que te puedo decir es que yo no lo padezco. Por otro lado, la alegría del trabajo, tampoco uno la llega a disfrutar del todo ya que me hace recordar la angustia de los demás. Imaginate que yo, hoy en día, tengo determinado laburo pero que si no lo tendría, morfaría igual. Frecuentemente pienso en aquellos que no morfan si no laburan y, los que no tienen ese laburo.

Pronto volveremos a verlo en "El marginal 4".

-Estamos ante una segunda ola de Covid. ¿Qué sensaciones te genera este panorama?

-Lo que nos abruma es bastante poético. A mí todo esto me da terror, angustia y miedo. Pensar que la vida es tan precaria. No es que te tiene que pisar un auto o padecer problemas cardiovasculares o que tengas la mala suerte que te agarre un ACV porque sufrís de colesterol alto. No, no hace falta. Basta ir en un ascensor con alguien que no correspondía y fuiste. Y todo lo que nos va a rodear son momentos terribles como es la intubación y esa soledad angustiosa cuando te colocan boca abajo, con respirador y durante 40 días; son situaciones que impactan desde todo sentido. El otro día me hice una colonoscopía y el trato que recibí fue cálido. El equipo médico que me metió la cámara en el culo, estando anestesiado, eran cuatro pibas de 40 años, aproximadamente. Le pregunté cuando me estaba durmiendo acerca de cuantas prácticas hacían por día y me dijeron: "40". Uno tras otro. Y reitero, sin embargo, el trato era cálido, preferencial. Eso hay que valorarlo aún más. 

“Esta pandemia me da terror, angustia y miedo. Pensar que la vida es tan precaria. Y nuestro comportamiento como comunidad es pésimo”.

-¿Cómo evalúas nuestro comportamiento en esta emergencia sanitaria?

-Veo un pésimo comportamiento en términos de sociedad, de comunidad. Hace unos días me dirigí a un comercio de pastas y cuando llegué a la puerta de ingreso había un señor muy elegante esperando, entonces, me coloqué dos metros después de ese señor. Sale una señora y el señor entra. Y quedo, en consecuencia, como la primera persona para ingresar una vez que salga otra persona de ese comercio. A todo esto llega una pendeja que se coloca delante mío, no me dice nada, empieza a mirar la vidriera y se mete sin esperar tampoco a que saliera el otro cliente. Yo me quedo atónito ante todo esto: se caga en los protocolos y es, además, egoísta. Yo sigo en la puerta esperando mi turno y, como si esto fuera poco, entra un tipo que supuestamente era el novio, y se pone a mirar la heladera de ese comercio. Y estaban violando las reglas de los protocolos ya que adentro se encontraba ese señor y otra persona, aún atendidos. A todo esto, el señor se da vuelta y les dice: "chicos, dentro del comercio no puede haber más de dos personas". Lo felicité al señor y ellos salieron con total normalidad. Esto es reflejo de la sociedad. Las fiestas clandestinas, comportamientos antisociales de diverso tipo. Y con esto quiero subrayar, a modo de simbolismo político, que el antiperonismo no surgió como consecuencia del peronismo. Es al revés la cosa. El antiperonismo, en su esencia, viene desde tiempos inmemoriales y lo observamos en diversos episodios de la vida cotidiana.

-La historia de este país no sólo está marcada por las grietas, sino también por las traiciones. ¿Cómo lo ves esto?

-Y se da desde el primer momento de nuestra fundación. Fijate que cuando Pedro de Mendoza llegó a nuestras playas, los indios lo sacaron y a raíz del bloqueo, se le acabaron las provisiones y empezaron a pasar hambre. Una determinada noche, dos soldados hambrientos se comieron un caballo y Pedro de Mendoza los mandó a colgar como ejemplo, para que no se volviera a dar una situación igual. A la mañana siguiente, se habían comido a los ahorcados. A modo de reflexión, el recordado escritor Marco Denevi se preguntaba si la antropofagia de la que hacemos alarde los argentinos había tenido el puntapié inicial en esta parte de la historia. Además, la sociedad argentina hace tiempo que sigue tropezando con la misma piedra. Es un país tan desigual donde los poderosos, cada vez, son más poderosos. Por ejemplo, ahora, para controlar el precio de la carne, en medio de una pandemia, con cincuenta por ciento de pobreza, se decide cerrar la exportación. ¿Qué hacen, entonces, los dueños de los frigoríficos, los señores agropecuarios y la sociedad Rural? Responden con agresiones al presidente y con paros y diversos lockout (cierres).

-¿Te sorprendió el cambio ideológico que experimentó en los últimos años tu compañero de ruta, Luis Brandoni?

-No me jodas. Brandoni no es ni siquiera un macrista asintomático.

“Un judío común y corriente”: teatro y reflexión sobre el alma humana

Uno de los trabajos más arraigados al corazón y a los sentimientos de Gerardo Romano es, sin lugar a dudas, la obra "Un judío común y corriente", oportunidad en que volvió al rubro del unipersonal, con el que había descollado a través de inolvidables espectáculos como "Sexo, drogas y rock and roll".

En efecto, la pieza es un texto del dramaturgo y cineasta Charles Lewinsky, y su versión argentina es protagonizada por Gerardo Romano, con la dirección de Manuel González Gil.

Un judío alemán, que vive en Alemania, es invitado por un profesor de historia de una escuela secundaria a un encuentro con los alumnos, quienes, luego de estudiar el nazismo quieren conocer en persona a un judío. A lo largo de la obra, el protagonista reflexiona sobre los principales puntos de argumentación por los que considera que no debe aceptar esa invitación.

Espera volver al teatro, ahora al Chacareran. (Foto Archivo Crónica)

Es así como Goldfarb (el protagonista) se cuestiona qué es ser un judío, común y corriente en el mundo de hoy y presenta su visión sobre la problemática contemporánea de los judíos fuera de Israel y sobre los problemas específicos que plantea para un judío la vida en un país cuya población vive bajo el peso de las consecuencias del nazismo.

El propio Gerardo Romano definió al espectáculo de la siguiente manera: "Habla de temas fundamentales del alma humana, los cuales no se tocan en cualquier obra, no lo ves en cualquier escenario. Alguien que ve la obra aprende cosas, reflexiona sobre situaciones que, probablemente, antes no haya tenido probabilidad de transitar por ese camino. Y eso es modificatorio, por el mero de hecho de percibirlo".

Si bien actualmente no está en cartelera, es de esas piezas que el actor siempre quiere volver a representar y según espera, al tener su segunda dosis de vacuna anti-Covid, regresaría al Chacareran de Palermo los domingos al mediodía.

Por R.F.

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